La viuda del líder de la ultraderecha de EEUU, Charlie Kirk, lidera un movimiento para instaurar el voto por hogar: cada familia emitiría un único voto, representado por el esposo como cabeza de familia. A muchos les parecerá un despropósito, pero no es una ocurrencia de Erika Kirk. Detrás hay un plan. Te lo contamos.
Regala esta noticia Añádenos en GoogleJudy Clarke
05/10/2026 Actualizado a las 18:03h.Desde que el territorio de Wyoming (que todavía no era un estado de los Estados Unidos) aprobó el voto femenino en 1869 y Finlandia se ... convirtió en 1906 en el primer país europeo en aprobarlo, todavía costó décadas de lucha sufragista que ese derecho igualitario alcanzase a todo Occidente. De hecho, en España las mujeres no pudieron votar hasta 1931. Pero, una vez conquistado el derecho al voto y consagrado en las diversas constituciones, parecía que el sufragio de las mujeres era un consenso irreversible (al margen del mundo musulmán: en Arabia Saudí las mujeres no votaron hasta 2015; y en el Afganistán de los talibanes hoy aún no pueden votar).
Charlie Kirk y Erika se conocieron en 2018 porque ella solicitó un empleo en su organización, Turning Point USA. Él contó que al conocerla quedó tan cautivado por su inteligencia, belleza y fe cristiana que decidió suspender la contratación diciéndole: «Olvida la entrevista de trabajo; lo que quiero es salir contigo». Y así fue. Se casaron tres años después. Tienen dos hijos.Erika Kirk, junto con la creadora de contenido Savanna Faith Stone, defendió públicamente la idea del denominado household voting o 'voto por hogar': un modelo en el que una familia emitiría un único voto, representado por el esposo como cabeza del hogar.
Stone, de 21 años, casada desde los 18 con un empresario que ahora se dedica a gestionar la marca de su mujer como influencer, es el nuevo referente de las tradwifes. «La mayor mentira que les vendieron a las mujeres fue el feminismo», afirmó Stone durante su intervención, argumentando que las ha perjudicado porque erosiona la estructura familiar. Y defendió la idea de que el voto debería ejercerse de forma colectiva dentro del hogar: «Si la familia constituye una sola unidad económica y moral, también debería expresarse políticamente mediante un único voto».
Las mujeres universitarias y de ciudades grandes suelen respaldar a candidatos progresistas. Un sistema de representación familiar, un voto por hogar, favorecería –aseguran– los valores conservadores
Stone dio argumentos prácticos (y estadísticamente demostrados) para 'su causa': las mujeres suelen respaldar con mayor frecuencia a candidatos progresistas (sobre todo, las mujeres jóvenes, universitarias y residentes en grandes ciudades), así que un sistema de representación familiar favorecería a los valores conservadores.
Erika Kirk reforzó esa visión desde un enfoque religioso. Durante su discurso afirmó que el feminismo habría convertido la maternidad en una carga, el matrimonio en una institución opresiva y a los hombres en adversarios de las mujeres. En contraste, defendió una interpretación cristiana según la cual ambos fueron creados para complementarse. El público acogió sus intervenciones con entusiasmo: varias asistentes declararon en entrevistas posteriores que estarían dispuestas a renunciar a su derecho al voto si eso fortaleciera un modelo político alineado con los principios familiares tradicionales.
El proyecto 2025: todo estaba escrito
La posibilidad de eliminar el voto femenino en Estados Unidos, si se respeta su actual Constitución, es remota. La Decimonovena Enmienda prohíbe expresamente que el derecho al voto sea negado o restringido por razón de sexo. Modificar esa garantía exigiría la aprobación por dos tercios de ambas cámaras del Congreso y la ratificación de tres cuartas partes de los estados. Pero, visto lo sucedido desde que Trump está en la presidencia, su escaso respeto por la Constitución y la influencia de Erika Kirk, nada es descartable.
Porque la propuesta para restringir el voto de las mujeres existe y no es una 'ocurrencia' de Kirk. Es un plan.
El prólogo del Proyecto 2025 –el plan liderado por Heritage Foundation, el grupo de expertos ultraconservador, para sentar las bases de la adminis-tración Trump– ya dejaba intuir la restricción de derechos para las mujeres. Su objetivo principal es remodelar profundamente el gobierno de los Estados Unidos bajo una ideología ultraconservadora y de corte nacionalista cristiano. Y en los dos últimos años, desde el desmantelamiento de la administración hasta la persecución de inmigrantes, se está cumpliendo al pie de la letra.
El 10 de septiembre de 2025, Charlie Kirk fue asesinado por un disparo durante un evento en la Universidad de Utah. Quien atentó fue Tyler Robinson, de 22 años, que dijo haberlo hecho porque estaba «harto del odio» de Kirk. Todo el movimiento MAGA, con Trump al frente, se volcó en Erika. En la foto, durante el multitudinario funeral de Kirk en Arizona.Kevin D. Roberts, el presidente de la Heritage Foundation, escribe en el prólogo del Proyecto 2025 que tiene cuatro objetivos: restaurar la familia «como pieza central de la vida estadounidense»; desmantelar la burocracia federal; defender la «soberanía y las fronteras» de Estados Unidos; y asegurar «nuestros derechos individuales dados por Dios a vivir libremente».
