En momentos como este, las redes sociales pueden convertirse rápidamente en un doomscrolling: el consumo compulsivo de malas noticias a través de actualizaciones interminables, alertas y crisis amplificadas algorítmicamente. Una rápida búsqueda de información puede convertirse fácilmente en un torrente de actualizaciones sobre guerras, inestabilidad política, ciberataques y cobertura constante de crisis.
Por qué no podemos apartar la mirada
En los días transcurridos desde los primeros ataques, esa corriente no ha hecho más que intensificarse. Videos de interceptaciones de misiles, cierres del espacio aéreo e incidentes cibernéticos, han circulado por internet pocos minutos después de cada nuevo acontecimiento. La información confirmada aparece lentamente, pero las actualizaciones son constantes, por lo que muchos usuarios se ven obligados a actualizar sus feeds repetidamente, tratando de reconstruir los acontecimientos en tiempo real.
Lo que parece una forma de mantenerse informado puede convertirse rápidamente en un bucle de retroalimentación entre el sistema de detección de amenazas del cerebro y las plataformas diseñadas para mantener el interés de los usuarios.
No todos los desplazamientos funcionan igual. Alexander TR Sharpe, profesor asociado de la Universidad de Chichester, distingue entre doomscrolling y lo que algunos llaman "desplazamiento dopaminérgico": "El doomscrolling se refiere al consumo repetitivo de información negativa o relacionada con la crisis. Tiene menos que ver con la estimulación y más con quedarse encerrado en material relacionado con amenazas".
Los científicos cognitivos afirman que este patrón no es casual. Los humanos estamos programados para dar prioridad a las amenazas, lo que hace que las noticias negativas sean especialmente difíciles de ignorar. "La memoria humana, como componente del sistema cognitivo moldeado por presiones evolutivas, está predispuesta a dar prioridad a la información relacionada con el peligro, las amenazas y las emergencias para favorecer la supervivencia", afirma el Reza Shabahang, investigador en psicología de los medios de comunicación.
"En consecuencia, los procesos de memoria son especialmente eficaces para codificar y retener el contenido negativo de las noticias, lo que facilita su recuerdo. La información negativa, y los recuerdos asociados a ella, tienden a ser especialmente destacados y duraderos".
Un estudio de Sharpe de 2026 halló vínculos entre el doomscrolling y la rumiación, el agotamiento emocional y la intolerancia a la incertidumbre. Los participantes que manifestaron un doomscrolling frecuente también mostraron mayores niveles de ansiedad, depresión y estrés, además de una menor capacidad de recuperación.
Shabahang afirma que este comportamiento puede asemejarse a una forma de exposición indirecta al trauma. "El trauma no se experimenta únicamente a través de la exposición personal directa. La exposición constante a imágenes o informes de incidentes traumáticos puede provocar respuestas de estrés agudo y, en algunos casos, síntomas asociados al estrés postraumático". El resultado no siempre es el trauma en sí, sino un sistema nervioso que lucha por volver a un estado de calma.
¿Cómo el cerebro inhibe el miedo? Un estudio clínico quiere ayudar a pacientes con estrés postraumático y ansiedadRecibe en tu correo lo más relevante sobre innovación e inteligencia artificial con el newsletter de WIRED en español.ArrowCómo se diseña el desplazamiento
El doomscrolling no se produce en un entorno neutral. Las redes sociales están optimizadas para mantener el interés de los usuarios. A nivel de comportamiento, el desplazamiento se basa en el mismo principio que una máquina tragamonedas: la imprevisibilidad. Cada actualización puede revelar algo nuevo: un titular, una noticia de última hora, un video impactante. Esa incertidumbre es precisamente lo que hace que la gente vuelva una y otra vez.
El psicólogo de medios digitales y artista Assim Kalouaz lo describe como "condicionamiento emocional". Las notificaciones y las insignias son señales de urgencia: "Los contenidos que provocan miedo, enojo o tristeza tienen más probabilidades de ser promovidos porque impulsan la participación".
El resultado es un bucle de retroalimentación: la incertidumbre impulsa el desplazamiento; el desplazamiento aumenta la exposición a contenidos emocionalmente cargados; la excitación emocional aumenta la necesidad de volver a consultar.
Un estudio transcultural de 2024 dirigido por Shabahang descubrió que el doomscrolling se correlacionaba con mayores niveles de ansiedad existencial y, en algunas poblaciones, con actitudes más cínicas o misántropas. Aunque los datos no establecen una relación causal, las conclusiones sugieren que la exposición repetida a las crisis puede moldear sutilmente la forma en que las personas ven el mundo.
¿Es posible mantenerse informado sin cansarse?
Sharpe advierte de que no se debe considerar la actitud catastrofista como un fallo de disciplina. "En la bibliografía, el doomscrolling se presenta a menudo como algo habitual o compulsivo, reforzado por el diseño de las plataformas. La gente se desplaza para gestionar el malestar, la incertidumbre, el miedo, la tensión, pero no lo resuelve de forma fiable".
Almheiri sugiere que las intervenciones estructurales pueden ser más eficaces que confiar en la fuerza de voluntad. "Más allá de simplemente desconectarse, la evidencia sugiere que añadir estructura, fricción y recuperación es lo que realmente ayuda". Limitar la ingesta de noticias a momentos específicos del día, apagar las notificaciones no esenciales y evitar los formatos de desplazamiento infinito pueden reducir la activación continua de amenazas.
El sueño puede ser una de las señales de alarma más claras. Kalouaz señala que cuando mantenerse informado altera sistemáticamente la calidad del sueño o retrasa la hora de acostarse, al día siguiente suele aparecer niebla cognitiva, irritabilidad y una menor regulación emocional.
La cuestión más general no es si la gente debe mantenerse informada, sino cómo hacerlo sin caer en una activación fisiológica crónica. Los sistemas humanos de detección de amenazas evolucionaron para responder a peligros inmediatos y localizados. Los algoritmos informan de crisis globales a perpetuidad. La tensión entre estos antiguos sistemas de supervivencia y la distribución digital moderna puede acabar definiendo el costo psicológico de la asistencia en la era digital.
WIRED Middle East.Adaptado por Alondra Flores.