Para terminar su agenda del día, León XIV se sentó a la mesa con miembros de la Real Academia de Gastronomía, donde bebió un rosado de León, y un blanco y un tinto del Bierzo
Regala esta noticia Añádenos en Google El menú de Lhardy, escrito a mano, para la cena del domingo del Papa. (R. C.)Madrid
08/06/2026 Actualizado a las 18:28h.Después de la larga jornada del domingo, León XIV cenó en el Palacio Episcopal un menú con varios manjares españoles, algunos siguiendo recetas de casi ... 200 años. Los aperitivos fueron jamón ibérico de Huelva y salmón ahumado; luego vinieron las croquetas de cocido. De entrantes hubo quisquillas de Motril convertidas en ensaladilla, una tortilla de patata clásica y un gazpacho de centollo. Nada más empezar ya se reunían productos y sazones de varias autonomías, desde Andalucía hasta Galicia.
Unos minutos antes de las 19:30, cuando comenzó la cena, había dicho en su discurso: «En este hermoso país es imposible no admirar la huella de creatividad que atraviesa su historia y da forma a su identidad. Una hermosura visible en sus ciudades, calles, monumentos; en las plazas y jardines, en sus universidades e iglesias. En la música, pintura, danza. En su gastronomía».
En su mesa, los platos, preparados por los cocineros del restaurante madrileño Lhardy, uno de los más antiguos de España, querían ser una «muestra representativa de la riqueza y diversidad del patrimonio gastronómico español». Servidos en la casa del cardenal José Cobo, el arzobispo que ha acompañado al Papa en varias de sus citas por la capital, y ofrecidos por la Real Academia de Gastronomía, también quisieron «rendir homenaje a recetas profundamente arraigadas en nuestro patrimonio culinario y representativas de esa gastronomía transversal que nos une como país, como las croquetas -en este caso, de cocido, como guiño a nuestros pucheros-, la ensaladilla o el gazpacho», aseguraron sus anfitriones en un comunicado. Pero también había un acatamiento a los gustos del Pontífice, sobre todo para la última comida de una agotadora jornada.
Casi dos horas después de comenzar la cena, en la que el agasajado saludó uno por uno a los asistentes, incluida la veintena de empleados del restaurante, se sirvió el postre. Un soufflé preparado siguiendo la receta ancestral de Lhardy.
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