Que restaurar las familias tradicionales sea lo primero de la lista no es casual. «Las familias compuestas por una madre casada, un padre y sus hijos son la base de una nación bien ordenada y una sociedad saludable», escribe Roger Severino, exmiembro del Departamento de Justicia. Argumenta que el Gobierno debería reforzar las organizaciones que «mantengan una definición de matrimonio y familia basada en la Biblia y reforzada por la ciencia social». El objetivo no es solo moral; es también, dicen, un camino hacia la estabilidad financiera.
En esta visión, los hombres son sostén de la familia y las mujeres son madres. E incluso se plantean una serie de propuestas específicas para imponer este modelo. Severino sugiere que el Ejecutivo pague a los padres para compensar el costo del cuidado de los niños, pero se opone a la guardería universal, que en el universo MAGA se ve como un estímulo para que las mujeres trabajen en lugar de quedarse en casa.
Kirk aconseja a las jóvenes que renuncien a las carreras y sean «esposas tradicionales», pero ella asumió el puesto de CEO de una enorme organización, con gran exposición mediática, en lugar de dedicarse a criar a sus dos hijos
El Proyecto 2025 parece un regreso a la década de 1950, con un añadido: las mujeres no deben votar. Lo que plantea Erika Kirk es lo que se denomina 'un nuevo desafío a la ventana de Overton': el rango de ideas que el público considera aceptables en el debate político en un determinado momento. Al introducir posturas del extremismo marginal en la conversación política convencional lo que se logra es normalizarlas, que dejen de ser un anatema y, de paso, que otras cosas que se consideran menos 'intocables', como eliminar los derechos de los transexuales o el aborto, pasen a ser directamente 'aceptables'.
Los judíos que votaron a los nazis
La estrategia de Erika Kirk es comprensible en su propia batalla por ubicarse dentro del movimiento MAGA, pero ¿por qué hay mujeres dispuestas a renunciar a sus derechos y reconocerse como ciudadanos de segunda categoría?
No es fácil de explicar, pero es un razonamiento que se ha repetido en otras épocas y en situaciones aún más difíciles de entender. El historiador Timothy W. Ryback recordaba recientemente el caso de la Liga de Judíos Nacionalistas Alemanes, dirigidos por Max Naumann en la Alemania que vio alumbrar el nazismo.
Naumann, un abogado que había sido condecorado durante la Primera Guerra Mundial, se sentía tanto o más alemán que judío. Sus valores, sus más firmes creencias, eran el anticomunismo y la antidemocracia. Así que no es raro que, a principios de los treinta, apoyase las posiciones extremistas de Adolf Hitler. Si bien los Hitlerjuden –o judíos nazis, como se conoció a los seguidores de Naumann– representaban solo el 2 por ciento del medio millón de judíos de Alemania, constituyen un caso singular de cómo muchas personas pueden aliarse con un líder político que las desprecia.
Naumann creyó que los ataques de Hitler a los judíos era algo circunstancial y superable si los judíos renunciaban a ciertos derechos. Por ejemplo, a ocupar profesiones 'intelectuales'. En julio de 1932, Naumann instó a los judíos alemanes a votar por el nacionalsocialismo en las elecciones al Parlamento. Seguía creyendo que su antisemitismo se atenuaría cuando Hitler llegara al poder. Ocurrió lo contrario, pero Naumann perseveró en su apoyo y aconsejaba paciencia a los judíos. Hasta que el 15 de septiembre de 1935, el Gobierno de Hitler promulgó las leyes que despojaron a medio millón de judíos alemanes de su ciudadanía. En noviembre, Naumann fue arrestado por la Gestapo y torturado en un centro de las SS. Semanas después, tras intentar suicidarse cortándose las venas con el cristal de sus gafas, fue liberado. Murió de cáncer en 1939, aislado y abandonado.
La sumisión de género y las 'tradwives' arrepentidas
Puede parecer un ejemplo exagerado, pero Erika Kirk ha defendido públicamente que la «sumisión» femenina no es negativa si se sustenta en bases religiosas.
Sostiene que está dispuesta a someterse a cambio de la protección espiritual y física de un hombre, la bendición divina y la realización del orden bíblico familiar. La sumisión, así entendida, alega, no es una debilidad, sino una fuente de fortaleza y orden en el hogar.
Diversos analistas políticos, e incluso sectores del ala conservadora de Estados Unidos, señalan una evidente incongruencia entre lo que ella predica y lo que practica y vive en la realidad. A pesar de aconsejar a miles de mujeres jóvenes que rechacen las carreras profesionales y sean 'esposas tradicionales', ella asumió el puesto de CEO de una enorme organización tras la muerte de su esposo, con una constante exposición mediática. En su vida, desde luego, no ha renunciado a la autonomía económica ni al poder para cuidar de sus dos hijos pequeños.
Las contradicciones e incoherencias en ese espectro sociopolítico de las esposas tradicionales ya empiezan a notarse. Por primera vez, surgen las tradwives arrepentidas, que hacen expreso su lamento en redes sociales. Un caso significativo ha sido el de la influencer Bernadine Bluntly, quien, tras defender fervientemente el movimiento, se divorció por sufrir violencia doméstica, y ahora alerta a las jóvenes sobre cómo evitar caer en esas dinámicas perversas.
Esta reacción podría frenar el aún incipiente movimiento contra el voto de la mujer, pero el que se hable de ello ya es un logro de Kirk y los autores del Proyecto 2025. Y por disparatado que parezca, si se ha logrado colar en la conversación que la Tierra es plana, lo de que la mujer no vote no parece tan imposible.
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