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Internacional

«Putin seguirá luchando porque de ello depende su supervivencia física»

«Putin seguirá luchando porque de ello depende su supervivencia física»
Artículo Completo 2,341 palabras
«No somos capaces de asegurar nuestra integridad territorial, sin hablar del paraguas nuclear», advierte

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Charles Powell, fotografiado durante la entrevista. Jordi Alemany

Charles Powell

Historiador Historiador y director del Real Instituto Elcano «Putin seguirá luchando porque de ello depende su supervivencia física»

La entrevista ·

«No somos capaces de asegurar nuestra integridad territorial, sin hablar del paraguas nuclear», advierte

César Coca

Sábado, 14 de marzo 2026, 20:31

... sobre la España contemporánea bajo la dirección de Raymond Carr. Instalado en Madrid hace casi treinta años, es profesor de Historia y desde 2012 dirige el Real Instituto Elcano, una atalaya privilegiada para estudiar el mundo y el papel de España en él. Acaba de publicar 'El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España' (Galaxia Gutenberg).

- Algunos analistas aseguran que España nunca ha tenido tanta influencia en el mundo desde Felipe II. ¿Lo ve así?

- Siempre pongo en duda esas afirmaciones un tanto grandilocuentes. Desde hace bastante tiempo, España golpea por debajo de su peso. En Elcano tenemos la impresión de que no aprovecha adecuadamente sus capacidades. Un país proyecta hacia fuera según la situación interna. En un país polarizado, con dudas y debates sobre todos los grandes temas, esa imagen exterior se debilita.

- Como cuenta en su libro, en la Transición España suscitaba expectación. Ahora ya no cuenta con esa ventaja.

- Ya somos un país normal y eso significa que España suscita otras expectativas. No he escrito el libro para defender al rey o a la monarquía, sino para poner en valor el proceso de normalización exterior. Hasta poco antes de la muerte de Franco, España era irrelevante incluso en América Latina, y la relación que se mantenía con esa región era muy superficial, casi retórica. Luego se produjo una notable normalización de las relaciones exteriores desde mediados de los 70 hasta comienzos de los 90, años en los que se establecieron además relaciones diplomáticas con muchos estados.

- Durante bastante tiempo tuvimos un protector muy relevante: Alemania. ¿Y ahora?

- No lo tenemos porque ya no lo necesitamos. España pretende hablar de tú a tú con todas las potencias europeas, incluso con las más relevantes. Si pudiera resumir la política europea de España en una frase, diría: 'Todo con Alemania, nada contra Francia'. Ahora hay otros vectores diferentes. Por eso me gustaría que la diplomacia española se mostrase más atrevida e innovadora.

- ¿En qué sentido?

- Tras el 'brexit' hubo una posibilidad de intensificar la relación con los Países Bajos, por ejemplo, y se impulsó una interesante iniciativa conjunta sobre la autonomía estratégica abierta que luego no tuvo continuidad. Surgió la posibilidad de formar tándem con un país con el que la relación no había sido muy estrecha hasta entonces. Habría que adoptar más iniciativas de ese tipo. Por otro lado, es cierto que por fin tenemos una relación muy seria y constructiva con Portugal. En cambio, hacemos relativamente poco con Italia, país al que tanto nos une. Supongo que, ademas de la falta de sintonía política entre ambos gobiernos, que es un fenómeno coyuntural, existe una cierta rivalidad estructural. Pero también debe reconocerse que impulsaron conjuntamente los fondos 'next generation' en respuesta a la pandemia, lo cual supuso un gran acierto.

Conflictos

«La guerra de Ucrania nos ha hecho más dependientes de Estados Unidos»

- ¿Qué podemos aportar en un mundo en el que China e India serán grandes actores?

- Ahí se ha llegado un poco tarde, pero también es cierto que eso ofrece algunas ventajas: no hay ningún contencioso pendiente con estos países, y en ambos se nos ve con simpatía. El Instituto Cervantes de Nueva Delhi es el mayor del mundo, y eso significa algo. En toda la región hay una demanda creciente de cultura española. Junto a esas ventajas hay algunos problemas. Uno de ellos es la relativamente tardía internacionalización de las empresas españolas. Pero quizás sea positivo que la huella de la economía china en la nuestra no tenga nada que ver con la que se da en Alemania, por ejemplo. La UE define a China como un 'rival sistémico', así que el hecho de que no tenga gran peso económico en España tampoco es mala cosa.

