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"¡Que nadie se mueva!": los tensos 10 minutos de silencio en los que todo se detiene para tratar de oír voces bajo los escombros

"¡Que nadie se mueva!": los tensos 10 minutos de silencio en los que todo se detiene para tratar de oír voces bajo los escombros
Artículo Completo 1,271 palabras
En medio del ruido y la destrucción, el silencio se vuelve una herramienta clave para que rescatistas y voluntarios intenten detectar señales de vida bajo los escombros.
"¡Que nadie se mueva!": los tensos 10 minutos de silencio en los que todo se para para tratar de oír voces bajo los escombros

Fuente de la imagen, BBC Mundo

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    • Autor, Norberto Paredes
    • Título del autor, BBC News Mundo
    • Informa desde, Enviado especial a La Guaira
  • Fecha de publicación 11 minutos
  • Sobre una gran e inestable montaña de concreto, hierro y polvo, una decena de personas retiran bloques, piedras, vigas, a la espera de encontrar sobrevivientes o cadáveres.

    De repente, todo se para. Hay gritos, carreras, abrazos. Un rescatista cree oír una voz bajo los escombros. Piensa, esperanzado, que es un sobreviviente pidiendo ayuda.

    "Dios mío, gracias", suelta una mujer de unos 60 años. "¿De verdad?", pregunta otra, incrédula, cubriéndose la boca.

    La noticia se propaga rápidamente por los alrededores de las Residencias Mariola y Maribel, frente a El Yate, una playa en La Guaira que solía estar llena de gente pasando un día soleado hasta que el terremoto del miércoles en Venezuela demolió casi todo.

    Solo una de las dos torres del complejo permanece en pie: de 6 pisos sólo quedan cuatro y medio inclinados, con la sensación de que pueden colapsar en cualquier momento.

    La otra torre parece haber sido tragada por la tierra.

    En cuestión de segundos, la esperanza se propaga.

    Varios rescatistas corren hacia la avenida y hacen señas desesperadas para que apaguen los motores, detengan las grúas y silencien los taladros. El ruido, un enemigo más en este momento en La Guaira, se va desvaneciendo poco a poco.

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    Los rescatistas trepan los escombros, se arrodillan, inclinan la cabeza. Tratan de escuchar.

    "¡Por favor, déjennos oír. No hagan ruido! Parece que hay alguien aquí", pide uno desde lo alto.

    "Shhhh… silencio, por favor", se repite en cadena.

    El silencio contiene la esperanza de encontrar un sobreviviente. Sólo el sábado se encontraron a 33 personas aún con vida tras un terremoto que oficialmente ha dejado casi 1.450 muertos, cifra que sube con las horas.

    A cada minuto las esperanzas menguan.

    Las decenas de personas presentes en la escena callan. De fondo se escucha el ruido de otras zonas de rescate. Dan ganas incluso de contener la respiración.

    "¡Diga algo para escucharlo, por favor. Somos un equipo de rescatistas!", gritan a un destinatario desconocido, oculto bajo kilos o toneladas de concreto.

    Esas palabras rompen un silencio que se ha vuelto casi sagrado, sepulcral en las Residencias Mariola y Maribel.

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    Solo lo interrumpen algunos susurros y el crujido de piedras bajo los pies de quienes intentan acercarse sin hacer ruido.

    "¡Que nadie se mueva!", grita una voz con un deje de exasperación. "¡Dejen oír, por favor!".

    Durante diez minutos, el tiempo parece suspenderse. Nadie habla. Nadie respira.

    Los vecinos han alertado a equipos profesionales que se encontraban cerca. Llegan en cuestión de minutos. Pero casi con la misma rapidez se van.

    No hay respuesta al llamado. Ningún sonido emana desde los escombros.

    Los profesionales lo declaran falsa alarma. Y las caras cambian drásticamente.

    Sin embargo, Ronnie Navarro no está dispuesto a desfallecer. Llegó el sábado desde Puerto La Cruz, una ciudad a unos 350 kilómetros de La Guaira, para ayudar a sacar a su tío de los escombros.

    Visiblemente agotado, Ronnie mira a sus compañeros, quienes continúan retirando escombros.

    "El [rescatista] que escuchó dice que alguien estaba vivo. Están partiendo la pared para ver si lo sacan", le dice a BBC Mundo Ronnie, ajeno a la declaración oficial de falsa alarma.

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    "Hay cuerpos ahí, presionados. Los familiares de los que vivían ahí estamos colaborando porque el gobierno no quiere ayudar", se queja.

    "Las autoridades no dicen nada. Pasan, echan una miradita y se van. Como no tienen familiares ahí…".

    De su tío aún no hay noticias: "No lo han sacado", dice con la voz quebrada.

    La emoción que muchos sintieron hace unos minutos rápidamente cede paso a la frustración. Y la frustración, tanto aquí como en el resto de La Guaira, empieza a transformarse en rabia.

    Zuly Marín, una bioanalista de 66 años, tenía más de una década viviendo en las Residencias Mariola y Maribel. Cuando ocurrieron los terremotos, había salido de compras y, en lugar de regresar a su casa, decidió ir a visitar a su papá. Esa decisión le salvó la vida.

    "Perdí a mi sobrina y a mi cuñado", le dice a BBC Mundo. "Ha habido una tardanza en el proceso de rescate. Pienso que si [las autoridades] hubieran llegado antes, muchas personas habrían sido salvadas".

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    A pocos metros, Belkys Valecillo observa con temor la maquinaria pesada que trabaja en la avenida principal y en otros edificios adyacentes

    "Mi hermano, mi sobrino y mi cuñada están en el primer piso de aquella torre, tapados", le dice a BBC Mundo.

    "Un experto de El Salvador nos dijo que no se explica cómo hay maquinaria pesada funcionando ahora, cuando tendrían que esperar, por protocolo, ocho, nueve o diez días, que es cuando ya no deberían quedar personas vivas. Apenas han pasado cuatro días".

    Belkys dice que en el edificio de su hermano, en el conjunto residencial Caribe —que se derrumbó por completo y está justo al lado de las Residencias Mariola y Maribel— hay tres familias abriendo huecos para sacar a sus seres queridos.

    "Ya sacaron a varios muertos y hay más", cuenta.

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    Al caer la noche, la energía vuelve durante unos instantes. Sobre la pila de escombros donde solía estar el conjunto residencial Caribe, algunas personas comienzan a moverse con rapidez y desesperación. Otros corren por la calle pidiendo silencio. Un grupo de enfermeros se acerca al lugar. Todos quieren ayudar.

    Un joven dice que escuchó a alguien dentro de los escombros. Regresa la esperanza de que alguien pueda seguir con vida.

    "¡Agua, agua! Traigan agua para los socorristas", grita alguien entre la multitud mientras una decena de hombres trabaja con rapidez.

    La escena vivida en las Residencias Mariola y Maribel se repite. Y los profesionales declaran otra falsa alarma.

    Media hora después, entre los escombros, en lo profundo, alguien alcanza a ver algo.

    Son dos cuerpos inmóviles.

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Fuente original: Leer en BBC Mundo
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