El tablero político saltó por los aires tras una ola de indignación que puede resurgir ahora, pero en dirección contraria
Regala esta noticia Añádenos en Google La Puerta del Sol de Madrid con la acampada del 15-M. (Archivo) 24/05/2026 a las 01:02h.Cuando se cumplían los tres lustros del 15-M, el último gran movimiento social que la enorme crisis financiera de 2008 hizo estallar en España, ... en Andalucía tenían lugar los actos de cierre de la campaña electoral. Dos días después los comicios revalidaban la mayoría del Partido Popular -aunque no absoluta, por lo que ahora dependerá de un Vox que ha registrado una ligera subida-, daban un nuevo mínimo histórico para el PSOE y proporcionaban el mantenimiento de Por Andalucía (IU, Sumar, Equo y Podemos, entre otros) y el ascenso de Adelante Andalucía. Ésa puede ser una síntesis. Otra puede ser ésta: las derechas vuelven a superar en respaldo a las izquierdas en Andalucía, como ha sucedido también últimamente en Castilla y León, Extremadura o Aragón y siempre -exageramos- en la Comunidad de Madrid. El Gobierno de España, formado por varias organizaciones de la izquierda estatal, necesita para mantenerse de otras tantas fuerzas periféricas, de signo progresista en unos casos, pero también conservador, en otros, a las que por el momento disuade de apoyar a la derecha nacional la irrupción de Vox.
Los nombres de las organizaciones que entonces se hicieron famosas como portavoces del descontento social eran muy expresivos de las preocupaciones: Juventud Sin Futuro o Democracia Real Ya
Simplificando, porque todo es mucho más complejo, la sociedad observaba que mientras se rescataban bancos con dinero público, irrumpía la era de la austeridad, se aplicaban recortes a sueldos públicos, prestaciones y servicios estatales, se disparaba el desempleo, se multiplicaban los desahucios, y ya entonces, en 2011, la juventud se veía a sí misma como una generación sin futuro y sin la más mínima posibilidad de comprarse una vivienda en la vida. Los nombres de las organizaciones que entonces se hicieron famosas como portavoces del descontento social eran muy expresivos de esas preocupaciones: Juventud Sin Futuro, Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) o Democracia Real Ya.
Sí, Democracia Real Ya: daba fe de una inquietud que también se expresaba en forma de lema, o de hashtag: #PPSOE. Las dos fuerzas del bipartidismo se consideraban indistinguibles a ojos de los manifestantes, simpatizantes, involucrados en el 15-M: les atribuían una misma gestión en favor de las élites y en contra de las clases populares, misma corrupción e impunidad a la hora de asumir responsabilidades, lo que llegó a ser clamoroso cuando se conoció la trama de las tarjetas 'black' de Bankia, de las que disfrutaron personas de todo signo político.
La juventud de hasta 30 o 35 años no sólo cuestionaba la gestión de una crisis económica a base de recortes, sino que ponía en cuestión todo el sistema pactado durante la Transición, al que acusaba de haber sedimentado una estructura de poder que necesitaba urgentemente correcciones y profundización democrática.
Podemos: de capitalizar el 15-M al ruido
El tablero político saltó por los aires: Podemos capitalizó en gran medida el 15-M y sus reivindicaciones. Dio la campanada en las elecciones europeas de 2014 y en 2015 llegó a encabezar encuestas electorales a nivel ya estatal.
José Luis Rodríguez Zapatero tuvo que recortar -para la historia queda esa primavera de 2010 en que desde el Congreso anunció una batería de medidas de ahorro- para recuperar la confianza de los mercados que en aquel momento se medía por la prima de riesgo y que no era otra cosa que los intereses que los inversores exigían a España para prestarle el dinero que necesitaba. La gestión de la crisis, los recortes... le costaron la presidencia a Zapatero. Pero Mariano Rajoy siguió la misma estela. No porque uno u otro quisieran, hay que insistir: era el mandato de «los mercados», de las misiones de «los hombres de negro» que visitaban los países que se habían convertido en los parias de Europa para vigilar que la austeridad se siguiera como la nueva regla de oro, porque ésa era la norma en el Viejo Continente impuesta por los países «frugales» -así se les llamaba- del norte, capitaneados por la Alemania de Angela Merkel.
Pedro Sánchez construyó una historia épica sobre sí mismo y se podemizó para salvar al PSOE del asedio de Podemos
Podemos capitalizó el descontento, decíamos. El PSOE se sintió acorralado, al borde de perder la hegemonía en la izquierda. ¿Quién no se acuerda de ver escrita la palabra 'sorpasso' en los titulares? A partir de que Pedro Sánchez tomó el timón del Partido Socialista, construyó una historia épica sobre sí mismo, se convirtió él mismo en un hombre contra el sistema, contra el 'establishment'. Quienes lo acusaron de «podemizarse» acertaron, y sucedió antes de que formara Gobierno tras la moción de censura a Mariano Rajoy en 2018 -que Pablo Iglesias se trabajó muy a fondo concitando los apoyos de las fuerzas periféricas-. Porque Sánchez ya antes había hecho una enmienda a la totalidad a ese 'hashtag' #PPSOE con su «no es no» a facilitar la investidura del PP, lo que también propició una época con inéditas repeticiones electorales.
