Miércoles, 26 de agosto de 2026 Mié 26/08/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

¿Qué se debe?

¿Qué se debe?
Artículo Completo 443 palabras
Llama la atención la extendida resistencia a reconocer la deuda intelectual con los maestros
¿Qué se debe?

Llama la atención la extendida resistencia a reconocer la deuda intelectual con los maestros

Regala esta noticia Añádenos en Google Emilio Lledó. (EFE)

Manuel Cruz

26/08/2026 a las 00:02h.

A principios de este mes de agosto escribía Juan Cruz en la contraportada de El Periódico una hermosa semblanza de quien fuera su maestro en ... La Laguna, Emilio Lledó. En ella desgranaba los motivos, no solo de su admiración, sino también de su gratitud hacia quien no dudaba en calificar como su maestro. La semblanza no era generosa: era, sencillamente, justa. Los méritos acumulados por Emilio Lledó a lo largo de su extensa trayectoria lo hacen de sobras acreedor a este tipo de reconocimientos públicos. Fue precisamente por ello por lo que no pude evitar preguntarme por la razón por la que gestos como el de Juan Cruz se han convertido poco menos que en una rareza ocasional (difícilmente encontrable fuera de los obituarios). A lo largo del siglo XX fueron muchos los que, en diversos momentos y circunstancias, repitieron la frase «somos una generación sin maestros». Entre filósofos ha sido habitual asociarla al entierro de Ortega en Madrid en 1955, así como al sentimiento de orfandad y desorientación en que quedaron tantos jóvenes pensadores tras el exilio de sus referentes intelectuales provocado por el franquismo.

Pero la capacidad de gratitud o de reconocimiento de la deuda contraída parece haberse agotado. Está más a la orden del día el «no le debo nada a nadie» que el «esto lo supe por…». Por supuesto que habrá quien replique que lo que realmente ocurre es que no ha habido, después de los mencionados, figuras a su altura o cualquier otra variante del manriqueño «cualquier tiempo pasado fue mejor». El argumento resulta tan insostenible como, simétricamente, el del viejo profesor, cansado y gruñón, que anda repitiendo todo el día que los estudiantes de hoy no son como los de antes y que ya no leen ni se interesan por nada. En definitiva: no son como sí eran ellos.

Que esto pueda ser interpretado como un signo de los tiempos no significa en modo alguno que sea algo digno de celebrar. Al contrario, más bien habría que considerar como un severo empobrecimiento colectivo esa generalizada resistencia a aceptar que quizá lo mejor de lo que somos se lo debemos a otros, y en modo alguno constituye un mérito propio del que tengamos derecho a alardear. Francamente, no sé de dónde ha salido esa inquina hacia la humildad...

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir