María José Berlanga, vicerrectora de la UMA
«Quizá entre el propio profesorado es donde haya más silencio ante posibles situaciones de acoso»La responsable de Igualdad y Política Social de la UMA aborda el caso de la profesora sancionada con tres años de suspensión por acosar sexualmente a un compañero y defiende la actuación de la institución académica
Regala esta noticia Añádenos en Google María José Berlanga, en el Pabellón de Gobierno de la UMA. (Marilú Báez) 03/10/2026 Actualizado a las 05:45h.La reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) que avala la sanción de tres años de suspensión de empleo y sueldo impuesta ... por la Universidad de Málaga a una profesora por acoso sexual a un compañero ha puesto el foco en cómo afronta la institución este tipo de situaciones.
-El TSJA ha avalado la sanción de tres años de suspensión de empleo y sueldo impuesta por la UMA a una profesora por acosar sexualmente a un compañero. ¿Supone esta resolución un espaldarazo a la actuación de la institución?
‐ La resolución lo que viene a corroborar es que la institución hizo su trabajo y lo hizo bien.
‐ Este caso se rompe el esquema más habitual: la víctima era un hombre y la persona sancionada, una mujer. Ambos eran profesores y no existía relación jerárquica entre ellos. ¿Seguimos teniendo una visión demasiado estereotipada sobre quién puede sufrir y quién puede ejercer el acoso sexual?
‐ Posiblemente sí, pero esa visión viene, quizá, de aquellas personas que no viven en el día a día las situaciones que se pueden dar en un ámbito de convivencia, sea el que sea. En este caso estamos en la universidad, pero cuando uno está dentro de esas situaciones comprueba que las posibilidades son muy amplias. Por tanto, esa óptica debe tener una mayor amplitud de miras y entender que cualquier posibilidad de acoso o de abuso es posible.
‐ La UMA ha hecho públicos ocho casos en los que se activó formalmente el protocolo contra el acoso desde 2017: siete víctimas eran estudiantes y una pertenecía al PDI. Una estadística así para una universidad del tamaño de la UMA hace pensar que puede existir una bolsa de situaciones que nunca llegan a denunciarse.
‐ No, porque hay muchos casos que se solucionan sin tener que llegar a la comisión de acoso ni activar el protocolo. Hay una intervención por parte del vicerrectorado donde puede quedar resuelta la situación. También está la ayuda y el acompañamiento constante, que es algo que hacemos desde el primer momento con todas las víctimas o posibles víctimas. Afortunadamente, en la Universidad de Málaga podemos decir que el nivel de convivencia es relativamente óptimo.
«Me preocupa que entre una parte de los jóvenes se extienda la idea de que la igualdad ya está conseguida»
‐ ¿De qué depende que se active el protocolo contra el acoso?
‐ Más que de la naturaleza del caso, muchas veces depende de la gravedad y del hecho de que en una primera intervención no se pueda llegar a una solución. Cuando ocurre eso, es cuando se pone en marcha y se activa dicho protocolo.
‐ ¿Cuántos casos de posibles situaciones de acoso pueden llegar a lo largo de un curso y resolverse mediante una intervención sin activar el protocolo?
‐ El curso pasado, registramos 11 casos sobre temáticas diversas, a veces objeto de protocolo y otras no por su índole. Se han solventado sin dar apertura a la comisión, excepto un caso. Éste llegó a finales de julio y este mes de septiembre concluyó dando audiencia a la parte denunciada. Las cifras son similares a las de los años anteriores.
‐ ¿El perfil de las víctimas sigue la tendencia de las estadísticas y son mayoritariamente mujeres estudiantes?
‐ Sí, ese es el perfil.
‐ ¿Y cuál es el de la persona acosadora?
‐ Normalmente, un compañero o compañera, o PDI. Pero muchas veces tampoco podemos hablar directamente de acoso en el sentido en el que se puede entender el acoso sexual. En ocasiones se trata simplemente de un comportamiento inadecuado. Todo eso entra dentro de lo que nosotros entendemos que debemos atender. Lo hacemos con cada una de las solicitudes que nos llegan, ya sea a través de nuestro correo o en persona. Afortunadamente, tenemos una política muy importante de prevención contra las conductas de acoso sexual y la comunidad universitaria conoce que existimos y que puede dirigirse directamente al vicerrectorado para contar una situación.
