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El fenómeno de las hinchadas más radicales se mantiene estable en España. R. C. Radiografía de los violentos grupos ultras del fútbol en España: 162 detenidos a mitad de temporadaDecenas de colectivos radicales siguen sacudiendo el fútbol con su actividad dentro y fuera de los estadios
Izaskun Errazti
Domingo, 25 de enero 2026, 00:20
CompartirMe pintaron la casa y hasta la tumba de mi mujer, pero soy el presidente del Real Madrid y tengo que cortar esto». Así se expresaba en 2013 Florentino Pérez, en plena campaña de acoso por su decisión de poner definitivamente en la calle a los Ultra Sur para acabar con la violencia en el Santiago Bernabéu. Una década antes, un joven Joan Laporta prometía mano dura contra los Boixos Nois, y en cuanto alcanzó la presidencia los radicales del Barça dejaron de tener a su disposición un trastero en el Camp Nou, donde guardaban parte de los utensilios con los que reventaban la grada.
El Celta, el Valencia, el Athletic y la Real Sociedad son otros de los clubes que también han actuado contra su hinchada más rebelde, que ahora se muestra más controlada, dispersada en gradas de animación. Pero ni la intervención de las entidades deportivas, ni la presión social y una mayor vigilancia policial han acabado con la violencia vinculada al fútbol, que se mantiene y sigue dando titulares. En diciembre pasado, el derbi Sevilla-Betis (0-2) tuvo que ser interrumpido durante quince minutos por el lanzamiento de objetos desde el fondo norte del Sánchez Pizjuán. Una situación idéntica a la vivida un año antes durante el encuentro Atlético-Real Madrid, cuando el portero merengue Thibaut Courtois recibió un 'mecherazo' que obligó a parar el juego.
La agitación que producen estos grupos también tiene su reflejo fuera de los estadios, con desórdenes públicos, riñas tumultuarias y lesiones muchas veces vinculadas a quedadas pactadas entre grupos rivales; e incluso fuera del ámbito deportivo, como demuestra lo ocurrido recientemente con Herri Norte, el grupo de hinchas radicales del Athletic que se ha visto salpicado por las decenas de denuncias por violencia machista interpuestas contra algunos de sus miembros y que han sido desveladas en exclusiva por este periódico.
En España, los grupos ultras se consolidaron en los años 80, imitando primero el modelo italiano y el de los 'supporters' británicos después, con una fuerte carga ideológica y una violencia ritualizada que se desata en desplazamientos y en los alrededores de los estadios. Con una presencia organizada, violenta y fuertemente politizada, la letalidad de sus acciones es relativamente baja si se compara con otros países europeos y latinoamericanos. No obstante, desde 1982 se han registrado al menos once muertes relacionadas con su actividad..
35 grupos ultras
se mantienen activos en los estadios españoles.
En la primera mitad de la temporada 2025-2026, la Policía Nacional ha detenido a 162 personas, presuntamente relacionadas con grupos ultras en el ámbito futbolístico, como resultado de una quincena de operativos desplegados en varias provincias. Son mayoritariamente varones de entre 18 y 40 años, con antecedentes previos por delitos relacionados con el orden público y vinculados a facciones radicales de distintas ideologías.
Los Bukaneros del Rayo Vallecano, los Biris Norte del Sevilla y los Boixos Nois blaugranas han sido algunas de las hinchadas que más guerra han dado en el último año, según señalan fuentes policiales, que elevan a treinta y cinco la cifra de colectivos radicales que se mantienen activos en los estadios españoles. «En realidad, podrían ser más, hasta un centenar, porque prácticamente cada equipo tiene un grupo ultra, pero puede que no ejerzan ninguna actividad ni protagonicen enfrentamientos violentos», puntualiza un portavoz del Cuerpo.
Las fuerzas del orden sostienen que la legislación, la acción policial y las medidas de seguridad adoptadas en los propios estadios mantienen «estable» el fenómeno de las hinchadas más radicales en la Península. Pero sigue habiendo ultras en el fútbol. ¿Qué hace de este deporte algo tan violento? «Hay varias teorías al respecto. Una de ellas sugiere que el fútbol no es sólo un deporte, sino la representación simbólica de una batalla entre dos comunidades diferentes, y que entendiéndolo así se comprende la belicosidad que puede llegar a encerrar», apunta una voz cercana al mundo ultra que prefiere preservar su identidad. «Luego están los sociólogos ochenteros de la Escuela de Leicester, que traen a colación el tema de la clase obrera, las sociedades primitivas...», añade.
El fútbol como excusa
Identidad, comunidad, lealtad al club... Una suma de factores sociales, psicológicos y culturales explican, según los expertos, la persistencia de los movimientos radicales vinculados al balompié. «El fútbol ha sido tradicionalmente un espacio de socialización, de fichaje de jóvenes, de cultivo de discursos y prácticas de odio. Es un espacio muy identitario, muy primario. Uno es de un equipo y es como su tribu, un lugar donde se produce algo muy de psicología social: la desindividualización», explica José Guillermo Fouce, doctor en Psicología y profesor de Psicología Social en la Universidad Complutense de Madrid. «Así perdemos nuestra responsabilidad individual para disolverla en lo colectivo, en algo que hacemos todos. Se usa el lenguaje de guerra, todo vale contra el enemigo, hay que destruirle, y ese es el caldo de cultivo para actuar de un modo tan violento. A menudo hay mucho machismo, mucho odio contra cualquier colectivo minoritario, y el fútbol es sólo la excusa», aclara.
