- ANDREW ENGLAND Y ALICE HANCOCK
El empeño de Trump en conseguir que los buques vuelvan a transitar por el estrecho de Ormuz sigue chocando con la resistencia de Irán a ceder del control.
Después de que Estados Unidos e Irán finalmente acordaran un pacto provisional el mes pasado para reabrir el estrecho de Ormuz y extender el alto el fuego, Donald Trump les dijo a los "barcos del mundo": "¡Arrancad vuestros motores! ¡Que fluya el petróleo!".
Sin embargo, en las tres semanas y media transcurridas desde que el presidente estadounidense anunció la apertura del estrecho "sin peaje", el paso de los barcos —y el flujo de petróleo— ha sido, en el mejor de los casos, caótico e intermitente, ya que esta vital vía marítima sigue siendo el principal punto de discordia.
Tras el último intercambio de ataques entre Estados Unidos e Irán, Trump afirmó que creía que el frágil alto el fuego había "terminado".
Los mediadores intentan mantener el proceso diplomático en marcha, según una persona al corriente de la situación. Pero su tarea se ve constantemente desafiada por dos fuerzas contrapuestas: la presión de Trump para que los barcos transiten rápidamente por el estrecho y así aliviar la crisis energética antes de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, y la resistencia de Irán a cualquier disminución de su control sobre la vía marítima.
Esto ha sumido a las partes en conflicto en un ciclo de represalias constante. Cada vez que Irán ataca a buques en el estrecho que no utilizan las rutas que desea, Estados Unidos responde atacando a la república islámica y Teherán toma represalias.
Hasta ahora, estos enfrentamientos mantienen cierta contención, pero socavan constantemente el frágil alto el fuego del 8 de abril, el acuerdo provisional firmado el 17 de junio y los esfuerzos diplomáticos para lograr una solución permanente.
Para Irán, el estrecho, que nunca había cerrado antes de que Estados Unidos e Israel iniciasen la guerra el 28 de febrero, se ha convertido en su herramienta de presión más poderosa, ya que ha elevado el coste del conflicto para la economía global.
Teherán se resiste a renunciar por completo a la baza clave que posee en unas negociaciones que deberían centrarse en un acuerdo definitivo.
"Irán no quiere ceder su influencia sobre el estrecho —su arma de desestabilización masiva— antes de que se alcance un acuerdo más amplio sobre el alivio económico estadounidense", explica Ellie Geranmayeh, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. "Para Trump, la reapertura del estrecho es fundamental para el memorando de entendimiento, y sin ella, estará bajo una enorme presión por parte de los halcones republicanos para reanudar la guerra con Irán".
Y añade: "Ambas partes deberían haber acordado un protocolo mutuamente aceptable para el estrecho antes de firmar el memorando de entendimiento".
"Cuanto más se prolongue la ausencia de un entendimiento, más se estancará la situación en el estrecho, y mayor será la probabilidad de que Washington y Teherán regresen a una guerra abierta", advierte Geranmayeh.
Según el memorando de entendimiento firmado el mes pasado, Teherán acordó permitir el paso de buques por el estrecho sin coste alguno durante una extensión de 60 días del alto el fuego del 8 de abril.
A cambio, Estados Unidos levantaría el bloqueo naval a los puertos iraníes. Irán desminaría el estrecho en un plazo de 30 días, y el tráfico debía regresar gradualmente a los niveles previos a la guerra.
Como incentivo financiero, Estados Unidos otorgó a Teherán una exención para vender su crudo y productos derivados del petróleo en dólares.
Sin embargo, Teherán anunció que impondría tarifas en el futuro. El precario acuerdo se puso a prueba rápidamente, ya que Teherán insistió en que los buques utilizasen una ruta cercana a su costa que le permitiese controlar el tráfico del estrecho, por donde transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado del mundo antes de la guerra.
Estados Unidos, sin embargo, ha alentado a los buques a transitar cerca de la costa de Omán, cuyas aguas territoriales fluyen por el estrecho. Esto ha permitido que aviones de guerra estadounidenses proporcionen cobertura aérea a los barcos desde finales de mayo.
