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Qué quería decir Descartes, filósofo, cuando escribió: "Divide cada dificultad en tantas partes como sea necesario para resolverla"

Qué quería decir Descartes, filósofo, cuando escribió: "Divide cada dificultad en tantas partes como sea necesario para resolverla"
Artículo Completo 1,305 palabras
Sinceridad ante todo. Lo que tenía entre mis manos el pasado domingo por la tarde mientras leía en balcón de casa no era el 'Discurso del método' de René Descartes, sino 'Jotadé', una (recomendadísima) novela de Santiago Díaz. En un momento dado de la historia uno de sus personajes cita sin embargo una de las máximas del filósofo francés. No lo hace ciñéndose a la literalidad ni con el elevado propósito epistemológico que quiso darle su autor en el siglo XVII, pero ahí estaban las palabras de Descartes con toda su carga de sentido común: "Divide cada dificultad en tantas partes como sea necesario para resolverla". En la novela el padre del protagonista, un atribulado policía, comparte esa reflexión con su hijo en un momento en el que todo parece ponérsele cuesta arriba. Es poco probable que cuando Descartes la escribió, hace cuatro siglos, lo hiciera pensando en consejos de vida o bestsellers policiales, pero lo cierto es que encaja en la novela igual de bien que lo hace en su tratado filosófico.       Dudando de todo Allá por 1637 Descartes se hizo una de esas preguntas imposibles que parecen condenadas a los callejones sin salida: ¿Cómo puedo estar seguro de la certeza de lo que considero ‘cierto’? ¿Estamos condenados los humanos rodeados de dudas, sin asideros fiables en los que apoyarnos? ¿Cómo sé que lo que juzgo 'real' no es un engaño de mis sentidos, una idea errónea que he asumido como cierta? Para salir de semejante atolladero epistemológico el filósofo hizo un movimiento curioso. Utilizó la duda contra la duda misma. Asumió que solo tenía acceso a su propia mente y constató lo evidente: que esta dudada. Luego tiró del hilo para formular la que probablemente sea su frase más famosa: "Cogito ergo sum", que suele traducirse como "Pienso, luego existo" o "Soy porque pienso". Otra forma de plantearlo es que si hay algo indudable es el acto mismo de dudar. En palabras del propio Descartes: "Considerando que los mismos pensamientos que tenemos estando despiertos pueden venirnos cuando dormimos, sin que en tal estado haya alguno que sea verdadero, fingí que todas las cosas que habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños". "Pero advertí que, mientras quería pensar de ese modo que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuera algo. Y observando que esta verdad 'pienso, luego soy' era tan firme y tan segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de socavarla, juzgué que podía admitirla como primer principio de la filosofía que buscaba".Llegados a ese punto, ¿cómo avanzar? ¿Cómo seguir recabando conocimiento válido? Para salir de ese nuevo atolladero Descartes, filósofo, matemático y físico, tuvo una ocurrencia mayor: desarrolló el denominado 'método cartesiano'. Su sistema nos anima a llevar el escepticismo por bandera y plantea una serie de pasos que resultan tan válidos para trabajar en un laboratorio como para afrontar problemas personales como los que inquietan a Jotadé en la novela de Díaz. ¿Qué pasos son esos?  Citamos de nuevo a Descartes. "El primero consistía en no admitir cosa alguna como verdadera sin haber conocido con evidencia que así era. Es decir, evitar  la precipitación y no admitir nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu que no tuviese motivo alguno para ponerlo en duda"."El segundo, en dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas partes como fuera posible y necesario para su mejor solución"."El tercero, en conducir con orden mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y fáciles de conocer, para ascender poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más complejos y suponiendo incluso un orden entre aquellos que no se preceden unos a otros"."Y el último, en hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan amplias, que llegase a estar seguro de no haber omitido nada".Descartes anima básicamente a basarse solo en análisis lógicos o (aún peor) depender de la autoridad como fuente infalible. A lo que nos invita es a recurrir a la observación y experimentación, a cultivar la duda metódica y ser minucioso a la hora de perseguir el conocimiento. Sus cuatro reglas son una guía valiosa para desarrollar un pensamiento crítico, pero su aplicación no se limita ahí.  En Xataka François de La Rochefoucauld, filósofo: "Nunca somos tan felices ni tan desdichados como nosotros creemos" Así lo reivindicaba hace unos años la escritora y profesora Shaunta Grimes en un artículo publicado en Medium, en el que se centra precisamente en el segundo paso del método de Descartes, el que nos anima a dividir los problemas. "La frase alude a su método para evaluar la lógica de una afirmación, pero sus aplicaciones son mucho más amplias", aclara Grimes. En su opinión, Descartes ofrece también una guía para afrontar problemas que parecen irresolubles.  La táctica es muy sencilla: piensa en un problema que te inquiete. Luego reflexiona sobre cómo puedes solucionarlo. ¿Complicado, verdad? Pero... ¿Y si lo despiezas? Quizás el desafío en su conjunto parezca inabarcable, pero es probable que en realidad sea una suma de problemas menores. Si logramos dividirlo en el mayor número de partes sea posible, igual que un gran puzle, seguramente encontremos una primera pieza que ya no nos parecerá tan complicada. Cambiamos un todo aparentemente irresoluble por partes manejables. Grimes lo ilustra con un ejemplo. Imagínate que un amigo te confiesa que no se siente bien. Lo lógico sería preguntarle: "¿Por qué?" Él tal vez responda que echa de menos a un familiar, que lleva tiempo sin hacer deporte, se ha pasado las últimas semanas durmiendo poco o se siente frustrado en el trabajo. Entre esa 'piezas' hay algunas que son relativamente fáciles de afrontar (si duermes poco puedes acostarte antes), otras quizás no lo son tanto, pero incluso en esos casos pueden desmenuzarse a su vez en otros problemas menores. Por ejemplo, ¿por qué te sientes frustrado en el trabajo? Quizás porque consideras que no cobras lo suficiente o porque no llega ese ascenso con el que llevas años soñando. ¿Y por qué no asciendes? Tal vez porque la última vez que quedó un puesto vacante se lo asignaron a un compañero con más idiomas, un máster que tú no tienes o que antes había alcanzado ciertos objetivos.  Ahí tendríamos otro punto concreto del que tirar. El propio Descartes anima a pensar "con orden", empezando por "lo más simple" para ir ascendiendo poco a poco hacia metas más complejos. También nos invita a ser rigurosos, volver sobre lo que hemos hecho y repasar el camino. Es método científico. Es material para bestsellers del siglo XXI. Y es una valiosa guía para afrontar problemas. Imágenes | Wikipedia y Robert Ruggiero (Unsplash) En Xataka | Hace 2.000 años Epicuro ya había entendido el secreto del placer: "Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco" - La noticia Qué quería decir Descartes, filósofo, cuando escribió: "Divide cada dificultad en tantas partes como sea necesario para resolverla" fue publicada originalmente en Xataka por Carlos Prego .
Qué quería decir Descartes, filósofo, cuando escribió: "Divide cada dificultad en tantas partes como sea necesario para resolverla"