- La UE está descolocada, lo mismo en Ucrania que en Gaza o ahora en Irán. ¿Qué debe hacer España en una situación así?

- Son casos diferentes. Europa ha aportado a Ucrania más financiación que EE UU. Pero es verdad que nosotros compramos armas estadounidenses para enviarlas después a Ucrania, porque no tenemos armas propias suficientes. Por otro lado, ni Europa ni España se han olvidado de los refugiados. Aquí hay 50.000 niños ucranianos que están dentro de nuestro sistema educativo. ¿Se podía haber hecho más? Sí. Al principio fuimos muy lentos a la hora de reaccionar a la invasión rusa. Pero luego hemos desarrollado el sistema de sanciones más sofisticado que se haya visto jamás. Rusia se está hundiendo económicamente. Ahora bien, Putin seguirá luchando porque de ello depende incluso su supervivencia física. De momento, Rusia ha tenido ya un millón de bajas en Ucrania, entre muertos y heridos. Para hacernos una idea, en Afganistán hubo 50.000. Sin el apoyo chino, no podría mantener su esfuerzo bélico. Esto es algo que Europa debe decir con toda claridad a China. Pero, por otra parte, China no puede permitir que Rusia sea derrotada.

- ¿Y en Gaza?

- Hemos hecho poco por muchos motivos. Uno de ellos es el legado del Holocausto. Alemania no podrá abandonar a Israel por muy brutal que sea su Gobierno. En parte, es un asunto de mala conciencia histórica, como le pasó con España. En la Transición, Alemania apoyó sin fisuras a España porque no podía olvidar su intervención a favor de Franco en la Guerra Civil. Alemania tiene sobredosis de memoria histórica. Pero en el caso concreto de Gaza, eso debilita a Europa, que ya estaba bastante dividida al respecto.

Hcer frente a Trump

- La UE tampoco ha evitado el conflicto en Irán…

- Así es. Pero tampoco han podido hacer nada China ni Rusia, que son grandes potencias militares. La UE hizo mucho para obligar a Teherán a firmar un acuerdo sobre su programa nuclear en 2015, pero Trump lo torpedeó en 2018.

Bandazos internacionales

«El cambio de política sobre el Sahara no ha tenido un gran impacto porque lo apoyan EE UU y Francia»

- Frente a Trump, España parece querer encabezar el sector crítico. ¿O es una postura más de cara al interior?

- Creo que es una postura bastante sincera. Por la dictadura y su legado, España tiene un gran apego al Derecho Internacional y a la ONU. Todo eso es parte de la cultura diplomática y política del país y define una visión del mundo. En otros lugares, la 'realpolitik' tiene mejor prensa, pero en España la opinión pública apoya una postura firme contra Trump. Además, aquí el sentimiento europeísta es mayor que en otros estados de la UE. Obviamente, también han influido consideraciones de política interna.

- El asunto del 5% de gasto en defensa está en el eje de todo.

- Es una cifra aleatoria, claro está. De hecho, EE UU gasta el 3,4. Lo importante son las capacidades. El debate no se tenía que haber formulado así. Se podría haber puesto más énfasis, por ejemplo, en la ciberseguridad, dado que hay tecnología de doble uso. En el Gobierno admiten que el Ejército está infradotado. Se reconoce que hay que gastar más pero sobre todo mejor. Gastamos mal porque en Europa no sabemos gastar juntos. Lo más paradójico de la guerra de Ucrania es que nos ha hecho depender más de EE UU. Hoy no tenemos estrategia. No somos capaces de garantizar nuestra integridad territorial, sin hablar de la cuestión del paraguas nuclear.

- Cuando Trump impuso aranceles y amenazó a España por no permitir el uso de las bases, algunas voces pidieron cerrar estas y nacionalizar las filiales españolas de empresas americanas. ¿Eso es siquiera factible?

