Pequeñas infamias
Porque yo lo valgo Regala esta noticia Añádenos en GoogleCarmen Posadas
29/05/2026 a las 18:26h.Conocen el último capricho de los ultrarricos? Convencidos de que son seres superiores, buscan iniciar sus propias dinastías inseminando a mujeres seleccionadas que cumplan con ... ciertos cánones (ser guapas, inteligentes, caucásicas, con medios propios y sin pareja conocida). Según dicen ellos, sus fines son solo altruistas.
Pero no todos los superprocreadores son occidentales. Xu Bo, magnate chino de los videojuegos (3500 millones en el banco) y antifeminista confeso, lleva años fabricando niños en California por gestación subrogada, en especial varones «de alta calidad», según sus propias palabras. «Tengo más de 100 hijos», ha confesado, aunque su exnovia sostiene que son 300 y subiendo.
¿Por qué esta fiebre conejil? ¿A qué obedece el deseo de esta gente de multiplicarse hasta límites grotescos?
Hay más aspirantes a extender su carga genética por el orbe, pero mis archiprocreadores favoritos son Galip y Kristina Ozturk. Esta esforzada pareja ha tenido 20 hijos entre marzo de 2020 y julio de 2021: uno de ellos nacido de Kristina, y el resto gestado por distintos vientres de alquiler. Su objetivo es llegar a 105 hijos antes de que Kristina cumpla 30 años (ahora tiene 25). Para lograr su sueño pagan entre 8000 y 10.000 dólares a cada madre gestante y cuentan con la ayuda de 16 niñeras que se ocupan de su prole.
Sin embargo, el caso más polémico de todos es el de Jonathan Jacob Meijer, que no es millonario, pero que ha hecho de la donación de esperma, primero, un negociete y, ahora, un reto personal que lo convertirá en el ser humano con más hijos del planeta. A pesar de que las leyes de Holanda, su país de origen, limita el número de hijos a 25 por donante, Meijer ha continuado vendiendo su esperma por Internet y, en el año 2023, las autoridades holandesas estimaron que podía tener entonces unos 1000 hijos repartidos por el mundo.
¿Por qué esta fiebre conejil? ¿A qué obedece el deseo de esta gente de multiplicarse hasta límites grotescos? Por supuesto, existe el componente sietemachos de cubrir el mayor número posible de hembras y dejar su impronta. Esa pulsión ha existido siempre. Basta ir a los libros de Historia y comprobar qué ocurría –y aún ocurre– en guerras e invasiones. El dato nuevo es que ahora, gracias a los avances tecnológicos, el número de hijos que pueden engendrarse es (casi) ilimitado.
Y yo me pregunto: ¿no pensarán estos superprocreadores en las consecuencias de su 'altruismo'? No es por capricho que está limitada la cantidad de hijos que un donante puede engendrar. Se trata de evitar que dentro de unos años esos hijos de un mismo padre se emparejen sin saber que son hermanos, con los peligros que entraña la consanguinidad.
Pero, si quieren que les diga la verdad, de toda esta lista de pirados, la que me tiene patidifusa es Kristina Ozturk. Los hombres pueden ir por ahí alegremente teniendo hijos de los que no se ocupan porque saben que ya lo harán sus madres. ¿Pero en qué estará pensando esta señora? Por muy millonaria que sea y aunque cuente con un ejército de niñeras, supongo que sabrá que los niños necesitan una madre, no una fabricante en serie de criaturas.
También me pregunto qué pasará si ella y su marido se divorcian. ¿Se van a repartir la prole entre los dos, 50 churumbeles para ti y 50 para mí? La conclusión que yo saco de todo esto es que ya nadie se toma la molestia de pensar en las consecuencias de sus actos. La irresponsabilidad es total, enciclopédica, cósmica. Propiciada, además, por todos los avances técnicos, médicos, etcétera, que la multiplican y, lo que es peor, la blanquean y normalizan. Visto lo visto, ¿cuál será el próximo caprichete de aquellos que se creen con derecho a todo y porque yo lo valgo? Manténganse atentos a sus pantallas, la función no ha hecho más que comenzar.
Reportar un error