La aparición de esta ruta alternativa ha frustrado a Teherán, ya que ha reducido su control, según un diplomático al corriente del asunto.
Esta fricción se hizo patente días después de que el vicepresidente estadounidense J.D. Vance encabezase una delegación de alto nivel a Suiza el 21 de junio para la primera ronda de conversaciones de primer orden sobre una solución definitiva, que incluía un acuerdo sobre el programa nuclear de la república islámica.
Las partes acordaron establecer una línea directa para evitar incidentes en el estrecho, contrarrestar malentendidos y coordinar el transporte marítimo durante el desminado.
Pero a los pocos días, Irán había disparado contra un barco mientras advertía a los buques que no utilizasen lo que denominaba rutas no autorizadas. Esto desencadenó una serie de ataques de represalia. Las partes en conflicto mantuvieron entonces varias jornadas de conversaciones en Qatar —uno de los principales mediadores— la semana pasada.
Esas negociaciones se centraron en el estrecho, ya que las disputas sobre la vía marítima desviaban la atención del ya de por sí difícil esfuerzo diplomático para avanzar en un acuerdo nuclear dentro de la prórroga de 60 días del alto el fuego.
Los mediadores creían haber logrado avances provisionales. Pero entonces estallaron los últimos ataques, inquietando aún más a una industria naviera ya de por sí nerviosa. Incluso antes de este episodio, las compañías navieras habían advertido que llevaría tiempo restablecer la confianza y reducir las primas de los seguros.
Se esperaba que las conversaciones entre Estados Unidos e Irán se reanudasen el 12 de julio, tras la conclusión del funeral del líder supremo iraní asesinado, el ayatolá Ali Jamenei, de esta semana.
Pero no estaba claro si finalmente seguirían adelante. Trump declaró este miércoles que los negociadores "pueden hablar, pero creo que están perdiendo el tiempo".
Según el memorando de entendimiento, el futuro estatus del estrecho debía discutirse entre Irán, Omán y otros estados del Golfo.
Pero desde que se firmó el acuerdo provisional el 17 de junio, Irán ha atacado cinco buques frente a la costa de Omán, incluidos petroleros pertenecientes a Arabia Saudí y Qatar, a pesar del papel de este último en la mediación.
Según fuentes con conocimiento de la situación, la poderosa Guardia Revolucionaria iraní ha estado contactando a los barcos por radio y ordenándoles que cambien de rumbo hacia la ruta iraní.
Como muestra de la escalada de las tensiones —y de la creciente frustración de Estados Unidos—, Washington anunció el martes la revocación de la exención a las ventas de petróleo iraní.
Ese mismo día, el Centro de Operaciones de Comercio Marítimo de Reino Unido elevó el nivel de amenaza a "grave". Esto "afectará a la disposición de los barcos a correr el riesgo de transitar [por el estrecho]", afirma un ejecutivo del sector naviero.
Arsenio Domínguez, secretario general de la Organización Marítima Internacional, instó este miércoles a "los armadores, operadores de buques y a todas las autoridades pertinentes a evitar exponer a los marineros a peligros innecesarios al transitar por el estrecho".
Más de 570 buques han recorrido el estrecho desde la firma del memorando de entendimiento, de los cuales casi tres cuartas partes seguían una ruta de salida del Golfo Pérsico, según Lloyd's List Intelligence. Más de 150 tránsitos correspondieron a petroleros de crudo.
A pesar de los ataques, algunos buques, entre ellos uno de la naviera francesa CMA-CGM y un carguero indio, navegaron el miércoles por la mañana siguiendo la ruta establecida por Irán.
Sin embargo, varios buques que aparentemente se dirigían a la ruta omaní a primera hora del miércoles, como el petrolero de propiedad india Lila Vadinar y un buque de gas licuado del petróleo (GLP) operado por Adnoc, dieron media vuelta, según datos de seguimiento de buques.
Otros, como el petrolero singapurense Mercury Hope, parecieron desviarse de la ruta costera omaní a la iraní.
Un ejecutivo de una naviera comentó: "Es un caos".
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