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Por qué el movimiento MAGA tiene interés en Europa

Por qué el movimiento MAGA tiene interés en Europa
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La nueva derecha de Trump considera al Continente como su patria ancestral y su campo de batalla ideológico. Leer
Financial TimesPor qué el movimiento MAGA tiene interés en Europa
  • AMY MACKINNON
Actualizado 17 AGO. 2026 - 18:36Tempe (United States), lt;HIT gt;05/11/2024.- MAGA lt;/HIT gt; hats are handed out to students on Election Day at Arizona State University in Tempe, Arizona, USA, 05 November 2024. Voters across the country are casting ballots today for President of the United States in a tightly contested race between Republican presidential candidate Donald J. Trump and Democratic presidential candidate US Vice President Kamala Harris, as well as for candidates in Senate and Congressional races. (Elecciones, Estados Unidos) EFE/EPA/ALLISON DINNERALLISON DINNEREFESeguir a Expansión en GoogleHaz que nuestras noticias aparezcan en tus búsquedas

La nueva derecha de Trump considera al Continente como su patria ancestral y su campo de batalla ideológico.

Los miembros de la administración Trump han aprendido a elegir sus palabras con cuidado para no adelantarse a su volátil presidente. Pero en un tema parecen siempre coincidir: Europa. Parece que su misión es salvar la civilización occidental del Continente al que consideran su cuna. Según ellos, la migración masiva, las restricciones a la libertad de expresión y la renuncia a la soberanía nacional amenazan no solo la relación transatlántica, sino la propia idea de Europa.

"No salvaremos a Occidente si Europa no reacciona. Llevo casi 20 años preocupado por la posibilidad de que Europa esté cometiendo un suicidio de la civilización que defendemos, que tiene 3.500 años de antigüedad y se remonta a Jerusalén, Atenas, Roma, Londres y Filadelfia", afirma Kevin Roberts, presidente de la Heritage Foundation, el grupo de expertos conservador que ayudó a elaborar la agenda para el segundo mandato de Donald Trump.

Argumentando que Europa necesita salvarse de sí misma, el Gobierno ha respaldado a partidos y movimientos afines al otro lado del Atlántico. El vicepresidente J. D. Vance llegó incluso a hacer campaña por Viktor Orbán, ex primer ministro de Hungría y figura clave de la derecha populista-nacionalista, aunque después Orbán fue derrotado en las elecciones.

El Departamento de Estado ha destinado millones de dólares en subvenciones a grupos afines en Europa que desean "combatir la censura y establecer lazos entre EEUU y el Continente".

Anna Kelly, portavoz de la Casa Blanca, afirma que el presidente estadounidense "ha advertido con razón a otros líderes mundiales que la civilización occidental seguirá deteriorándose si no cambian de actitud rápidamente".

Por otra parte, Sarah Rogers, subsecretaria de Estado de Diplomacia Pública y una de las críticas más acérrimas de Europa, niega que la administración quiera simplemente provocar una confrontación: "Nuestra estrategia de seguridad nacional y otras declaraciones que hemos hecho a menudo se interpretan como críticas o ataques a Europa, y esto no es lo que yo pienso. Cuando defendemos estas causas, no es porque el pueblo estadounidense o nosotros, como sus representantes, estemos interesados en un conflicto con Europa por el mero hecho de tenerlo. Es porque nos identificamos con Reino Unido y Europa en muchos sentidos".

Rogers, antigua abogada, ha publicado menajes mordaces en las redes sociales sobre las políticas migratorias europeas y británicas y los esfuerzos por regular el discurso de odio. Este año afirmó que Alemania había importado "hordas de violadores bárbaros". Posteriormente, aclaró que hacía referencia a un discurso de odio de un diputado alemán de extrema derecha que había utilizado términos similares.

Su postura sobre la libertad de expresión en Europa contrasta con el relativo silencio de la administración respecto a muchos estados autoritarios. En junio visitó Turkmenistán, uno de los regímenes más opresivos del mundo, pero hizo escasa referencia a la libertad de expresión.

La visión del movimiento MAGA sobre Europa como una civilización al borde del abismo surgió de la nueva derecha estadounidense, un ecosistema intelectual y político que floreció entre los dos mandatos de Trump. A medida que los republicanos se deshacían de los vestigios del conservadurismo reaganiano, una nueva generación de grupos de expertos e intelectuales afines a MAGA intentó transformar el poderío político de Trump en una doctrina ideológica y un programa político.

Según Joshua Treviño, director del America First Policy Institute, los años de Biden brindaron a los aliados de Trump un respiro para desarrollar lo que consideraban el núcleo intelectual del trumpismo. Treviño afirma que a los conservadores estadounidenses "realmente les importa lo que sucede en Europa, porque la consideran parte de sí mismos, y a Reino Unido en particular, una fuente ancestral. Ese sentimiento de afinidad implica que la dirección política de Europa podía percibirse como una ofensa moral. Actualmente existen dos criterios distintos en el marco mental de los conservadores respecto a sus relaciones con naciones extranjeras. Uno es más transaccional, el otro civilizacional".

La nueva y contundente teoría de la alianza atlántica del movimiento MAGA fue expuesta por el vicepresidente estadounidense en la Conferencia de Seguridad de Múnich el año pasado. Vance afirmó que la mayor amenaza para Europa no provenía de Rusia ni de China, sino desde dentro: su supuesta divergencia con EEUU en valores como la libertad de expresión.