El filósofo francés nos ofreció una valiosa guía para el pensamiento crítico... y la resolución de problemas

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Carlos Prego

Editor - Magnet

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Sinceridad ante todo. Lo que tenía entre mis manos el pasado domingo por la tarde mientras leía en balcón de casa no era el 'Discurso del método' de René Descartes, sino 'Jotadé', una (recomendadísima) novela de Santiago Díaz. En un momento dado de la historia uno de sus personajes cita sin embargo una de las máximas del filósofo francés. No lo hace ciñéndose a la literalidad ni con el elevado propósito epistemológico que quiso darle su autor en el siglo XVII, pero ahí estaban las palabras de Descartes con toda su carga de sentido común:

"Divide cada dificultad en tantas partes como sea necesario para resolverla".

En la novela el padre del protagonista, un atribulado policía, comparte esa reflexión con su hijo en un momento en el que todo parece ponérsele cuesta arriba. Es poco probable que cuando Descartes la escribió, hace cuatro siglos, lo hiciera pensando en consejos de vida o bestsellers policiales, pero lo cierto es que encaja en la novela igual de bien que lo hace en su tratado filosófico.      

Dudando de todo

Allá por 1637 Descartes se hizo una de esas preguntas imposibles que parecen condenadas a los callejones sin salida: ¿Cómo puedo estar seguro de la certeza de lo que considero ‘cierto’? ¿Estamos condenados los humanos rodeados de dudas, sin asideros fiables en los que apoyarnos? ¿Cómo sé que lo que juzgo 'real' no es un engaño de mis sentidos, una idea errónea que he asumido como cierta?

Para salir de semejante atolladero epistemológico el filósofo hizo un movimiento curioso. Utilizó la duda contra la duda misma. Asumió que solo tenía acceso a su propia mente y constató lo evidente: que esta dudada. Luego tiró del hilo para formular la que probablemente sea su frase más famosa: "Cogito ergo sum", que suele traducirse como "Pienso, luego existo" o "Soy porque pienso".

Otra forma de plantearlo es que si hay algo indudable es el acto mismo de dudar.