«El nivel económico para pagar un piso no puede determinar quién puede estudiar en la UMA»
‐ ¿Existe todavía miedo a denunciar un posible acoso cuando la otra persona es un profesor, un superior o alguien con quien se comparte departamento o carrera académica?
‐ No sé si me atrevería a llamarlo miedo, que puede que también exista, pero sobre todo está la duda de pensar: «¿Me va a perjudicar más de lo que me va a beneficiar?». Es un tema de debate muy interesante. En los diferentes congresos sobre igualdad siempre se pone sobre la mesa. Y no solamente ocurre entre estudiantes y profesorado, sino también entre el propio profesorado. La jerarquía entre profesores es igualmente un asunto que hay que abordar, precisamente porque quizá ahí es donde haya más silencio.
María José Berlanga es doctora en Filosofía y Letras. (Marilú Báez)‐ ¿Pueden los alumnos, profesores o personal de la administración tener la tranquilidad de que si denuncian contarán con el respaldo de la universidad y su carrera profesional no se verá perjudicada?
‐ Sin duda. Tendrán el respaldo absoluto de todo lo que el Rectorado y el equipo de gobierno puedan hacer. Luego está la reacción personal de la otra parte, en la que nosotros no podemos entrar. Creo que esta ha sido una situación clásica a lo largo de toda la historia de la universidad, no más ahora que antes. Al contrario, creo que ahora existe más libertad para poder denunciar y, sobre todo, el profesorado está más concienciado. Tienen mucho más claro cuáles son sus limitaciones y saben que sobrepasarlas puede tener consecuencias.
‐ Las mujeres son mayoría entre el alumnado universitario, pero esa presencia disminuye conforme se asciende en la carrera académica. ¿Dónde sigue estando el principal obstáculo para alcanzar la igualdad?
‐ Incluso en los programas de máster y doctorado hay una presencia femenina muy alta. Es lo que se llama el efecto tijera. Llega un momento en el que las chicas están muy preparadas, pero posiblemente influye mucho una parte de su vida personal, que es la maternidad. Quizá sea uno de los factores más importantes que hacen que se ralentice la carrera académica de las mujeres. Por eso, cualquier acción positiva que tenga en cuenta ese periodo será siempre bienvenida.
‐ Después de años de planes de igualdad, ¿qué desigualdad entre hombres y mujeres dentro de la universidad preocupa especialmente porque no se esté consiguiendo corregir?
‐ Posiblemente uno de los aspectos importantes sea la conciliación y la corresponsabilidad. Tenemos políticas de conciliación, pero esas medidas tienen que ir acompañadas de corresponsabilidad en el ámbito familiar. Ahí es donde tenemos que seguir trabajando. De hecho, estamos elaborando un plan de conciliación para intentar corregir esta situación.
‐ Usted asegura que la violencia machista «persiste, se transforma y se adapta». ¿Qué nuevas formas de violencia o control están detectando entre los universitarios más jóvenes?
‐ Creo que una de las líneas de actuación más importantes que tenemos ahora es luchar contra lo que llamamos el amor romántico. Estamos volviendo un poco a conductas que parecían superadas. Hay que tener mucho cuidado porque cualquier avance que se produce en igualdad estamos comprobando que puede retroceder fácilmente. Esos comportamientos que llamamos románticos quizá sean los que entre los más jóvenes estamos viendo que pueden ser causa de control y dominación. No es en el sentido en el que queremos avanzar.
En el curso 2025-26, hemos atendido a 313 estudiantes en la Unidad de Atención Psicológica, un 56% más con respecto a 2020
‐ Resulta llamativo que chicas jóvenes, preparadas y que han crecido en un contexto de mayor conciencia sobre la igualdad puedan acabar siendo vulnerables ante esas conductas de control. ¿Qué está ocurriendo?
‐ Quiero dejar claro algo: en la universidad lo que percibimos es un ambiente de normalidad absoluta, con chicas muy preparadas y relaciones de igual a igual dentro y fuera del aula. Estamos hablando siempre de casos puntuales. Y, por supuesto, hay que empezar a trabajar desde muy pequeños.
