Los algoritmos refuerzan contenidos nocivos para aquellos usuarios con una salud mental debilitada, advierten los expertos
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Regala esta noticia Añádenos en Google 21/06/2026 Actualizado a las 00:15h.'Lucas' sufrió bullying durante buena parte de su adolescencia. Ahora, al borde de los 40, agradece «no haber pasado por aquello con los móviles ... y las redes sociales de por medio». Y es que la hiperconexión inherente a las nuevas tecnologías ha hecho que muchos menores se sientan inseguros incluso dentro de casa, al continuar las situaciones de acoso más allá del horario escolar (mediante ventanas de chats o publicaciones malintencionadas por parte de sus compañeros).
«En jóvenes con mayor vulnerabilidad emocional –prosigue el profesional del centro madrileño Activa Psicología- el uso intensivo de dispositivos digitales puede incrementar la sobrecarga mental, la comparación social constante y la dificultad para desconectar del malestar. La exposición continuada a redes, a noticias negativas o a conversaciones cargadas de conflicto genera un clima de presión emocional difícil de gestionar. Además, la privación de sueño derivada del uso nocturno del móvil aumenta de forma significativa el riesgo de conductas impulsivas».
A lo anterior se suman aquellos contenidos en rrss que de algún modo normalizan o glorifican el suicidio y la autolesión, según el experto: «Las redes sociales tienen una enorme capacidad de moldear las normas de lo que se percibe como 'habitual'. Cuando ciertos contenidos se repiten o se presentan bajo un aspecto estético, romántico o idealizado, pueden generar la sensación de que la autolesión o el suicidio son respuestas comunes ante el malestar, o incluso salidas válidas. Si el contenido obtiene atención, comentarios y 'likes', ese reforzamiento social contribuye a consolidar el mensaje. Además, en algunos espacios digitales aparecen discursos que restan gravedad a la conducta, lo cual supone un riesgo evidente».
Unos algoritmos lesivos
Los algoritmos de las redes tienen además una importancia capital en cuanto a la forma en que influyen sobre las personas con una salud debilitada, explica Hugo Scagnetti, Managing Director del centro especializado en salud mental Génesiis: «Las plataformas están diseñadas para captar nuestra atención y prolongar el tiempo de uso, y esto se vuelve especialmente problemático cuando el estado anímico del usuario es frágil. Los algoritmos no diferencian entre bienestar o daño: simplemente refuerzan aquello que consumimos. Así, si la persona se expone a contenidos con carga depresiva, fatalista o de marcado tono melancólico, la propia red le ofrecerá más de lo mismo. Lo que empieza como una búsqueda puntual puede transformarse en un bucle que intensifica la desesperanza y profundiza la crisis emocional».
En cualquier caso, no todas las redes sociales impactan del mismo modo en sus fieles, señala Tamayo: «Aquellas basadas en vídeos breves pueden sumar, en pocos minutos, decenas de impactos emocionales sin tiempo de procesarlos; las redes centradas en la imagen fomentan la comparación estética y la presión por alcanzar un ideal imposible; y Los foros digitales pueden convertirse en espacios de apoyo mutuo, pero también en lugares donde se comparten instrucciones o pactos bajo escasa supervisión».
La otra cara de la moneda
No todo está perdido, sin embargo. Los mentados algoritmos también pueden convertirse en formidables herramientas de prevención, desgranadas así por Activa Psicología: «Existen tecnologías capaces de detectar patrones de riesgo en el lenguaje, palabras clave o cambios bruscos en el comportamiento digital. Además, la moderación automatizada permite identificar contenidos peligrosos y revisarlos con prioridad; y algunas redes ya incorporan alertas, mensajes de apoyo y enlaces directos a líneas de ayuda cuando un usuario busca términos relacionados con el suicidio».
Desde Génesiis se trabaja además en una aplicación ('Gencare') que fomentará la interacción de los usuarios con una Inteligencia Artificial, lo que da alas al empleo terapéutico de las nuevas tecnologías en la detección del riesgo de suicidio: «A modo de confidente digital -expone Scagnetti-, Gencare ayudará a resolver problemas cotidianos de salud mental como el estrés o los episodios de ansiedad y, en los casos más extremos, analizará mediante algoritmos ciertos patrones que pueden alertar de una situación de riesgo vital».
Pero independiente del papel que juegue lo digital en la evitación de suicidios, para Tamayo, inculcar hábitos digitales saludables desde la infancia se antoja la mejor opción: «Es fundamental evitar el uso de pantallas en la cama o durante la noche, establecer espacios libres de móvil, fomentar conversaciones abiertas sobre lo que se consume en internet y promover el seguimiento de cuentas que difundan bienestar (bloqueando aquellas que resulten tóxicas)». Todo se resume, a fin de cuentas, en preguntarnos cómo logramos que la tecnología funcione al servicio del bienestar psicológico.
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