Fouce apuesta por sancionar, controlar el acceso a los estadios y el manejo de elementos de agresión, como puños o barras, para desmantelar a las organizaciones ultras y limitar su actividad. También por vigilar el tráfico y el consumo de drogas «y eliminar esa desindividualización grabando o identificando, por ejemplo, a quienes muestran conductas violentas». Pero, aun así, advierte que el movimiento ultra «irá a más. De hecho, después de un cierto parón, se ha revitalizado, porque vivimos en una sociedad muy polarizada». Y porque, según indica el también presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras, el fenómeno de la propia ultraderecha, «que ahora tiene representación institucional, que ha despegado en votos, que va creciendo, hace toda esa práctica muy demagógica del 'ellos y nosotros'. Mueve el avispero del odio, de las emociones, de las identidades primarias... Que es muy fácil de mover, pero muy difícil de parar».
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Varón de entre 18 y 40 años es el perfil predominante entre los detenidos por la Policía Nacional. R. C. El nivel de violencia, afirma el antropólogo, «ha descendido muchísimo, sobre todo en los estadios». «Ahora hilan muy fino para que no les cojan quienes consideran sus dos enemigos: los aficionados rivales y las fuerzas de seguridad». «Los grupos ahora son bastante más maduros que antes, parecen haber aceptado toda una serie de limitaciones y tratan de funcionar sin cruzar ciertas líneas rojas que, de otro modo, podrían acarrear multas, expulsiones...», señala una fuente cercana a los ambientes ultras. «Hace décadas se buscaba crear el caos, convertir los estadios en campos de batalla. Hoy se busca estar en el estadio sin problemas, y para lo demás, funcionar al margen del grueso de la sociedad».
Rituales de combate
Pero la conflictividad se mantiene en las calles, donde es mucho más difícil de controlar. Una práctica, «la de quedar con el otro para zurrarse», importada de los países del Este que ha provocado división dentro del colectivo. «Entre algunos ultras de aquí genera mucha fascinación, mientras que a otros les parece una chiquillada», apunta Del Campo. Aunque hay reglas. «Normas que limitan la violencia y que impiden que haya muertos y heridos graves. Son, en gran medida, conflictos bastante ritualizados, lo que no quiere decir que no puedan desmadrarse cuando se trata de chicos hipermasculinos y testosterónicos». «Es muy raro», señala el catedrático sevillano, que un aficionado al fútbol sea agredido o se vea inmerso en una pelea «si no es ultra». Una afirmación que comparte la Policía. «No es nada común», coinciden los agentes.
La agitación que producen estos grupos también tiene reflejo fuera de los estadios e incluso del ámbito deportivo
En la evolución que ha sufrido el movimiento radical, Alberto del Campo llama la atención sobre otro hecho: el surgimiento de nuevos grupos para los que el fútbol «es algo secundario y se han convertido en auténticas mafias de extorsión y venta de drogas». «Se habla mucho de violencia, pero no de las actividades ilegales que llevan a cabo. Muchos de los ultras que he conocido –sostiene– ya no se meten en peleas. Algunos nunca lo hicieron y otros sí, aunque ya lo dejaron y a ojos de sus vecinos son respetables padres de familia. Pero sus ingresos proceden del tráfico de drogas».
– ¿Qué es lo peor de los ultras?
– Todos te dirán que la violencia, Nadie te va a decir que el narcotráfico, aunque mucha gente se mete ahí y se gana la vida con actividades ilícitas.
Los grupos
La Policía Nacional cifra en 35 los colectivos ultras que permanecen activos en el fútbol español. Repasamos el origen de una decena de ellos.
- Atlético de Madrid
Frente Atlético
Uno de los históricos del fútbol español y uno de los más numerosos y con historial más violento. Fundado en el año 1982, sus dirigentes profesan una ideología de extrema derecha
- Sevilla
Biris Norte
Nacido en 1975, es el más antiguo de España. Ubicado en el gol norte del Sánchez Pizjuán, figura entre los más numerosos y los más activos y violentos. De extrema izquierda, tienen buena relación con Riazor Blues.
- Mallorca
Supporters
Ha cogido fuerza en los últimos años. Recientemente han publicado en redes sociales que el Mallorca ya no les permite la entrada al estadio. En territorio nacional están hermanados con ultraderechistas.
- Rayo Vallecano
Bukaneros
Se han convertido en uno de los grupos de referencia para la extrema izquierda. Muy politizados, han protagonizado incidentes en eventos relacionados con el fútbol y en manifestaciones de carácter público.
- Barcelona
Boixos Nois
Los radicales históricos del Barça ya no entran al Camp Nou, pero aún existen y acompañan al equipo en sus viajes. Cuentan con varias secciones, siendo la de los Cassuals la más violenta. Se reúnen en el bar Virginia.
- Real Madrid
Ultras Sur
Otro de los históricos, también ha sido expulsado del Bernabéu y sustituido por una grada de animación controlada. Minuto 93, situada en el anfiteatro del Fondo Sur. No han cesado las amenazas a Florentino Pérez.
- Espanyol
Brigadas Blanquiazules
De extrema derecha y muy debilitados en los últimos años. Se ubican en La Curva, integrados junto a la Juvenil, formadas por personas de menor edad y con una animación con menos simbología política.
- Málaga
Frente Bokeron
Líder distanciado en esta clasificación de colectivos radicales. Son muy numerosos, violentos, sospechosamente solventes y viajan en casi todos los desplazamientos del equipo andaluz.
- Alavés
Iraultza
Se funda en el año 2012 en honor a la organización armada Iraultza, que significa revolución en euskera. Mantienen una muy buena relación con el grupo Indar Gorri, los ultras del Osasuna de Pamplona.
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