La Moncloa de Pedro Sánchez añora aquel septiembre de hace un año, cuando el presidente del Gobierno asombró al mundo y recuperó el aliento perdido por la corrupción con la decisión de embargar la venta de armas a Israel y lanzar una gran ofensiva para denunciar el genocidio de Gaza.
Sánchez busca desesperadamente un tema al que asirse que haga desaparecer la crisis de Ceuta, cada día que pasa más desastrosa para el Gobierno. De momento, no lo ha encontrado y en el bullir interno del PSOE se le ha colado -sin que él lo haya querido- el tema sucesorio. «El sucesor de Pedro Sánchez se llama Pedro Sánchez», declaró Patxi López a laSexta Xplica. El portavoz parlamentario es un dirigente experimentado que sabe bien de lo que habla. Ello no quiere decir que no se hable en el PSOE del futuro, en un momento en el que Sánchez parece haber perdido la capacidad de reacción y el olfato que ha tenido durante su mandato. Nadie descarta que recupere ambas cosas, aunque parezca difícil.
Curiosamente, quien ha hecho girar la ruleta sucesoria es su ministro más devoto, farruco y provocador. Óscar Puente, titular de Transportes, fue tocado por la mano de Sánchez para ocupar su puesto de número uno del PSOE en el debate de investidura de Feijóo, y desde entonces no hay quien le pare. El ministro es el auténtico verso suelto, sueltísimo cabría decir, del Gobierno. Puente dice lo que quiere y se deja querer como posible sucesor del líder socialista -«no soy de los que dejan pasar el balón cuando le llega»- y en el PSOE todo el mundo está atento a lo que dice en la red de Elon Musk.
El ministro está más que satisfecho con su papel de agitador agresivo. Además de llamar de todo a Feijóo y de poner a parir a periodistas -esto le encanta-, también la emprende con los socialistas de toda la vida. Su última víctima es Eduardo Madina, a quien retrató como un socialista envenenado por el rencor después de que el ex diputado vasco y víctima de ETA criticara en la Ser la gestión de la crisis de Ceuta. El tuit contra Madina causó escándalo en amplios sectores del PSOE -la ex diputada Delia Blanco dijo que se avergonzaba de Puente- aunque ni la dirección federal ni ninguna otra instancia de poder socialista se atreven a disentir de las descalificaciones de Óscar Puente.
Ante la posibilidad de que en el futuro el ministro de Transportes se postule para ser el secretario general del PSOE, hay sectores del partido -o en sus alrededores próximos- que sacan a relucir otros nombres. El vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, es uno de ellos. Lanzado desde el ámbito intelectual por el influyente profesor Ignacio Sánchez-Cuenca, en algunos ámbitos socialistas su figura se ve con simpatía. El vicepresidente aclara que él es un jugador de equipo y que «el liderazgo de Sánchez es lo que ha situado a España en lo más alto del reconocimiento internacional y de los buenos números económicos».
«Cuerpo tiene cero posibilidades de ser el líder del PSOE, y tal vez hay mucha gente que le susurra al oído: ¿Por qué tú no? Pero quienes lo proponen desconocen la realidad actual del partido», aseguran fuentes de la dirección socialista.
Todo lo contrario que Óscar Puente, a quien todo el mundo reconoce la posibilidad real de alzarse con el voto de la militancia en unas primarias. Fuentes de la dirección, plenamente alineadas con Pedro Sánchez, aseguran que el debate sucesorio «es nocivo y tóxico para el Gobierno y el partido». «Alimentar ese juego es insensato, damos la sensación de que Pedro Sánchez está agotado y de que somos un Gobierno débil en un fin de ciclo. La carrera no está abierta, Puente puede ser popular entre los más cafeteros, pero no sería un candidato para llegar a una mayoría de la población. Lo más probable, cuando llegue el momento, es que el sucesor de Pedro sea algún dirigente desconocido, como lo era él mismo cuando optó a las primarias», añaden las mismas fuentes.
Óscar Puente se ha empoderado y su estilo amenazante preocupa e inquieta a muchos socialistas. Cosa que seguramente a él le agrada. En un principio, pareció que el ministro de Transportes había derrapado al no descartarse como sucesor, aunque ahora se estaría desempeñando como más sanchista que el propio Sánchez para que el jefe no crea que le quiere echar.
Es un hecho que el presidente nunca se ha distanciado del comportamiento bronco y nada institucional de su ministro. Por eso algunos cargos socialistas creen que con un estilo «lamentable y cobarde» propio de las redes sociales, lo que hace Puente es advertir a quienes «opinen algo diferente o planteen una alternativa interna» que serán laminados. Las amenazas parecen surtir efecto, ya que no hay mucha gente dentro del PSOE que se atreva a dar una opinión distinta a la del presidente y su hombre más belicoso. Los que aplauden a Puente recuerdan que para insultos, los del PP.
A vueltas con la fecha de las generales
A diez meses de que concluya oficialmente la legislatura y a ocho de las municipales y autonómicas de mayo, las especulaciones sobre la fecha de las generales están a la orden del día. Quien tiene la potestad de convocarlas no da muchas pistas, o las da distintas según el día. Lo único que Sánchez ha dejado claro es que las generales serán en el 27. El interrogante es el mes. Y aquí ya entran en juego las apuestas.
La opinión más extendida, intuición sería mejor decir, habla de una convocatoria electoral para febrero o marzo. Aunque es dudoso que para esa fecha Ceuta haya recuperado la normalidad.
Hay otros muchos que no contemplan un adelanto ni de una semana ni de un mes y que opinan que Sánchez llevará las generales a julio sin tener en consideración la petición de alcaldes y concejales de que vaya por delante. Tampoco está muy claro el tema Presupuestos.. Teóricamente, Sánchez se ha comprometido a llevar el proyecto al Congreso, aunque no ha puesto fecha.