- No es posible ni deseable. Sería dispararnos un tiro en el pie. EE UU es el principal inversor en España, y el mayor receptor de inversión española en el exterior. Si lo que se pretende es penalizar a las empresas, sería un descalabro. Lo que sí tenemos son algunas cartas que podríamos jugar. La base de Rota-Morón forma parte del escudo antimisiles de la OTAN, pero, sobre todo, permite a EE UU proyectar fuerza en Oriente Medio. En todos los conflictos habidos en la región, esas bases han tenido un papel crucial. Esa es una carta potente. Y en Europa cuentan también con cartas similares.

Bandazos sobre el Sahara

- ¿Y los bandazos, como el relativo a Marruecos y el Sahara? ¿Se han entendido en Europa?

- Según el barómetro del Instituto Elcano, la primera amenaza que perciben los españoles viene de Marruecos, con el 23%. El cambio de política en la cuestión del Sahara no ha tenido un gran impacto porque lo han apoyado EE UU y Francia. Los americanos no quieren que pase nada que debilite al rey de Marruecos. Y en Europa, salvo Francia, el tema no interesa. La mayor dificultad de ese cambio de política ha sido hacia dentro. No se ha explicado el giro. Cambiar la política exterior es legítimo pero debería haberse explicado. Y es muy triste que siga habiendo gente en el Tinduf que lucha por mantener una reclamación política sin visos de hacerse realidad. Deberíamos ser más sinceros y realistas con esa gente. Es un asunto que habría que haber explicado y consensuado.

Gasto militar

«El debate no debería haberse planteado en porcentajes»

- ¿Los intereses de empresas privadas en el exterior deben ser considerados asunto de Estado?

- Esa pregunta me la hago en el libro en relación con la actuación diplomática del rey Juan Carlos. Hay una diplomacia económica y actores públicos ayudan a actores privados. Mejor o peor, sucede así en todo el mundo. Si hay transparencia en esas actuaciones y las empresas apoyadas se lo merecen, por su seriedad, capacidad de generar empleo y tecnología, está bien y redunda en beneficio de todos. Pero no se me escapa que hay un cierto dilema moral.

- ¿Las medidas respecto de la inmigración deberían estar absolutamente pactadas con la UE o con sus miembros?

- Nada más anunciarse la regularización que aprobó Zapatero, coincidí en una reunión con un grupo de expertos extranjeros y para mi sorpresa me afearon que el Gobierno español no hubiese pactado la medida con la UE. La acusación era: muy europeístas pero luego el Gobierno adopta actuaciones individuales. Dicho eso, creo que la iniciativa es buena. Pero aunque no ha suscitado gran oposición es cierto que en la medida de lo posible debe pactarse. Es competencia nacional, cierto. Pero estrictamente ya casi nada es solo nacional. Hay un desfase entre el proyecto europeo y los poderes que tienen las instancias europeas y los retos a que se enfrenta. Y eso significa básicamente que estamos en una situación pésima.

- ¿Por qué?

- Por un lado está el nivel de los estados, que siguen defendiendo la soberanía nacional. Por otro, el comunitario. Pero entre ambos hay un nivel intermedio, un espacio que no cubren adecuadamente ni los estados ni las instituciones comunitarias. El tema migratorio es un ejemplo clásico de eso. Uno de los motivos por los que los estados miembros no van a decir nada de la regularización del Gobierno de Sánchez es que ellos van a querer tener la posibilidad de hacer lo contrario, aún a sabiendas de que eso también tiene consecuencias para sus vecinos. No solo las tiene abrirlas.

- Entonces, ¿qué se debe hacer?

- La lógica del mundo en que vivimos nos debería llevar a más Europa, una Europa más integrada y de carácter más federal. Pero ni los gobiernos ni las opiniones públicas, salvo quizá en el caso de España, están preparadas para ese salto. Mientras tanto, tenemos lo peor de los dos mundos. Incluso en el nivel económico, la competitividad y la productividad de la Unión es inferior a lo que debería ser, fundamentalmente porque los gobiernos nacionales no quieren privarse del control que tienen sobre sus economías. Mientras eso siga así, seremos cada vez menos relevantes. Somos el 10% de la población y el 15% del PIB mundial, pero menguante en ambos casos. Y vamos a seguir menguando.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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