En paralelo, Podemos se fue desmembrando. De una primigenia estrategia populista, Pablo Iglesias regresó a sus orígenes encuadrados en la izquierda clásica (la foto de los botellines con Alberto Garzón fue el hito que lo escenificó) y su línea venció en Podemos frente a la de Errejón (sentimentalmente ligado al peronismo y partidario de una estrategia más trasversal), que terminó rompiendo y emprendiendo otro proyecto político. Ahora los de Errejón están en Más Madrid, no lograron una implantación territorial sólida en ninguna otra parte.
También se fueron de Podemos los Anticapitalistas que ya se habían ido previamente de IU, como en realidad todos los que una vez se organizaron en Podemos, porque Podemos sale de Izquierda Unida y del PCE -quizás salvo la línea errejonista-. Cayo Lara, excoordinador general de IU, sufrió mucho por entonces con la fuga de cuadros que veían un futuro más próspero entre los morados que en una organización «vieja» pero que hoy por hoy conserva más respeto e influencia que la que en 2014 era nueva.
Estas vías de agua que terminó sufriendo a la larga también Podemos y la rebaja en sus pretensiones programáticas -de querer asaltar los cielos a pelear por un modesto ingreso mínimo vital-; todo esto y los problemas para configurar una estructura coherente y bien asentada territorialmente fueron mermando los resultados de los morados, al punto que parece que al público general lo que de ellos ahora llega es ruido por falta de dirección clara: ¿Se unen al resto de las izquierdas, o no?, ¿sólo de las soberanistas o también con las demás?, ¿prefieren marcar distancias con el Gobierno progresista para alimentarse de las frustraciones que generan en la sociedad?
En la derecha en estos años también han pasado muchas cosas: nació Ciudadanos y creció al calor del procés -se dice que las élites catalanas, Artur Mas en concreto, decidieron canalizar el malestar provocado por la crisis económica hacia el soberanismo, hacia el independentismo-. Pero los naranjas se desinflaron hasta desaparecer. Y al PP le salió una escisión en forma de Vox, primero también alimentada por la respuesta al independentismo catalán, pero a la que después ha ido sumando cada vez más ingredientes reaccionarios.
Cambios en las políticas económicas
¿Qué queda del 15-M, entonces? En la subida y el sorpasso que Adelante Andalucía ha propinado a Por Andalucía se escuchan los ecos de aquello que pasaba hace tres lustros. Cierto lenguaje, ciertas actitudes riman con eso que ya sólo los cuarentones tienen bien asentado en la memoria que ocurrió en 2011 y años siguientes.
Las crisis económicas ya no se gestionan con austeridad, recortes y ajustes, sino con medidas de protección social e inversión pública
Pero quizás a quienes no se les ha olvidado lo que sucedió en el 15-M es a los Gobiernos de todo signo y a las máximas autoridades europeas. Las crisis ya no se gestionan como la de 2008, con austeridad, recortes y ajustes. Se procura preservar también una cierta cohesión social con medidas de protección del empleo (como con los ERTE durante la pandemia), con planes de estímulo como los multimillonarios fondos europeos para la transformación económica del Viejo Continente y con medidas puntuales cuando arrecia la inflación por guerras y desastres. No son decisiones exclusivas de España. Es la tónica en toda Europa como hace quince años era la austeridad. Es posible que se quiera evitar otro estallido social.
Quizás explicar así este cambio de sesgo en la política económica sea atribuir un éxito excesivo e inmerecido al 15-M y posiblemente en realidad sólo se trate de puro cálculo económico porque se haya comprobado que a la larga sale mejor el estímulo que el recorte; o simplemente se trata de crisis económicas diferentes la de entonces y las de ahora y los tratamientos a aplicar han de ser por tanto distintos. Pero de lo que no hay duda es de que el problema de la vivienda que se atisbaba por entonces se ha cronificado, y es el motivo que más mueve a la juventud ahora a manifestarse, con convocatorias este mismo fin de semana en Madrid y en poco más de un mes, el 27 de junio, en Málaga.
Aunque antes de esto fue el feminismo el que protagonizó las movilizaciones en la calle, en paralelo -y en disputa también- con las realidades identitarias y sexuales diversas.
El 15-M desbarató el tablero político. Abrió un periodo de predominio progresista -en el que se encuadran también estas últimas movilizaciones- cuyo único y último superviviente es Pedro Sánchez y su Gobierno de coalición que cada vez se enfrenta a más problemas, el más importante de los cuales, la corrupción, puede tener unas consecuencias que trascienden la propia suerte del Ejecutivo: puede comenzar a cundir la antipolítica, el desapego, el descrédito, una nueva crisis de representación, la indignación (¿recuerdan el libro '¡Indignaos!', de Stéphane Hessel, en los prolegómenos del 15-M, llamado también el movimiento de los indignados?).
La indignación del 15-M de 2011 fue democrática, asamblearia, abierta, libre... la incógnita está en el tono que adoptará la que puede estar despertándose ahora. Parece que los vientos que soplan vienen en dirección contraria.
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