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¿Por qué ya no hablamos casi del colesterol?

¿Por qué ya no hablamos casi del colesterol?
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Deberíamos seguir hablando de ello porque es un factor importante de riesgo cardiovascular, riesgo que no suma sino que que multiplica

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Vivir | Salud ¿Por qué ya no hablamos casi del colesterol?

Deberíamos seguir hablando de ello porque es un factor importante de riesgo cardiovascular, riesgo que no suma sino que que multiplica

Yolanda Veiga

Domingo, 5 de abril 2026, 00:18

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Se lo hemos preguntado a cuatro médicos y el diagnóstico es el mismo: el colesterol sigue bajo estricta vigilancia y «es un reto». Aunque nos ... dé la sensación de que ya no hablamos tanto de ello como hace quince o veinte años, «nunca ha dejado de ser un importante factor de riesgo cardiovascular», advierte Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). ¿Está más controlado? Sí «porque ha habido concienciación, existen fármacos más eficaces y los niveles actuales son más exigentes: 116 mg/dl del llamado colesterol 'malo' para la población en general y límites de 70 para población de riesgo y de 55 en el caso de riesgo muy alto».

  1. ¿Por qué lo necesitamos?

«El colesterol es un tipo de grasa necesaria para muchas funciones vitales. Está en la composición de todas las células del organismo y es precursor, entre otras funciones, de la vitamina D y diversas hormonas. Sin embargo, niveles elevados de colesterol aumentan el riesgo de enfermedades o eventos cardiovasculares, como el infarto de miocardio o el ictus, así como el aumento de la mortalidad», explica Miguel Ángel María Tablado, miembro del grupo de Lípidos y Riesgo Cardiovascular de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

  1. ¿Por qué el 'bueno' no es suficiente contra el 'malo'?

«El colesterol LDL es conocido como 'malo' porque transporta colesterol hacia las arterias y favorece la formación de placas de aterosclerosis. Mientras que al colesterol HDL se le dice 'bueno' porque participa en el transporte inverso del colesterol hacia el hígado para su eliminación», señala la doctora Nuria Muñoz. Sin embargo, «no es una balanza simple en la que uno compense al otro. Un HDL elevado no neutraliza un LDL alto, y el principal objetivo terapéutico sigue siendo reducir el LDL, ya que es el factor causal más claramente relacionado con eventos cardiovasculares». Coincide el cardiólogo: «El riesgo lo define el 'malo'».

  1. Los factores de riesgo no suman, sino que multiplican

En la valoración del riesgo cardiovascular no solo cuenta el colesterol. «Influyen también hábitos nocivos como fumar, el sobrepeso y la obesidad, la alteración de la glucosa (diabetes), la enfermedad renal crónica, la hipertensión arterial mal controlada y el factor genético», enumera el endocrino, quien señala también la importancia de ejercitarse regularmente. Por otro lado, estos factores de riesgo, explica el doctor Manuel Mozota, responsable del Grupo de Trabajo de Dislipemia de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), interaccionan de manera peculiar. «No suman, sino que multiplican el riesgo. Es decir, si tienes colesterol e hipertensión tienes más riesgo del que resultaría de sumar el riesgo de ambas cuestiones por separado». Un detalle: «El riesgo no solo depende de la cifra puntual que tengas de colesterol en ese momento, sino de la exposición acumulada al LDL a lo largo de los años».

  1. Los tratamientos

«El colesterol no duele como la artrosis. Por eso, los pacientes no son tan rigurosos con la toma de los fármacos. Se relajan y, con el tiempo, se pierde la adherencia», advierte Mozota. Y señala estudios que hablan de «hasta un 40% que no cumple con el tratamiento», normalmente «una pastilla al día, aunque hay tratamientos con inyecciones».

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Los aliados y los enemigos que nos topamos en la mesa

La gente cree que el dato del colesterol viene de lo que se come, pero no solo depende de la dieta, que puede tener una influencia del 10 o el 20%», advierte el cardiólogo Ignacio Fernández Lozano. «Hay personas que tienen un problema en la eliminación del colesterol, su cuerpo lo produce en exceso o existe una predisposición genética», señala algunas excepciones el endocrino Miguel Ángel María Tablado. En todo caso, lo que comemos importa. «Las peores grasas son las 'trans', presentes en la bollería industrial, los fritos de comida rápida, los snacks... Las segundas a evitar son las saturadas de cadena larga (aceite de palma, coco o grasas animales).

Para un perfil cardiosaludable, el consumo de estas últimas no debería superar el 9 o 10% de las calorías totales diarias». En lo que respecta a las grasas aliadas, «las más saludables son las monoinsaturadas (aceite de oliva) y las poliinsaturadas (omega 3, omega 6, como el pescado o las nueces)». Una pequeña guía: «Debemos elegir los alimentos A o B de la guía Nutri-Score». Sin necesidad de mirar etiquetas, «legumbres, fruta, verdura, huevos...» ayudarán a mantener una alimentación adecuada. «Comer alimentos 'buenos' no compensa los 'malos', debe haber una sustitución. Es decir, añadir frutos secos a una dieta rica en grasas saturadas solo aumentará las calorías y el riesgo de sobrepeso».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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