Esa idea quedó posteriormente plasmada en la Estrategia de Seguridad Nacional, el plan maestro de la política exterior estadounidense, que abogaba por "fomentar la resistencia al declive civilizatorio de Europa". El documento estratégico del Departamento de Estado establecía un objetivo similar: "reconstruir la alianza civilizatoria con los estados europeos".

El espectro ideológico de la nueva derecha estadounidense abarca desde populistas de derecha y conservadores nacionalistas hasta intelectuales católicos posliberales, fundadores de empresas tecnológicas libertarias y activistas de extrema derecha.

Este auge se vio impulsado por la financiación de multimillonarios del sector tecnológico como Peter Thiel, uno de los primeros promotores de Vance.

La derecha tecnológica tiene sus propias quejas contra la UE por haber intentado imponer restricciones a las grandes tecnológicas y multas multimillonarias en virtud de sus normas de competencia y digitales.

Esta postura se ha visto influenciada por elementos de la "Ilustración oscura", una filosofía influyente en ciertos sectores de la derecha tecnológica que considera que la democracia es un impedimento para el progreso tecnológico y defiende que los Estados deberían gestionarse más como empresas. Desde esta perspectiva, Europa es una advertencia de lo que podría llegar a ser EEUU si no cambia de rumbo. Pero otros lo consideran como una mera fachada para ganar dinero.

También es evidente un profundo rechazo hacia la UE y su organismo ejecutivo, la Comisión Europea. A menudo se les describe con un lenguaje casi apocalíptico como usurpadores de la autodeterminación nacional de los Estados Miembros del bloque.

La antipatía hacia Bruselas refleja la hostilidad del movimiento MAGA hacia las instituciones de élite estadounidenses: las universidades, los medios de comunicación, el poder judicial y los funcionarios públicos de carrera, que han sido objeto de ataques durante el segundo mandato de Trump.

"La administración Trump tiene un problema con las universidades y las élites intelectuales", declara Yoram Hazony, politólogo israelí-estadounidense. Hazony reconoce que existe una tensión entre el objetivo de la administración Trump de alejarse del papel de EEUU como policía mundial y su actitud moralizante hacia Europa. Sin embargo, compara la disputa con una riña entre hermanos: "Los hermanos se pelean. A veces son los mayores quienes se pelean con los menores, no por disgusto u odio, sino por cariño".

Esta forma de Trump de entender las relaciones se ha manifestado de maneras que han inquietado a los aliados en los últimos 18 meses: amenazas de tomar Groenlandia por la fuerza, aranceles más elevados a los aliados e incursiones frecuentes en la política interna europea.

La inmigración ha sido un tema fundamental en todo esto. La Estrategia de Seguridad Nacional de EEUU llegó incluso a afirmar que Europa podría ser "irreconocible" en 20 años, poniendo en peligro la alianza de la OTAN. "Una alianza militar debe basarse en un consenso civilizacional. Y si vemos que este consenso se está erosionado, una desaparición de la civilización, eso nos preocupa mucho", afirma Mike González, miembro de la Heritage Foundation.

En realidad, poco más del 10% de la población de la UE es de origen extranjero, en comparación con casi el 16% en EEUU, aunque la segunda administración de Trump ha emprendido una implacable represión contra la inmigración. "Estamos todos juntos en esto. Instamos a la gente a sumarse al rumbo que nosotros estamos intentando tomar", declara Rogers.

Los críticos sostienen que esta preocupación a veces está teñida de un sentimiento anti-islámico dirigido contra la inmigración a Europa procedente de Oriente Próximo. "Se sienten completamente cómodos con una islamofobia escandalosa. Esto ha estado presente en su movimiento desde la época de Michael Anton", afirma Laura Field, del centro de estudios Niskanen Center de Washington, quien estudia la nueva derecha estadounidense. Anton fue uno de los artífices de la Estrategia de Seguridad Nacional, consideró la inmigración procedente de países islámicos como una amenaza para la seguridad y declaró que el Islam era una "fe militante" en un ensayo de 2016.

La obsesión con la inmigración ha llevado a la administración Trump a apoyar movimientos políticos europeos que, en otros aspectos, se oponen rotundamente a su política exterior. En Alemania, encontró puntos en común con el partido ultraderechista AfD en materia de inmigración, a pesar de que este se opone firmemente a los grandes aumentos en el gasto en defensa.

"Han respaldado a candidatos y partidos por su postura sobre la migración, posturas que, en realidad, van sistemáticamente en contra de los intereses de EEUU a nivel global. Los enemigos comunes son más importantes que los intereses estadounidenses en la geopolítica", señala Thomas Wright, miembro de la Brookings Institution y ex asesor de seguridad nacional de la administración Biden.

Aunque la derrota de Orbán llevó a algunos a predecir que el movimiento MAGA podría estar perdiendo influencia en Europa, no hay indicios de que sus ataques retóricos vayan a disminuir.

Field, cuyo libro "Furious Minds" examina las corrientes intelectuales subyacentes del movimiento MAGA, afirma que es crucial comprender el perverso sentido de eurofilia del movimiento: "Su pretensión es ser los verdaderos herederos de la civilización europea y que van a regresar a la madre patria para reeducar a los europeos sobre sus propias raíces. Es una caricatura infantil de Europa y en muchos sentidos es fundamentalmente irreal".

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