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¿Por qué nos gusta coleccionar?

¿Por qué nos gusta coleccionar?
Artículo Completo 930 palabras
El placer, la identidad y la socialización están detrás de un impulso muy humano que también puede tener su cara oscura
¿Por qué nos gusta coleccionar?

El placer, la identidad y la socialización están detrás de un impulso muy humano que también puede tener su cara oscura

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Julio Arrieta

22/06/2026 Actualizado a las 00:13h.

Casi todo el mundo ha coleccionado algo alguna vez. En la infancia, fueron cromos de fútbol, pegatinas, coches de juguete, peluches... o simplemente piedras de ... colores. En la adultez, pueden ser discos, libros, zapatillas, sellos, figuras de acción, relojes, piezas de arte, postales antiguas... Cualquier cosa que puede ser buscada, comprada y guardada. Es una práctica tan común que rara vez nos paramos a pensar en ella. ¿Cómo funciona? ¿Por qué coleccionamos cosas? ¿En qué casos esa afición puede ser un problema?

Se trata de una conducta que activa complejos circuitos cerebrales de recompensa. «Cuando encuentras algo que coleccionas, por ejemplo un libro raro que encaja en tu colección, nuestro cerebro libera dopamina, que es el neurotransmisor del refuerzo positivo. No es solo o simplemente placer: es algo más, porque es una anticipación del placer, ya que has encontrado 'tu tesoro'». Esa sensación de 'subidón' «es por la dopamina que se 'dispara' por el hallazgo inesperado o buscado que encaja en «tu colección».

Entonces, ¿todo se reduce a un asunto de química cerebral, a la dopamina, el principal neurotransmisor del placer y la motivación en el cerebro? No, hay más. El coleccionismo «satisface la necesidad de construir una identidad», observa el psicólogo sanitario José Elías. «Lo que coleccionamos dice mucho de quiénes somos. Una colección de cromos de fútbol no es solo papel; es una declaración de pertenencia a una tribu». Además, las piezas que atesoramos «son como anclas emocionales, nos recuerdan a épocas, personas o acontecimientos pasados importantes para nosotros». Su búsqueda y gestión «reduce el estrés y desarrolla cualidades como la paciencia, la tolerancia a la frustración, la toma de decisiones, la organización y la memoria». Llevar una colección «genera una sensación de logro y propósito concreto» que puede ser un buen apoyo «en momentos de cambio o incertidumbre».

En este sentido, Juan G. Castilla señala que «en un entorno tan imprevisible y caótico como el que nos rodea, hacer una colección estructurada da una 'falsa' sensación de orden, previsibilidad y dominio, pero que es muy poderosa psicológicamente». Es importante también la «sensación de poder completar» una colección, ese objetivo: «A nuestro cerebro 'le gustan' los sistemas cerrados y con orden. Por eso completar una serie, una colección o un catálogo, activa el circuito de sentimiento de logro: '¡Lo tengo, es mio!', 'Lo logré acabar!'».

La clave social

Otra característica interesante del coleccionismo es que no es una actividad aislada. Como señala Elías, «proporciona socialización al mantener la conexión emocional con los iguales e incluso la competitividad por conseguir una pieza única». Fomenta la «interacción social y el intercambio de conocimientos». A los coleccionistas les encanta enseñar sus tesoros y hablar sobre ellos. Castilla vincula esto con la «necesidad de pertenencia» propuesta por el psicólogo Abraham Maslow, el impulso innato del ser humano por conectar con otros, sentirse aceptado y formar parte de un grupo. «El coleccionista siente que forma parte de una comunidad con la que comparte afinidades y valores», resume el experto.

La línea roja

 Sin embargo, existe un punto donde la afición puede torcerse. La 'línea roja' se cruza cuando la actividad lleva a un deterioro funcional en la vida del coleccionista. Existe un término, 'hoarding disorder', trastorno de acumulación compulsiva, «que está reconocido oficialmente en el DSM-5, que es el Manual Diagnóstico en el que nos basamos para etiquetar patologías y enfermedades», apunta Castilla.. Las señales de alarma incluyen la pérdida de espacio vital en casa, 'devorado' por el volumen de la colección, el descuido de la higiene, gastos económicos excesivos y un «miedo extremo que roza la ansiedad por la opción de desprenderse de objetos». El coleccionismo se transforma en acumulación de objetos sin criterio ni control.

Por su parte, José Elías establece distinciones muy claras para identificar el problema. Mientras que el coleccionista es selectivo y planifica sus adquisiciones, el acaparador recolecta de forma «indiscriminada. La compra es compulsiva». El coleccionista limita sus objetos a un lugar concreto, pero el acaparador invade toda la casa, «la desorganización es total», llegando a situaciones donde «no puede ni cocinar» debido a la acumulación de objetos. Además, mientras el coleccionista disfruta del proceso y «de enseñar sus tesoros a sus iguales, aunque sea para dar envidia y competir», el acaparador suele sufrir angustia, soledad y un marcado deterioro social y ocupacional.

Casi todo el mundo ha coleccionado algo alguna vez. En la infancia, fueron cromos de fútbol, pegatinas, coches de juguete, peluches... o simplemente piedras de colores. En la adultez, pueden ser discos, libros, zapatillas, sellos, figuras de acción, relojes, piezas de arte, postales antiguas... Cualquier cosa que puede ser buscada, comprada y guardada. Es una práctica tan común que rara vez nos paramos a pensar en ella. ¿Cómo funciona? ¿Por qué coleccionamos cosas? ¿En qué casos esa afición puede ser un problema?

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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