‐ ¿Le preocupa que entre una parte de los jóvenes se esté extendiendo la idea de que la igualdad ya está conseguida o incluso un rechazo al feminismo y a las políticas de igualdad?
‐ Me preocupa muchísimo porque, efectivamente, es algo que se está dando. Y eso necesita formación. Todo eso se trata con formación. Tampoco ayuda el entorno en el que viven nuestros jóvenes: las redes y los mensajes políticos de determinadas corrientes tampoco ayudan.
‐ Un estudio de la propia UMA encontró que 733 de 2.212 estudiantes encuestados habían presentado algún tipo de conducta suicida. ¿Ha crecido la demanda de ayuda psicológica?
‐ Nosotros tenemos una tarea y es que cualquier situación de emergencia que nos llegue se atiende de acuerdo con el protocolo. Tenemos ya el segundo Plan de Prevención de la Conducta Suicida y la UDA, la Unidad de Atención Psicológica, atiende inmediatamente y con carácter urgente estos casos. En este último curso 2025-26 hemos atendido a 313 estudiantes, lo que representa un incremento del 56% con respecto a 2020. En cuanto a la tipología, el mayor número de pacientes muestran trastornos de ansiedad y trastornos depresivos (pueden ser el 70 %)
Pero no solamente hay que actuar cuando se llega a una situación crítica, sino antes, porque tenemos claro que la mejor forma de prevenir el suicidio es también la prevención desde la formación.
‐ Su vicerrectorado también atiende situaciones de vulnerabilidad social. ¿Hay estudiantes que estén teniendo dificultades para continuar sus estudios porque no pueden afrontar el alquiler, la manutención u otros gastos básicos?
‐ Sí. Tenemos en el vicerrectorado un programa de becas de emergencia y las propias solicitudes nos indican las necesidades que existen. Las agotamos todos los años y ojalá pudiésemos disponer de una mayor cuantía para poder ayudar.
‐ ¿Se han visto mermadas esas ayudas por la situación económica que atraviesa la Universidad de Málaga?
‐ Sin duda. Como sabe, la Universidad está pasando por un momento muy difícil y las políticas sociales también se resienten. Pero en las situaciones más acuciantes, movemos tierra y cielo y buscamos una solución.
‐ ¿De qué tipo de situaciones hablamos?
‐ No necesariamente tiene que tratarse de una persona que esté sola aquí, viviendo en un alojamiento. Puede vivir en un entorno familiar, pero que ese entorno tenga unas circunstancias complicadas que le dificulten continuar. En muchos casos puede haber sido víctima de violencia de género como parte de la familia. Es decir, son situaciones que no afectan solamente al nivel económico, sino también al estado anímico y a la vulnerabilidad social en aspectos muy diferentes. Ahí debemos estar y prestar nuestro apoyo.
«Crear súper ingenieros que luego no aporten nada como personas cuando salgan sería un fracaso para la Universidad»
‐ Encontrar piso se ha convertido en un calvario para los estudiantes que vienen de fuera a estudiar a la UMA. ¿Temen que el problema de la vivienda les pase factura y que acaben eligiendo otras universidades porque no pueden mantenerse en Málaga?
‐ Lo que me preocupa fundamentalmente de ese asunto es que sea el sesgo o su nivel económico el que determine si un estudiante puede estudiar en la Universidad de Málaga o no.
La universidad tiene su residencia pública, pero no es suficiente. Este año, para 232 plazas convocadas, había una demanda de más de 600. Eso nos da un dato importante de la situación.
‐ Por su cargo conoce situaciones de acoso, problemas económicos, dificultades de salud mental, discapacidad y otras circunstancias personales de los estudiantes. Dentro de ese panorama tan amplio, ¿qué problema puede estar creciendo dentro de la universidad sin que desde fuera seamos plenamente conscientes de él?
‐ Tenemos que cuidar a los estudiantes. Hay que tener en cuenta que el estudiantado universitario tiene una cierta sensibilidad por el hecho de contar con un recorrido de formación y unas perspectivas profesionales. Pero aquí también tenemos que aportarles otra parte, complementos que permitan que sean mejores ciudadanos. Crear súper ingenieros, súper expertos en inteligencia artificial, y que luego esas personas no aporten nada en su día a día fuera de aquí sería un fracaso para la universidad. Ese es uno de los objetivos que tiene que tener la universidad.
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