Domingo, 28 de junio de 2026 Dom 28/06/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

¿Qué mueve a salir a la calle?

¿Qué mueve a salir a la calle?
Artículo Completo 1,537 palabras
No tanto la carestía de la vida como las celebraciones deportivas, ¿por qué?
¿Qué mueve a salir a la calle?

No tanto la carestía de la vida como las celebraciones deportivas, ¿por qué?

Regala esta noticia Añádenos en Google Una pancarta de las que se vieron en la manifestación de este sábado. (Marilú Báez)

Cristina Vallejo

28/06/2026 a las 00:01h.

Lo que ha sucedido en el último mes en Málaga en particular y en España en general da para un análisis muy profundo que aquí ... va a ser bastante superficial.

La fiesta deportiva sacó a las calles a 185.000 personas. La marcha por la vivienda, apenas a 4.500 si se atiende a los datos de la Policía Nacional y de la Subdelegación del Gobierno, o a entre 25.000 y 30.000 si se toman los datos calculados por los organizadores. Éstos querían mirarse en el espejo de la celebración deportiva del pasado lunes: deseaban que la reivindicación del derecho a una vivienda accesible se convirtiera en algo de todos, interclasista, ideológicamente transversal; al fin y al cabo, consideran, la crisis habitacional es algo que afecta a toda la ciudadanía de una u otra manera.

Pero a la vista de los datos de asistencia a la movilización, aunque meritorios, dejan un sabor de boca un poco amargo. Sobre todo porque en Málaga, no es ya sólo que pagar la casa se lleve cada vez más porción de la renta disponible, sino que está imponiendo movimientos de la población indeseados, mudanzas forzadas por una crisis de carestía de recursos para hacer frente al coste de vivir en la ciudad. A tenor de los datos del Banco de España, ya no es suficiente con irse a la periferia ni a los municipios limítrofes para encontrar una vivienda más accesible, hay que marcharse mucho más lejos para abaratar el coste del techo.

A tenor de los datos del Banco de España, ya no es suficiente con irse a la periferia ni a los municipios limítrofes para encontrar una vivienda más asequible

En el transcurso de la manifestación, buscando testimonios al azar, SUR se encontró con varios de diferente cariz pero que atestiguan que la crisis habitacional se está convirtiendo en un mal endémico que atraviesa las vidas de las personas. Como la de Sofía Ramos, de apenas 19 años, que comparte piso con ocho personas, porque así le sale más barato (340 euros la habitación). O la de Víctor Ayala, de 25 años, que ahora paga el doble (400 euros) que hace cuatro años por el cuarto alquilado en el que vive. Ha decidido mudarse a Granada donde seguramente le costará menos. O las de Carla González de Canales y la de Darío Gámez, de 17 y 18 años, que a tan temprana edad ya sienten la incertidumbre de si van a poder vivir en Málaga o se van a tener que marchar incluso si consiguen un buen trabajo y bien remunerado, porque ése es el caso de los padres de ella y apenas ahora han logrado acceder a una vivienda en propiedad en Benagalbón.

A la edad actual de su hijo (35 años), Juan Cruz padre ya llevaba diez años viviendo en su casa en propiedad y el muchacho no tiene expectativas todavía de poderse emancipar aunque tiene trabajo y no mal salario, aunque insuficiente en proporción a lo que se pide de alquiler o de entrada para una hipoteca. Juan Cruz padre cuenta que él y sus hermanos a los 25 o 26 años ya estaban emancipados, pero que sus hijos, ya treintañeros, siguen viviendo bajo el techo familiar, como les pasa a los vástagos de Mari Ángeles Gámez y Manuel Aguilar, pese a que son ingenieros.

Pero es que con los ahorros que se ha traído por haber estado trabajando en Dinamarca Carmen Leiva, de 34 años, tampoco se puede comprar una casa en la capital y se ha tenido que ir a Casarabonela.

Otras personas que no sufren en sus carnes la carestía de la vivienda sí sienten que se ha convertido en un problema en la ciudad tan extendido que es necesario resolverlo, así que Andrés Sánchez, que ya tiene su casa pagada y no tiene hijos, decidió acudir a la protesta para reclamar soluciones.

