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¿Qué nos enseña hoy el padre de la historia?

¿Qué nos enseña hoy el padre de la historia?
Artículo Completo 1,225 palabras
La obra culmen de Heródoto, Historias, que fue inspirada en las Guerras Médicas, es todavía una guía muy útil. El historiador griego postula preservar la fama de los héroes y llevar a cabo un estudio racional del pasado. Leer
LECTURAS ESENCIALES¿Qué nos enseña hoy el padre de la historia?
  • JAUME AURELL
Actualizado 10 JUL. 2026 - 01:04Estatua de Heródoto de Halicarnaso (484-425 a.C.) frente al parlamento austriaco en Viena. Fue creada en el año 1898 por el artista Karl Schwerzek.Dreamstime

La obra culmen de Heródoto, Historias, que fue inspirada en las Guerras Médicas, es todavía una guía muy útil. El historiador griego postula preservar la fama de los héroes y llevar a cabo un estudio racional del pasado.

Los historiadores no están de moda. En realidad, nunca lo han estado. Sin embargo, algo dice que son importantes para la sociedad porque las dictaduras -y algunas democracias disfuncionales- suelen tenerlos como primer objetivo de sus políticas represivas. Tenemos un canon bien fijado para filósofos, literatos, pintores y músicos, pero ¿seríamos capaces de nombrar diez de los más grandes historiadores con sus grandes obras?

Nuestra falta de interés por la celebridad se explica porque hemos recibido una formación que nos conduce a disminuir nuestro ego como autores para que sean los eventos del pasado los que hablen por sí mismos. Así sucede con los ocho historiadores que completan la serie que iniciamos hoy con Heródoto. De entre los que comentaremos en las siguientes semanas, los lectores reconocerán a Alfonso X el Sabio e identificarán probablemente a Edward Gibbon y Jules Michelet. Pero mucho de ellos se preguntarán quienes fueron C. L. R. James, Edward Thompson y las magníficas historiadoras Natalie Z. Davis y Carolyn Steedman y qué relevancia tiene su obra.

Pero hay que empezar por Heródoto, porque ya en la Antigüedad el mismísimo Cicerón le otorgó el título de "padre de la historia". Heródoto destacó por su apertura de ojos y de mente para comprender otras civilizaciones y culturas, una actitud que tanto bien nos haría recuperar en la actualidad. El historiador griego se quejaba con frecuencia de que solamente los griegos se interesaban por la cultura de los otros pueblos. Esta actitud hizo grande a Europa, cuna de exploradores y científicos, durante tantos siglos.

Me lo imagino ligero de equipaje, como Antonio Machado, dispuesto a escuchar cualquier testimonio, cribarlo con su propia crítica y disfrutar aprendiendo de otras culturas. O marchando de ciudad en ciudad, con los manuscritos de su Divina Comedia bajo el brazo como único tesoro, como el exiliado Dante. O dispuesto a jugarse el tipo cubriendo cualquier conflicto en cualquier parte del mundo, como el reportero Ryszard Kapuscinski.

Su texto Historias narra el enfrentamiento entre Persia y Grecia. Su trama es la dramatización de una batalla por la hegemonía, un duelo a muerte entre dos civilizaciones con modelos de vida diferentes: Grecia como semilla de Occidente y Persia como semilla de Irán. Desgraciadamente, hoy como ayer. Heródoto combina la descripción de los eventos históricos con el examen de las condiciones culturales y etnográficos de los pueblos que van apareciendo en la acción. Describe la geografía y la cultura de naciones tan dispares como Lidia, Egipto y Persia, Etiopía, India, Arabia y Babilonia.

Nada se resiste a su curiosidad universal. Narra tres de las batallas fundantes de la conciencia histórica de Occidente. En la batalla de Maratón (490 a.C), los griegos vencieron a las tropas persas de Darío, infinitamente superiores en número. La heroica derrota de las Termópilas (480 a.C) llenó de valor, coraje y ánimo a los atenienses, al comprobar el arrojo y heroísmo de sus conciudadanos. En la batalla de Salamina (480 a.C.), los atenienses actuaron ingeniosamente, abandonando Atenas y dejando que los persas entraran en ella para luego contratacar mortalmente -exactamente el mismo error que cometió Napoleón en su entrada efímeramente triunfal en Moscú-.

Todas estas batallas han sido repetidamente adaptadas al cine -La batalla de Maratón (1959), El león de Esparta (1962), 300: El origen de un imperio (2014)- que ha podido aprovechar toda su carga épica y heroica: un reducido batallón de soldados venciendo a todo un ejército poderoso.

Propósito

¿Cuál fue el propósito de Heródoto con su Historia? Su autor nos muestra claramente sus cartas desde el inicio: "A continuación se presentan los resultados de la investigación llevada a cabo por Heródoto de Halicarnaso. El objetivo es evitar que el paso del tiempo borre las huellas de los acontecimientos humanosypreservar la fama de los logros importantes y notables realizados tanto por griegos como por no griegos; entre los temas tratados se encuentra, en particular, la causa de las hostilidades entre griegos y no griegos." ¡Qué actuales son estas cuatro claves contenidas en estas palabras!

En primer lugar, un estudio racional del pasado como el que postula Heródoto haría innecesario acudir a soluciones espurias como los manifestos políticos de los historiadores que se escudan en banderías ideológicas para eludir su responsabilidad como científicos. Los debates historiográficos deberían dirimirse en la arena académica para que políticos y ciudadanos, después de documentarse, puedan forjar su criterio.

En segundo lugar, Heródoto nos exhorta a conservar una memoria colectiva que preserve a las sociedades tanto de la amnesia del pasado como de la hipertrofia de la memoria. Desgraciadamente, hoy predomina lo segundo: no interesa el pasado en su integridad, sino en el uso que los políticos hacen de él, como las partidistas conmemoraciones de la guerra civil y de la Transición demuestran continuamente.

En tercer lugar, el historiador griego postula preservar la fama de los héroes: hoy también tendemos a desmitificarlos excesivamente: Colón ha pasado de héroe a villano en un abrir y cerrar de ojos. ¿No habrá un punto medio? Quizás hemos olvidado demasiado frívolamente aquella admonición atribuida a Gustav Mahler: "La tradición no consiste en adorar las cenizas, sino en avivar el fuego".

En cuarto lugar, Heródoto nos anima a exaltar la historia de nuestro pueblo. Hoy hemos sustituido la autoestima -como España, como Europa, como Occidente- por una artificiosa autoflagelación, que es más bien un modo poco elegante de lavarse las manos de los desmanes actuales, echando la culpa sistemáticamente a nuestros ancestros.

Heródoto, escribiendo hace veinticinco siglos, es sorprendentemente universal y, por tanto, actual. El gran poeta T. S. Eliot pedía recuperar a los clásicos, porque ellos nos inmunizan frente al provincianismo: Heródoto nos muestra el camino.

Jaume Aurell es catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Navarra.

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Fuente original: Leer en Expansión
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