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Rafa Jódar, la nueva sensación del tenis español que empezó en un garaje

Rafa Jódar, la nueva sensación del tenis español que empezó en un garaje
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A los 19 años, el tenista de Leganés se estrena en el Open de Australia ante el japonés Rei Sakamoto y confirma su irrupción en la élite

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Rafa Jódar, drante un partido RFET Open de Australia Rafa Jódar, la nueva sensación del tenis español que empezó en un garaje

A los 19 años, el tenista de Leganés se estrena en el Open de Australia ante el japonés Rei Sakamoto y confirma su irrupción en la élite

Javier Varela

Lunes, 19 de enero 2026, 11:44

... era el garaje de su casa, llevaba una una raqueta demasiado grande para sus manos y sus padres veían la pasión de su hijo sin saber que aquel juego infantil acabaría llevándolo, 15 años después, a cruzar medio mundo para debutar en el Open de Australia. Esta semana, en Melbourne, el chico de Leganés que aprendió a golpear entre paredes se presenta ante el gran escaparate del tenis mundial frente al japonés Rei Sakamoto. Tiene 19 años y una manera muy poco común de entender el éxito.

Hasta los 11 años no eligió entre el tenis y el fútbol. Y cuando lo hizo, no fue para acelerar, sino para ordenar. «Era imposible todo a la vez», ha contado en más de una ocasión. Desde entonces, su carrera se ha construido con ese mismo criterio: paso corto, cabeza fría. Mientras otros jóvenes talentos apostaban por academias privadas y profesionalización temprana, Jódar siguió yendo a clase cada mañana. Estudió y terminó el Bachillerato en el IES Rafael Frühbeck de Burgos de Leganés. El tenis, aunque ya era una pasión, seguía siendo compatible con todo lo demás. Lo primero, los estudios.

Estudiante en la Univesidad de Virginia

El punto de inflexión llegó en Nueva York, en el US Open júnior de 2024. Ganó el torneo y, de golpe, su nombre empezó a circular con otra velocidad. Aparecieron las llamadas, las expectativas, el vértigo. Tenía nivel para dar el salto inmediato al profesionalismo, pero eligió otro camino: una beca en la Universidad de Virginia, estudios de ciencias y competición universitaria. Tenis y portátil en la misma mochila. «Mis padres siempre me han inculcado que la formación es clave», repite. Y no es un eslogan.

La decisión, vista ahora, parece casi estratégica. En los huecos del calendario universitario empezó a jugar torneos Challenger, el purgatorio del circuito profesional. Ganó uno, luego otro. Aprendió a competir contra adultos, a viajar solo, a gestionar derrotas ásperas. En menos de un año escaló del anonimato a estar entre los 200 mejores del mundo, y después entre los 150. Sin aspavientos. Sin una narrativa forzada.

Su tenis también se sale del molde. Mide 1,91 metros, saca fuerte y busca dominar pronto los puntos. Es agresivo, directo, más cercano al patrón de pista dura que al arquetipo español de fondo y resistencia infinita. Él lo explica sin solemnidad: «A este nivel tienes que mejorar todo, no solo una cosa». La comparación con Nadal o Alcaraz le provoca una sonrisa educada, casi incómoda. No entra ahí. Dice que cada uno tiene su camino y que el suyo todavía está empezando.

Ese inicio pasa ahora por Melbourne Park. El Open de Australia será su primer gran escaparate, aunque él insiste en restarle peso. Llegó tras una buena fase previa y una temporada que ya incluye victorias de prestigio y una final en Canberra. Sakamoto, su rival en primera ronda, es un viejo conocido de la etapa júnior. Podría venir después un Top 20. O no. En su discurso no hay planes a largo plazo ni objetivos numéricos. «No me pongo metas. Si pienso demasiado en lo que puede venir, dejo de disfrutar».

Hincha del Leganés

Fuera de la pista sigue siendo el chico de Leganés que mira resultados del fútbol y se acuerda de Butarque, el estadio de su equipo, donde se ha dejado ver en muchas ocasiones. Mantiene amigos, rutinas y una relación estrecha con su familia, que sigue siendo su principal ancla. Ha decidido centrarse ahora en el circuito profesional, con los estudios en pausa, no abandonados. «Volveré», asegura. No suena a promesa vacía.

El tenis español busca nombres que acompañen el presente brillante de Carlos Alcaraz y proyecten el futuro. Jódar aparece en ese paisaje como una figura distinta, menos urgente, más reflexiva. Quizá por eso genera una curiosidad especial. No promete nada extraordinario, pero tampoco parece dispuesto a traicionarse. En Melbourne, mientras el sol aprieta y el torneo arranca, Rafa Jódar saltará a la pista para debutar en su primer Grand Slam como ha hecho siempre: con la sensación de que esto, al final, va de jugar. Y de disfrutar.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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