El crack francés, que apunta a titular en el derbi, afila sus colmillos tras acumular más de 40 días sin ver puerta
Camavinga y Mbappé en el banquillo visitante del Etihad.FOTO CHEMA REY- JOEL DEL RÍO
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La lesión de Kylian Mbappé ya forma parte del pasado. Su regreso no deja lugar a dudas. "Os dije que el día que volviera sería al 100%. En Mánchester lo demostró. Todo se basa en sensaciones: cómo se encontró y cómo está en los entrenamientos”, explicó Álvaro Arbeloa en la previa del derbi del Bernabéu.
Sus minutos ante el Manchester City no fueron solo un regreso, sino una declaración de intenciones. Atrás queda un esguince de rodilla que se prolongó más de lo previsto, quizá más de lo recomendable, en un intento constante por no detenerse. Porque Mbappé le costó demasiado parar. Se apuntó a última hora a la final de la Supercopa de España y, a partir de ahí, enlazó su versión más reconocible: nueve goles en seis partidos. Convocatoria frente a la Real aunque salir del banquillo, viaje a Lisboa para medirse al Benfica y un último partido frente a Osasuna en El Sadar. Aquella fue su última aparición en un once.
42 días de desierto... sin gol
En la víspera del duelo de vuelta ante el Benfica, el cuerpo dijo basta. Las molestias, que nunca habían desaparecido del todo, regresaron con más intensidad y las pruebas confirmaron lo inevitable: la lesión seguía ahí. Era momento de detenerse. Comenzó entonces un periodo extraño, casi impropio de un jugador de su naturaleza. Un total de 42 días sin marcar. Un desierto para un futbolista que ha construido su carrera a golpe de gol, aunque hasta ese punto incluso limitado había seguido produciendo con una regularidad asombrosa. Su último tanto, en Mestalla, quedó como una referencia lejana.
Mbappé y su particular travesía por el desiertoMbappé afina puntería antes del derbiAhora, el contexto es distinto. Mbappé regresa en un equipo que ha crecido sin él. Arbeloa ha conseguido ajustar las líneas, reforzar el bloque y elevar el nivel competitivo desde lo colectivo. El equipo ha aprendido a competir y a ganar desde el equilibrio. Un orden que se pondrá a prueba con el regreso del 10 al once blanco. Pero el siguiente paso exige algo más. Exige recuperar al jugador que marca la diferencia. Y eso implica volver a integrar a Mbappé, reordenar el sistema y devolverle el protagonismo sin romper lo construido.
Caza abierta para el 10
Las señales invitan al optimismo. Tras su paso por Mánchester, sus sensaciones no han dejado de mejorar. En Valdebebas transmiten que está al 100% y con unas ganas desbordadas. Su última titularidad, el 21 de febrero en Pamplona, fue el reflejo de un futbolista irreconocible. Sin explosividad, sin ventaja en el uno contra uno, sin ese instinto que le convierte en decisivo. Aquello marcó el límite y que tocaba parar.
Hoy, el escenario es otro. Más descanso, mejores sensaciones y un objetivo claro en el horizonte más inmediato. Mbappé regresa tras su travesía por el desierto. Y lo hace en el momento exacto en el que el equipo necesita que vuelva a ser lo que siempre ha sido: determinante. "Va a jugar seguro y no le veo inconveniente en que se vaya con la selección. Me parece fenomenal", aseguró.
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