Plataformas predictivas, como Polymarket o Kalshi, permiten apostar por casi todo. Más de 30 países, entre ellos España, las han bloqueado porque se han convertido en agentes del caos
Regala esta noticia Añádenos en Google (Adobe Stock / EC.) 14/06/2026 a las 00:54h.¿Beberá agua Donald Trump en su próximo discurso? ¿Se pondrá Zelensky un traje antes de X fecha? ¿Cuál será la valoración de SpaceX en ... su salida a bolsa? ¿Cuántas hectáreas de bosque arderán este verano? ¿Reabrirá el estrecho de Ormuz? Y, ya que estamos, ¿cuándo terminará la guerra en Ucrania? Todo, o casi todo, es susceptible de convertirse en una apuesta online. Es la distópica realidad de plataformas predictivas como Polymarket y Kalshi, en el punto de mira de las autoridades españolas y algunas europeas, pero que aún operan sin apenas restricciones en muchos países y, sobre todo, en Estados Unidos.
Aunque guardan similitudes con las casas de apuestas online, se parecen más a un mercado financiero que a un casino. «La diferencia es tecnológica y estructural. En plataformas como Bet365, existe un operador centralizado que fija las cuotas y controla el mercado; en Polymarket los usuarios operan entre sí mediante tecnología 'blockchain'. No hay una intervención tan clara y directa. Por eso, se presentan como un mecanismo colectivo de agregación de información y predicciones», ilustra el experto. Funcionan a partir de los conocidos como 'smart contracts', o contratos inteligentes, que son programas informáticos que se ejecutan de manera automática y bajo una única ley: «Si ocurre A, entonces ejecuta B». De esa manera, los acuerdos (en este caso las apuestas) se autoejecutan sin necesidad de intermediarios. Las transacciones, eso sí, se realizan en dólares para evitar la volatilidad de las criptomonedas.
El bloqueo español
«Antes, había mucha gente a la que los mercados financieros le resultaban totalmente ajenos. Si querían operar en ellos, necesitaban un intermediario, normalmente un banco. De pronto, puedes acceder con un solo 'click», explica Carlos Fernández, profesor de Sociología de la Universidad Autónoma de Madrid para quien el hecho de poder apostar sobre prácticamente cualquier cosa ha ensanchado el perfil de los usuarios. «Es un síntoma de una nueva cultura digital en la que siempre se escucha el mismo mensaje: 'Esta sociedad está llena de perdedores y tú tienes que ser un ganador'. Es como si la manera de romper el ciclo de los salarios bajos, la crisis de la vivienda y la precariedad pudiera ser apostar. En ciertos sectores de la juventud se ha convertido en la cultura hegemónica», reflexiona Fernández.
Mezclan elementos del juego online, de los mercados financieros y los criptoactivos
A finales de mayo, el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 anunció la apertura de un procedimiento contra las dos plataformas y ordenó el bloqueo de sus webs como medida preventiva mientras una investigación, que se espera que dure entre tres y cuatro meses, decide si su prohibición debería ser definitiva. De momento, eso significa que asuntos tan mediáticos como el caso Zapatero (que tuvo su propia apuesta en Polymarket antes del bloqueo) o el caso Leire ya no son susceptibles de protagonizar este tipo de operaciones. «Estas plataformas chocan con los marcos regulatorios tradicionales. En España, las leyes del juego exigen disponer de licencias y que existan controles específicos para evitar el blanqueo de capitales, que se proteja de forma reforzada a los menores y que exista supervisión por parte de las autoridades. Si una plataforma opera en España ofreciendo algo equiparable a las apuestas y lo hace sin autorización, era previsible que se quisiera regular. No sé si de manera estricta, por la vía de la prohibición, o estableciendo límites claros o condiciones específicas. El caso sirve como ejemplo de que muchas categorías jurídicas tradicionales se han quedado cortas frente a las plataformas digitales», señala Simón Castellano. Otros países europeos, como Francia, Suiza, Alemania, Polonia, Italia o Portugal, pero también Brasil, Indonesia, Australia o Singapur ya han establecido restricciones similares.
0,1 % de los usuarios acaparan el 67% de las ganancias, según una investigación del Wall Street Journal
En enero, el 'Wall Street Journal' publicó una exhaustiva investigación sobre quién gana y quién pierde en estas plataformas predictivas. Los resultados eran categóricos. Después de analizar 1,6 millones de cuentas, encontraron que la mayoría de los usuarios de Polymarket (hasta el 70%) solo perdían dinero. De hecho, el 67% de las ganancias iba a parar al 0,1 % de las cuentas. En Kalshi, los porcentajes son similares: tres de cada cuatro usuarios solo registran pérdidas. «Esto ya ocurre en muchos mercados digitales especulativos. En Polymarket existe una gran asimetría de información y también de capacidad analítica. Hay usuarios muy sofisticados, que disponen de un capital mayor, de herramientas tecnológicas y mejor acceso a la información. Esos son los que terminan acumulando gran parte de los beneficios. Otros pequeños usuarios operan más por intuición que por estrategias racionales. Eso explica que una parte muy pequeña de usuarios concentre las ganancias frente a la mayoría, que operan por impulso», explica Simón.
Geopolítica y democracia
Y, sin embargo, el desigual reparto de beneficios no es, quizá, lo más preocupante de este asunto, que tiene muchas otras derivadas y todas apuntan a nuevos y caóticos paradigmas. Para empezar, estas plataformas son, a menudo, una herramienta predictiva mucho más certera que las encuestas demográficas y los analistas políticos y financieros. Y también mucho más rápida. Los datos de Polymarket se actualizan en milisegundos y pueden registrar, por ejemplo, un desliz antológico durante un debate electoral de manera prácticamente automática. Por eso, su impacto en los procesos democráticos no es desdeñable.
«Si confiamos en esas plataformas como una fuente de conocimiento sin darnos cuenta de que son un juego de poder, eso nos hace aún más vulnerables a que alguien manipule esas predicciones», sostiene la filósofa Carissa Véliz, profesora del Instituto de Ética en la Inteligencia Artificial de la Universidad de Oxford. «En estos mercados de predicción ya ha habido políticos que han apostado por sí mismos para tratar de influir en la opinión pública, empleados de compañías que han utilizado información privilegiada para apostar y está incluso el caso del periodista acosado en Israel para que cambiara una historia sobre la guerra en la que había 900.000 dólares en juego. Las predicciones son una forma de búsqueda de poder que supone un gran peligro para la democracia», advierte la pensadora.
Además, se están convirtiendo en mercados financieros paralelos en los que se apuesta sobre el futuro de grandes compañías como SpaceX o OpenAI aunque estas no hayan salido a bolsa todavía. Por no hablar, claro, de lo que la IA puede llegar a hacer aplicada a estas plataformas.
«Su verdadero valor no está en las apuestas, sino en su capacidad para generar información de carácter predictivo, que tiene un valor en el mercado. Cuando miles de personas arriesgan su dinero y lo enfocan a un mismo resultado, el mercado acaba reflejando esa tendencia y es capaz de calcular las probabilidades sobre acontecimientos futuros con bastante precisión. Por eso, algunos consideran que puede ser útil para predecir resultados electorales, pero también cuestiones relacionadas con la economía o el desarrollo de conflictos globales», indica Simón.
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