La campaña del PSOE para las elecciones andaluzas del 17 de mayo se ha diseñado íntegramente en Ferraz y se nota. La debilidad del aparato regional del partido por falta de medios personales y presupuestarios, pero también la desconfianza en la capacidad actual de la maquinaria electoral andaluza, han llevado a la dirección federal a tomar las riendas de la planificación, lo que está generando importantes recelos entre los cuadros locales por el desconocimiento en Madrid de la realidad andaluza, "que es diferente a la de Castilla y León pero, además, es diversa".
El ejemplo que citan algunos cargos consultados por EL MUNDO es el anuncio que se ha hecho sobre la presencia prevista en algún acto electoral de Salvador Illa, presidente de la Generalitat y ex ministro de Sanidad, que será el invitado encargado de explicarle a los andaluces cómo el modelo de financiación negociado por el Gobierno de Sánchez con ERC es bueno para ellos. O lo intentará al menos.
Desde Ferraz parecen convencidos de que todavía es posible revertir la imagen que se ha extendido de que, una vez más, fue el independentismo catalán el que diseñó el modelo de reparto para poner los intereses de Cataluña por encima de los del resto del país. Y de ahí que se piense que Salvador Illa puede seducir de alguna manera a unos electores descreídos por la influencia del separatismo en la política territorial del Gobierno de España. Montero ha sido, además, la arquitecta de ese modelo y se presenta a sí misma como la "responsable" de que finalmente no se haya concedido a la Generalitat el conocido como "cupo catalán", es decir, la cesión del 100% del IRPF que supondría la ruptura del sistema. Pero está por ver que presencia del presidente de la Generalitat sirva para imponer ese tirabuzón argumental.
Tampoco han entendido algunos dirigentes socialistas el discurso que María Jesús Montero pronunció tras la convocatoria electoral. El énfasis puesto en el "poder" acumulado por ella misma en el Gobierno de Sánchez sirvió para instalar la imagen de que su candidatura a la Junta de Andalucía es poco menos que un "sacrificio", pues le obliga a renunciar al "todo" a cambio de un más que probable fiasco electoral. "María Jesús no quería abandonar el Gobierno y no lo puede disimular", apuntan esas fuentes. Además, su negativa a aclarar si su futuro pasa por permanecer en Andalucía o si, por el contrario, volverá al Congreso tras las elecciones, podría restar credibilidad a su apuesta.
En el PSOE andaluz se ha venido defendiendo que su papel como ministra y vicepresidenta ha sido fundamental en los últimos meses para seguir teniendo "presencia" mediática e institucional. Pero, tras la convocatoria (ligeramente adelantada) de las elecciones, se ha demostrado que el partido hubiera necesitado que su secretaria general y candidata estuviera dedicada de lleno a la organización desde hace meses: "La campaña se nos ha echado encima con los deberes por hacer".
Sí se considera un acierto contar en la campaña con la ex presidenta de la Junta, Susana Díaz, que conoce el PSOE-A mucho mejor que María Jesús Montero y puede servir de revulsivo en muchas agrupaciones faltas de ilusión ante unas elecciones que parecen perdidas de antemano. Y donde la maquinaria electoral, aquélla que en el pasado fue la envidia del PP, parece inevitablemente desengrasada.
Por contra, la presencia de Manuel Chaves en la campaña supone devolver al elector a un marco mental que vincula al PSOE con la corrupción de los ERE y el clientelismo político, por más que el Tribunal Constitucional haya aliviado la carga penal sobre el expresidente de la Junta.
María Jesús Montero fue la gran apuesta de consenso para tomar las riendas del PSOE andaluz cuando la falta de empuje de Juan Espadas amenazaba con provocar una fractura en el partido. Su candidatura a la secretaría general del PSOE fue un alivio y sirvió para coser algunas heridas internas. "En términos teórico-políticos, era lo mejor que podía presentar el partido", apunta uno de los que más contribuyeron a ese relevo. Ese consenso inicial sirve ahora para amortiguar las críticas que su actuación como candidata puede inevitablemente generar.
Siendo una persona de la máxima confianza de Pedro Sánchez, la ex ministra nunca perdió la buena relación con Susana Díaz, que la nombró consejera de Hacienda en su gobierno. De hecho, en las primarias en la que se enfrentaron Sánchez y Díaz, en 2017, Montero estuvo del lado de la entonces presidenta de la Junta. Fue después Carmen Calvo la que le propuso a Pedro Sánchez nombrarla ministra de Hacienda en su primer gobierno, en 2018. Y ha sido Sánchez el que le pidió que regresara a Andalucía en una estrategia orgánica que le garantiza al presidente mantener el control de los territorios y evitar que surjan nuevas baronías independientes que puedan poner en cuestión su liderazgo.