Cátedra Jean Monnet-Esade
02/05/2026 a las 18:57h.Una de las ventajas que tenía Donald Trump al empezar la guerra contra Irán era que no había detallado con precisión sus objetivos. En los ... primeros días de los ataques esta indefinición estratégica le aportaba flexibilidad. Podía declarar victoria y salir de un conflicto corto, como el del verano pasado. Nueve semanas después, la situación es muy diferente: el presidente estadounidense no encuentra una buena salida y el alto el fuego favorece a la potencia más débil, que no se ha rendido y con ayatolás y generales aún en el poder.
Las autoridades militares y religiosas iraníes están dispuestas a martirizar aún más a su población con tal de mantenerse a flote. Han aprendido en poco tiempo a utilizar un arma barata y fácil con la que debilitar a la economía global, el cierre de Ormuz, por donde pasa el veinte por ciento del petróleo del mundo.
Para obligar a Irán a desistir de sus planes de ser una potencia nuclear no basta con contribuir al bloqueo del estrecho o lanzar una nueva lluvia de misiles sobre Irán. Es preciso una negociación de varios años, con incentivos como el levantamiento de sanciones económicas. Esta solución racional tiene el inconveniente de que Estados Unidos solo lograría a corto plazo reabrir el estrecho, es decir, volver a la situación de hace dos meses, algo que por sí solo no justifica esta guerra.
Los demás objetivos de Washington se tratarían en muchas horas de conversaciones Irán-Estados Unidos, pero sin la seguridad de conseguirlos. Sería la vuelta al proceso diplomático en marcha antes de la guerra, despreciado por los negociadores designados por Trump, su yerno y su colega favorito del sector inmobiliario. Estos dos acólitos destacan en cualquier foro internacional por su falta de conocimientos y preparación, salvo cuando se trata de explorar negocios para la familia. En definitiva, sin paciencia y diplomacia no se conseguirá nada.
Lo que está ocurriendo en el Golfo se puede recapitular con la frase del embajador Ryan Crockeren, que resumía el fracaso de la negociación con los talibanes en Afganistán: «América tenía el reloj, pero ellos el tiempo».
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