- JAMES POLITI Y JAMES SHOTTER
La frustración del presidente estadounidense ante los continuos ataques de Israel contra Líbano e Irán estalla mientras presiona para poner fin a la guerra.
La relación de Donald Trump con Benjamin Netanyahu ha resistido varias crisis desde que unieron fuerzas para librar una guerra contra Irán, pero su frustración con el líder israelí ha salido a la luz pública debido a sus continuos ataques contra el Líbano e Irán.
"Yo tomo las decisiones. Aquí mando yo. Netanyahu no toma las decisiones", exclamó Trump en una entrevista a Financial Times el domingo. ¿Tendrá Netanyahu que aceptar finalmente un acuerdo con Irán? "No tendrá otra alternativa", sentenció.
El desencuentro a surgido a medida que los intereses de Israel y Estados Unidos han ido divergiendo: por un lado, Trump se encuentra bajo una presión cada vez mayor para resolver el conflicto en Oriente Próximo y contener los precios de la gasolina de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre. Por otro, Netanyahu se enfrenta a críticas internas por no haber logrado los objetivos que se fijó al inicio de los combates.
El lunes por la tarde, Trump y Netanyahu estuvieron conversando, según un funcionario de la Casa Blanca, y las hostilidades en Oriente Próximo disminuyeron tras el intercambio de disparos más intenso entre Israel e Irán desde el alto el fuego de principios de abril.
Sin embargo, el primer ministro israelí demostró una vez más su disposición a desafiar a Trump y arriesgarse a reavivar la tensión en Oriente Próximo, al obligar al presidente a suplicar en redes sociales a Israel —y a Irán— que cesaran inmediatamente los disparos.
Un funcionario de defensa estadounidense declaró el lunes que el ejército de EEUU no había participado en los ataques israelíes contra Irán el día anterior, lo que evidencia el descontento de Washington por los últimos ataques contra el Líbano e Irán. El funcionario añadió que EEUU sí lanzó interceptores para defender a sus tropas en Israel.
Durante su segundo mandato, Trump ha adoptado la visión de Netanyahu sobre cómo tratar con Irán y sus aliados regionales, incluido Hezbolá. En febrero, se convirtió en el primer presidente estadounidense en iniciar una guerra contra la república islámica tras ceder a la presión que durante décadas ha ejercido Israel, en concreto Netanyahu, y tras los ataques contra las instalaciones nucleares iraníes en junio pasado.
Otros presidentes estadounidenses han manifestado su frustración con el líder israelí; por ejemplo, se sabe que Bill Clinton preguntó a sus asesores: "¿Quién es la maldita superpotencia aquí?" tras un tenso encuentro en 1996. En el caso de Trump, los enfrentamientos han sido intensos. De hecho, el presidente ha lanzado frecuentes insultos contra el líder israelí por su negativa a cesar los bombardeos en Irán en junio pasado o en Líbano la semana pasada.
Pero a pesar de la fricción, hay pocos indicios de que Trump esté dispuesto a ejercer mayor presión, negando por ejemplo la ayuda militar estadounidense a Israel. Durante su presidencia, ha brindado un apoyo más firme al líder israelí que administraciones anteriores, denunciando las acusaciones de corrupción contra Netanyahu, levantando las sanciones a la actividad ilegal de los colonos israelíes y saltándose a la torera los bloqueos de los demócratas a las transferencias de armas.
"Nos llevamos muy bien. Hemos sido grandes compañeros. Hemos asestado un duro golpe a cierto país que ha sido un problema durante 47 años", declaró Trump a NBC el viernes.
"El presidente Trump mantiene una sólida relación con el primer ministro Netanyahu, e Israel siempre ha sido un gran aliado de Estados Unidos. No ha habido mejor amigo de Israel ni mejor defensor de la paz que el presidente Trump", afirmó un portavoz de la Casa Blanca el lunes.
Sin embargo, la determinación de Trump de poner fin a la guerra ha colocado a Netanyahu en una posición cada vez más incómoda en su país, mientras intenta conciliar las exigencias del aliado más importante de Israel con la opinión pública israelí de cara a las elecciones de este año.
Las encuestas sugieren que la mayoría de los israelíes está a favor de mantener el conflicto contra Irán, ya que la mayoría cree que el país no ha logrado sus objetivos. Según una encuesta realizada el mes pasado por el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, solo el 37% de la población estaba satisfecha con los resultados hasta el momento.
"Netanyahu tiene dos malas opciones", afirmó Aviv Bushinsky, analista político y ex jefe de gabinete del primer ministro. "O se pliega ante Trump y hace lo que este espera de él —aunque eso tenga un coste político interno— o se distancia de Trump. Sin embargo, no creo que Israel pueda permitirse entrar en una guerra a gran escala con Irán por su cuenta, especialmente en el plano defensivo", añadió.
El lunes, Netanyahu optó por una combinación de ambas. A pesar de que Trump le instó públicamente a no atacar a Irán después de que este país lanzara misiles contra Israel en represalia por un ataque israelí en Beirut, Netanyahu ordenó a las fuerzas israelíes atacar objetivos en Irán por primera vez desde que entró en vigor un frágil alto el fuego entre ambos países en abril.
Pero al final, ante el aumento de las exigencias de Trump para una tregua y el temor a una escalada incontrolada que se extendiera por la región, Netanyahu ordenó detener los ataques.
"Irán y la administración Trump ven los focos de conflicto de Irán y el Líbano como un todo unificado, mientras que Israel los ve como escenarios separados", afirmó Richard Fontaine, director ejecutivo del Centro para una Nueva Seguridad Estadounidense, con sede en Washington.
Dahlia Scheindlin, analista política radicada en Tel Aviv, señaló que "Trump intenta demostrar al público estadounidense que está tratando de evitar que la guerra se recrudezca y que Estados Unidos no vuelva a involucrarse", explicó. "Y Netanyahu gana puntos ante su electorado porque está desafiando a Trump".
Sin embargo, los políticos de la oposición aprovecharon el cambio de postura de Netanyahu respecto a los ataques —la segunda vez en una semana que el primer ministro israelí suspendía los planes militares a instancias de Trump— y lo acusaron de capitulación.
Naftali Bennett, el ex primer ministro que probablemente será uno de los principales rivales de Netanyahu en las elecciones —que deben celebrarse a más tardar en octubre—, lo acusó de "normalizar" los ataques periódicos de Irán contra Israel al no dar continuidad a los combates.
Por su parte, Gadi Eisenkot, exjefe de las Fuerzas de Defensa de Israel y que también se perfila como un probable rival de Netanyahu, publicó un video en el que se ve a Trump diciendo en bucle que Netanyahu "hará lo que yo quiera que haga".
"Cuando comenzó la guerra con Irán, la oposición apoyó la decisión porque pensaban que iba a ser una guerra exitosa y, por lo tanto, no había otra alternativa que apoyarla", afirmó Bushinsky, exjefe de gabinete del primer ministro. "Pero ahora acusan a Netanyahu de no tener una estrategia. ¿Por qué lo dicen? Porque saben que la guerra no alcanzará sus objetivos", concluyó.
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