En palabras del propio Descartes:

"Considerando que los mismos pensamientos que tenemos estando despiertos pueden venirnos cuando dormimos, sin que en tal estado haya alguno que sea verdadero, fingí que todas las cosas que habían entrado en mi espíritu no eran más verdaderas que las ilusiones de mis sueños". 
"Pero advertí que, mientras quería pensar de ese modo que todo es falso, era necesario que yo, que lo pensaba, fuera algo. Y observando que esta verdad 'pienso, luego soy' era tan firme y tan segura que las más extravagantes suposiciones de los escépticos no eran capaces de socavarla, juzgué que podía admitirla como primer principio de la filosofía que buscaba".

Llegados a ese punto, ¿cómo avanzar? ¿Cómo seguir recabando conocimiento válido? Para salir de ese nuevo atolladero Descartes, filósofo, matemático y físico, tuvo una ocurrencia mayor: desarrolló el denominado 'método cartesiano'.

Su sistema nos anima a llevar el escepticismo por bandera y plantea una serie de pasos que resultan tan válidos para trabajar en un laboratorio como para afrontar problemas personales como los que inquietan a Jotadé en la novela de Díaz.

¿Qué pasos son esos? 

Citamos de nuevo a Descartes.

"El primero consistía en no admitir cosa alguna como verdadera sin haber conocido con evidencia que así era. Es decir, evitar  la precipitación y no admitir nada más que lo que se presentase tan clara y distintamente a mi espíritu que no tuviese motivo alguno para ponerlo en duda".
"El segundo, en dividir cada una de las dificultades a examinar en tantas partes como fuera posible y necesario para su mejor solución".
"El tercero, en conducir con orden mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y fáciles de conocer, para ascender poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más complejos y suponiendo incluso un orden entre aquellos que no se preceden unos a otros".
"Y el último, en hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan amplias, que llegase a estar seguro de no haber omitido nada".

Descartes anima básicamente a basarse solo en análisis lógicos o (aún peor) depender de la autoridad como fuente infalible. A lo que nos invita es a recurrir a la observación y experimentación, a cultivar la duda metódica y ser minucioso a la hora de perseguir el conocimiento. Sus cuatro reglas son una guía valiosa para desarrollar un pensamiento crítico, pero su aplicación no se limita ahí. 

En XatakaFrançois de La Rochefoucauld, filósofo: "Nunca somos tan felices ni tan desdichados como nosotros creemos"

Así lo reivindicaba hace unos años la escritora y profesora Shaunta Grimes en un artículo publicado en Medium, en el que se centra precisamente en el segundo paso del método de Descartes, el que nos anima a dividir los problemas.

"La frase alude a su método para evaluar la lógica de una afirmación, pero sus aplicaciones son mucho más amplias", aclara Grimes. En su opinión, Descartes ofrece también una guía para afrontar problemas que parecen irresolubles. 

La táctica es muy sencilla: piensa en un problema que te inquiete. Luego reflexiona sobre cómo puedes solucionarlo. ¿Complicado, verdad? Pero... ¿Y si lo despiezas? Quizás el desafío en su conjunto parezca inabarcable, pero es probable que en realidad sea una suma de problemas menores. Si logramos dividirlo en el mayor número de partes sea posible, igual que un gran puzle, seguramente encontremos una primera pieza que ya no nos parecerá tan complicada.

Cambiamos un todo aparentemente irresoluble por partes manejables.

Grimes lo ilustra con un ejemplo. Imagínate que un amigo te confiesa que no se siente bien. Lo lógico sería preguntarle: "¿Por qué?" Él tal vez responda que echa de menos a un familiar, que lleva tiempo sin hacer deporte, se ha pasado las últimas semanas durmiendo poco o se siente frustrado en el trabajo.

Entre esa 'piezas' hay algunas que son relativamente fáciles de afrontar (si duermes poco puedes acostarte antes), otras quizás no lo son tanto, pero incluso en esos casos pueden desmenuzarse a su vez en otros problemas menores.

Por ejemplo, ¿por qué te sientes frustrado en el trabajo? Quizás porque consideras que no cobras lo suficiente o porque no llega ese ascenso con el que llevas años soñando. ¿Y por qué no asciendes? Tal vez porque la última vez que quedó un puesto vacante se lo asignaron a un compañero con más idiomas, un máster que tú no tienes o que antes había alcanzado ciertos objetivos. 

Ahí tendríamos otro punto concreto del que tirar.

El propio Descartes anima a pensar "con orden", empezando por "lo más simple" para ir ascendiendo poco a poco hacia metas más complejos. También nos invita a ser rigurosos, volver sobre lo que hemos hecho y repasar el camino.

Es método científico.

Es material para bestsellers del siglo XXI.

Y es una valiosa guía para afrontar problemas.

Imágenes | Wikipedia y Robert Ruggiero (Unsplash)

En Xataka | Hace 2.000 años Epicuro ya había entendido el secreto del placer: "Nada es suficiente para quien lo suficiente es poco"

Fuente original: Leer en Xataka
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