Casi simultáneamente, PP y Vox hablaron ayer de "cambio" y "alternativa". "No estamos ante un curso político más; éste es el curso político del cambio", lanzó el portavoz popular, Borja Sémper, y Santiago Abascal esbozó como "absolutamente necesaria la construcción de la alternativa que España necesita para este año". Así, las dos derechas españolas arrancaron ayer el curso político con la vista puesta en el horizonte que llegará, a más tardar, el verano que viene: la convocatoria de elecciones generales. También a esa cita miró el presidente del Gobierno, pero Pedro Sánchez lo hizo precisamente para restar validez a esa "alternativa" que la derecha aspira a aupar en las urnas.
"Hay mucha gente que puede pensar, legítimamente además, después de ocho años de administración de un gobierno de coalición progresista, [que] la alternancia no está mal, es buena en democracia", sostuvo Sánchez ayer en una entrevista en la Cadena Ser -y él mismo dijo que "siempre es buena"-. Aunque, acto seguido, el jefe del Ejecutivo matizó: "Pero es que hoy no tenemos una propuesta de alternancia". Ahondó después Sánchez en esa crítica cuando dijo que al hablar de esa "alternancia", en el contexto actual, "estamos hablando de una involución que se ha visto en otras partes del mundo". "No solamente por la presencia de Vox en la ecuación", había deslizado antes, acusando al PP de "escorarse" y "hacer de la oposición destructiva su razón de ser".
"Si de verdad creen que no hay alternancia y que va a ganarnos en las urnas que convoque elecciones cuanto antes", responden fuentes del PP a la deslegitimación que hizo ayer Sánchez de la alternativa política que constituye la derecha española. No creen los populares que la percepción del presidente del Gobierno sobre esa ecuación conservadora sea "compartida por la ciudadanía de este país", y para sostener este argumento apelan a los últimos sondeos, como el que publicó ayer EL MUNDO, que concede 204 diputados a la suma de PP y Vox. "Dan a la derecha un apoyo histórico y dejan a la izquierda en su mínimo de siempre", señalan las fuentes populares, que ahondan: "Nunca hubo menos apoyo para la suma del PSOE con la extrema izquierda del que en este momento tiene el bloque de Pedro Sánchez".
A juicio del PP, esto responde a que la ciudadanía "sí contempla la alternancia" que ayer el presidente del Gobierno deslegitimó y a que, creen también los populares, "nada da más miedo a España que otro mandato con él [Sánchez] al frente de la Presidencia".
Minutos antes de lanzar esa crítica a la alternativa de gobierno que puede salir de las urnas en las próximas generales, Sánchez había precisamente censurado a PP y Vox por hacer eso mismo. "Sé que para una parte importante de la oposición [...] yo no tendría ningún derecho a tener vacaciones, tampoco a ser presidente del Gobierno, porque no soy un presidente legítimo, pese a que hayan votado los ciudadanos, pese a que las Cortes Generales me hayan conferido esa confianza". Sánchez dijo tomárselo "con deportividad", y poco después despreció la alternativa que pueda constituir la derecha española y afirmó que "peleará con uñas y dientes para que no se dé en nuestro país" lo que cree una "involución".
Avanzó así el que podría ser uno de los argumentos de campaña que abandere el presidente del Gobierno de cara a la próxima cita con las urnas, cuya fecha evitó despejar -"puede haber un adelanto técnico o no", deslizó-. Ya en junio del año pasado, con el estallido del caso Cerdán derivando en que se cuestionara la continuidad del Ejecutivo, Sánchez esbozó una tesis similar cuando, dirigiéndose a la ciudadanía, advirtió que "entregarle las riendas del país a una coalición del PP con Vox, que están impulsando una agenda reaccionaria [...], sería una tremenda irresponsabilidad".
"Pedro Sánchez durante este curso político va a hacer lo posible y lo imposible, lo legal o lo ilegal, para intentar destruir a la oposición política", lanzó ayer por su parte Abascal, para después trasladar esa llamada a constituir una "alternativa" en la que coincidió con el PP. Ninguno de los dos, ni populares ni Vox, se mencionaron ayer recíprocamente en esa ecuación, aunque Abascal sí evitó en todo momento confrontar con Alberto Núñez Feijóo. Y en ese tono marcó la tónica para el nuevo curso político.