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¿Qué pinta Melania?

¿Qué pinta Melania?
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¿Un elemento decorativo o una voz silenciosa pero con peso? Analistas discrepan sobre el papel de una primera dama atípica y ausente

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Hasta mediados del pasado año la primera dama sólo había pasado catorce días en la Casa Blanca. EFE ¿Qué pinta Melania?

¿Un elemento decorativo o una voz silenciosa pero con peso? Analistas discrepan sobre el papel de una primera dama atípica y ausente

Izaskun Errazti

Sábado, 17 de enero 2026, 01:03

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El próximo 30 de enero, si Donald Trump lo permite, todos los focos estarán puestos sobre su esposa. Amazon Prime estrena 'Melania', el documental que explora los días previos a la segunda toma de posesión del magnate como presidente de Estados Unidos; un retrato íntimo que muestra a la primera dama revisando discursos, eligiendo vestuario o conversando con su equipo más cercano. Puede que sea el segundo intento de levantar la tapa sobre una mujer que ya en 2024 trató de aflojar su hermetismo con la publicación de su autobiografía tras confesar que en su primera etapa en la Casa Blanca no lo pasó bien. «La gente no me aceptaba, no me entendía», manifestó en una reciente entrevista con Fox News. Ahora, parece que toca abrirse, pero a nadie se le escapa que la película producida por Jeff Bezos, que ha costado 40 millones de dólares, llega en un contexto inevitablemente político.

Estados Unidos vive un momento de enorme atención internacional tras el delirante regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y coincidiendo, además, con el primer aniversario de su investidura, celebrada el 20 de enero de 2025. Y en este escenario, la figura de Melania vuelve a situarse en el centro del foco mediático. «Tal vez algunas personas me ven solo como la esposa del presidente, pero estoy firme sobre mis propios pies, independiente. Tengo mis propias ideas», ha defendido.

Medir la influencia de Melania sobre Trump resulta casi imposible. Por lo general, no está, aunque previo pago se dejó ver en algún acto de campaña de su marido. No aparece en las reuniones del gabinete, apenas lidera iniciativas públicas, y casi ni se sabe cómo suena su voz. Es una primera dama de perfil bajo, ausente, que hasta mayo pasado, según 'The New York Times', sólo había dormido catorce días en la Casa Blanca. Nada que ver con el ritmo frenético de Michelle Obama, que revolucionó la nutrición escolar contra la obesidad, o algo más pausado de Jill Biden, que se implicó en temas de Educación y con los militares estadounidenses. Algunas decisiones, como la de derruir el Ala Este de la residencia presidencial, dominio y lugar de trabajo de las primeras damas desde los tiempos de Jackie Kennedy, para habilitar un salón de baile no parece augurar ningún cambio en ese sentido.

Alison Posey, doctora en Filología Hispánica y profesora universitaria en Estados Unidos, no ha pasado por alto las distintas facetas que la esposa de Donald Trump exhibe en el tráiler del documental que lleva su nombre: «De aplaudidora de sonrisa gélida que encomia a su marido con palabras empalagosas; de visionaria de la moda; de madre preocupada y cariñosa...». Dice que «las máscaras de Melania» son muchas, tanto en la vida real como en la película, pero, en su opinión, «las que menos convencen son las de influencer política». Y a su «ausencia notable» en la esfera pública añade «los conjuntos defensivos» con los que la exmodelo eslovena suele vestirse: «Unas pamelas descomunales cuya función aparente es mantener al presidente a un metro de distancia».

Medir su influencia sobre Trump resulta casi imposible. Por lo general, no está

Para Posey, la moda y sus comentadas ausencias son los únicos elementos que se destacan de un perfil «enigmático para los votantes del presidente y vacío para los demás». «La política de no intervención de Melania es más que evidente» en un momento en que su marido «atenta contra los derechos de los inmigrantes y las naciones soberanas. Pero frente a la incursión estadounidense de Venezuela, las deportaciones en masa y la violencia desatada, la primera dama aparece más neutral que Suiza», lamenta.

Pese al silencio habitual de la señora Trump, quienes la rodean afirman que no es un mero elemento decorativo, que cuando habla se la escucha y que su relevancia es mayor de la que, en principio, pudiera parecer. Pero a algunos analistas, como Itziar García Carretero, les resulta «complicado determinar si las 'coincidencias'» que a veces se observan en el matrimonio «obedecen a intereses de poder o a una verdadera convicción».

En clave electoral

La experta en comunicación política llama la atención sobre dos eventos en los que el presidente rectificó o, al menos, suavizó su mensaje tras hablar con Melania. El primero de ellos fue en relación a Gaza y a sus planes para convertir su territorio devastado en un resort de lujo. El segundo, respecto a la actuación de Vladímir Putin en Ucrania. «Nunca se sabrá si lo hizo por estrategia o por convicción, pero la realidad es que sí hubo un ligero cambio», subraya.

Sin embargo, al margen de algunos pequeños gestos, «todo indica que la influencia de la primera dama «es muy limitada y está muy medida; se selecciona de manera minuciosa por parte de toda la corte de asesores», afirma García Carretero. Y sus apariciones y declaraciones siempre quedarán «en un segundo plano para resaltar la figura del presidente».

Melania funciona como «el contrapunto» de Trump: «Frente a su teatralización, proyecta la discreción y sobriedad propias del personaje secundario. Frente a la hipercomunicación y sobreexposición de su marido, ella elige muy bien cuándo y de qué hablar», sostiene la analista, quien recuerda la famosa frase 'Mi cuerpo, mi decisión' que pronunció sobre el aborto. «Todo nos lleva a pensar que lo hizo con un objetivo electoral claro: llegar a un segmento de población al que Trump no conseguía llegar».

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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