¿Por qué, aun habiendo estos testimonios, quienes fueron ayer a la manifestación apenas supusieron una fracción de quienes celebraron el ascenso del Málaga a Primera?

Hipótesis

Buscando explicación sociológica o incluso psicológica a por qué se moviliza la gente, a las causas que son capaces de sacar a las personas a la calle, se puede lanzar alguna hipótesis.

Quizás nos encontramos todavía en la ola de las manifestaciones que tienen que ver con las identidades. O quizá vivan un resurgir, sobre todo los localismos, los regionalismos, el arraigo al terruño; que gane el Málaga alimenta el orgullo de pertenencia a este territorio, a una comunidad que arropa y en la que no hay lugar al conflicto porque el motivo de la unión para celebrar es bastante simple: una victoria. Una sociedad crispada, afectivamente muy polarizada, encuentra un remanso de paz en su unión alrededor de un triunfo deportivo. Reconforta refugiarse en ese espacio compartido y ver a la gente alegre y sin muchas complicaciones.

Durante gran parte del siglo XX las movilizaciones sobre las condiciones materiales de existencia fueron las más importantes, las más masivas. Pero desde hace décadas no logran aglutinar grandes multitudes. ¿Por qué? Para empezar, hay que echar mano del politólogo Ronald Inglehart: decía que una vez superado determinado nivel de carencias, las inquietudes sociales cambiaban y pasaban de lo material (del pan de comer) a lo inmaterial (la identidad sexual, por ejemplo).

Pero hay que introducir otros ingredientes. Y quizás la respuesta también pasa por que si bien una manifestación es una expresión festiva de una reivindicación, exige haber elaborado un discurso que justifique la protesta que se ejerce. Requiere haber hecho un trabajo, como demostraron todas las personas con las que habló SUR ayer en la manifestación por la vivienda: toda esa gente se ha tenido que explicar a sí misma lo que la ha llevado a salir a la calle; que hay un problema y exige una solución. Celebrar una victoria deportiva es sólo una fiesta. En una manifestación uno se lo pasa bien, pero también confronta, porque la propia marcha implica la existencia de un conflicto. Participar en una lucha, posicionarse, no es cómodo; tomar partido es mojarse.

En una manifestación uno se lo pasa bien, pero también confronta, porque la propia marcha implica la existencia de un conflicto. Participar en una lucha, posicionarse, no es cómodo

Y en la manifestación, además, estaban unos partidos políticos y no otros. La manifestación no era de todos. Y esto no es una crítica. Porque las fuerzas parlamentarias son expresión de las preferencias de la ciudadanía. Así que una sociedad tan polarizada afectivamente -que no tanto políticamente- no puede ceder nada al contrario: ni una persona más al inventario de asistentes a una manifestación.

Percepción de utilidad

Que no se sume más gente a una protesta por la vivienda también puede tener que ver con la percepción de su utilidad, la confianza en que las instituciones escuchen las reivindicaciones y tomen medidas para atenderlas, así que también pueden ser un termómetro para medir la calidad de una democracia.

Se apuntaba al principio que ha habido en España otros motivos para salir a la calle en el último mes: en concreto, la visita del Papa. Reunió multitudes. ¿Sirve aquí para explicarlo el argumento del sentimiento de pertenencia, de lo reconfortante que es verse arropado por una comunidad de iguales, en un lugar sin mucho conflicto o en el que se pasan por alto los que pueda haber?, ¿o el hecho de que fue una fiesta, un motivo para estar orgulloso de ser católico y español?

La tarea de los movimientos sociales para persuadir de que una gran movilización puede llevar a que cambien las políticas públicas posiblemente nunca haya sido tan difícil

Se buscan lugares en los que estar a refugio, festivos, sin complicaciones. La vida diaria es demasiado complicada como para dedicar un día de asueto, un sábado por la mañana a gritar bajo un sol que no da tregua para que luego no sirva para nada porque esto es lo que hay, porque así funciona el mercado, porque nadie quiere perder la oportunidad de dar el pelotazo si se da el caso. Puede cundir ese sentimiento resignado, apático, desencantado.

La tarea de los movimientos sociales para persuadir de que una gran movilización puede llevar a cambiar las políticas públicas posiblemente nunca haya sido tan difícil.

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir