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Política

Primera Conferencia sobre Remigración: dirección secreta, apelación a la gloria y el "¡Viva España!" por bandera

Primera Conferencia sobre Remigración: dirección secreta, apelación a la gloria y el "¡Viva España!" por bandera
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Juan García-Gallardo fue el protagonista de una jornada donde la pérdida de identidad fue el argumento y la inmigración el problema Leer

La ubicación exacta a la que los asistentes debían acudir llegó hora y media antes de que comenzase el evento. Extraño cuanto menos teniendo en cuenta que el anuncio oficial fue casi dos meses antes. Propio de las mejores tramas de espías que ha dado el cine. El hotel VP Sogno Metropolitano, en el centro de la capital, fue al final el lugar donde se desarrollaría la Primera Conferencia sobre Remigración.

El evento reunió a ocho ponentes de la derecha extraparlamentaria española, donde trataron, a lo largo de la tarde, la idea de que España está perdiendo su identidad como consecuencia de la inmigración masiva.

Allí se juntaron desde jóvenes vestidos de traje y camisa, que buscan en la política un rumbo por el que orientar sus futuros, hasta esa España de los domingos, sobria y con la mirada de aquel que se ha visto sorprendido al ver cómo las cosas van cambiando demasiado rápido. Todos ellos, aunque no destacasen por ser una multitud abrumadora, se reunieron en torno a ese término que presentaron, no como una expulsión masiva, sino como una restauración y una solución.

"Espero que esta conferencia sea la primera de muchas, pero no demasiadas, que eso significaría que el problema continúa", comenzaba así el evento, mientras el público murmuraba "Esto promete".

Alrededor de la sala, repleta de sillas y chaquetas de traje colgadas de ellas, la inmigración no se describía como un fenómeno social complejo ni como una consecuencia de conflictos geopolíticos. Es, en palabras de aquellos que se pusieron frente al público y se refugiaron bajo la seguridad del atril, una "enfermedad". Y como toda enfermedad, también necesita un diagnóstico, con su posterior tratamiento y su cura. La remigración sería, en aquella tarde de sábado, precisamente eso.

Un mismo patrón, fácil de identificar, se reflejó en cada una de las intervenciones. La apelación a la historia, la invocación de una España gloriosa, el señalamiento a enemigos concretos y el cierre de cada uno, con un "¡Viva España!" que la sala devolvía con una misma convicción.

Hubo incluso momentos de ironía involuntaria. Alfonso Gonçalves, ponente llegado desde Portugal y líder del grupo Reconquista Portugal, se despachó contra el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez. Un portugués, en Madrid, empleando uno de los insultos que más fama tiene ahora mismo dentro del repertorio político español.

Pero si hubo una figura sobre la que recayeron las miradas en aquella jornada, esa fue la de Juan García-Gallardo, ex vicepresidente de Castilla y León por Vox. Centró su discurso en la falta de una propuesta política que sea suficiente para la ciudadanía. "Parece que nadie se atreve a dar el paso al punto en el que queremos estar", afirmó Gallardo, que además apeló al recuerdo y a la pérdida de la identidad del país: "España con otros habitantes no sería la misma. La remigración no es odio, es restaurar el orden".

Antes de terminar, abordó el tema de la dependencia económica. Frente a la pregunta de quién trabajaría si se llevase a cabo esa "remigración", Gallardo propuso devolverle al trabajo manual el estatus social necesario para que los españoles vuelvan a querer ocuparlo.

Y con eso, otro "¡Viva España!". El mismo con el que cada discurso fue cerrado. El mismo que la sala devolvía con el tono y la convicción que tuvieron la primera vez y que pronunciaron durante toda la tarde. Un ritual que, a estas alturas, salía solo.

Ya la sala se vació. Una España recogió sus chaquetas mientras la otra seguía renombrando tiempos pasados. Pero fuera, ajeno a la reunión, Madrid seguía siendo Madrid.

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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