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«Rechazamos el terrorismo, pero no la resistencia armada»

«Rechazamos el terrorismo, pero no la resistencia armada»
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Escapó de los campos de reeducación de China en Xinjiang y ahora combate al régimen comunista desde Suecia

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Sayragul Sauytbay es autora de 'The Chief Witness'. R. C.

Sayragul Sauytbay | Vicepresidenta del gobierno de Turkestán Oriental

«Rechazamos el terrorismo, pero no la resistencia armada»

Escapó de los campos de reeducación de China en Xinjiang y ahora combate al régimen comunista desde Suecia

Zigor Aldama

Sábado, 25 de abril 2026, 13:21 | Actualizado 13:40h.

... de Xinjiang, poblada sobre todo por grupos étnicos que profesan el islam. Como el suyo, porque Sayragul es kazaja. Después de graduarse en Medicina y de haber trabajado en un hospital especializado en tratamientos tradicionales, decidió dedicarse a la educación junto a su marido. Y, como funcionaria, llegó a dirigir la administración de cinco guarderías estatales en las que, lógicamente, se impartía el currículo determinado por el Partido Comunista de China.

La vida de Sayragul cambió una noche. «Recibí una llamada y un hombre me dijo que fuese inmediatamente al centro y que enviase un SMS a un número en cuanto llegase». Lo hizo, y cuatro policías armados la encapucharon para llevársela a uno de los 'campos de reeducación' en los que China había puesto en marcha su campaña para erradicar el integrismo y combatir la radicalización de los musulmanes. «Me dijeron que daría clase a los detenidos. La primera impresión que me dio el lugar fue la de un campamento fascista aterrador«, cuenta.

Pronto se dio cuenta de que era una impresión correcta. «Me obligaron a firmar un contrato de confidencialidad y me dijeron que, si rompía las reglas, me enfrentaría a la pena de muerte», recuerda Sayragul, que comenzó a dar clase a los internos mientras la comunidad internacional se llevaba las manos a la cabeza por la estrategia de China para borrar la identidad de los uigures. «Tenía que impartir cultura china y propaganda del Partido, así como los discursos de los líderes», cuenta la kazaja, que detalla las terribles condiciones en las que se encontraban los internos, «engrilletados de pies y manos«, «cada uno ocupando solo un metro cuadrado y durmiendo sobre cemento, con un balde como váter por cada celda que solo se vaciaba una vez cada mañana». Por si fuese poco, Sayragul asegura que se obligaba a los musulmanes a comer carne de cerdo.

Para ella, el mayor 'shock' fue el que le produjo la 'habitación negra', en la que no había cámaras. Sayragul sostiene que allí sufrían las peores torturas. «Traían de vuelta a algunos detenidos arrastrándolos tras infligirles graves heridas, cubiertos de sangre; algunos también desaparecieron después de ser llevados allí. Sospecho que pudieron haber muerto durante la tortura», relata.

Finalmente, llegó su día. Y todo porque una interna la abrazó y le contó lo que le habían hecho. «Me sentaron en la silla eléctrica y me electrocutaron», afirma Sayragul, que temió entonces por su vida y decidió que tenía que huir. Logró documentos falsos y en 2018 cruzó la frontera con Kazajistán. Un año después, gracias a la intermediación de Naciones Unidas, Suecia le concedió asilo político.

Sayragul ha decidido no callarse. Ha publicado su historia en un libro, 'El testigo principal: Escapada de los campos de concentración modernos de China', y hace tres años fue elegida vicepresidenta del gobierno en el exilio del Turkestán Oriental, como conocen a Xinjiang los independentistas. China desacredita su discurso, que considera «una invención total para difamar al país».

En un comunicado, la embajada del gigante asiático sentencia que «Xinjiang sufrió en el pasado graves consecuencias del extremismo y el terrorismo y el gobierno local ha implementado una serie de medidas eficaces para combatirlos». Rechaza que existan campos de concentración y afirma que Sayragul «es una fugitiva y mentirosa». De hecho, la legación diplomática en Estocolmo le acusa de fraude y sostiene que «para evadir el castigo judicial, huyó de China y fabricó numerosas mentiras». Desde la capital sueca, Sayragul atiende a este periódico.

- ¿Qué tal se siente en su nuevo hogar?

- Estoy muy agradecida de vivir en un país que respeta los derechos fundamentales de las personas y valora la democracia, un sistema que lo impregna todo, desde el sistema de gobierno hasta la sociedad. Al principio tenía miedo de la policía uniformada por lo que había vivido en China, pero aquí he visto que las cosas pueden ser diferentes. Hemos aprendido sueco y vivimos y trabajamos aquí.

Geopolítica

«En juego está la democracia y los derechos humanos a nivel global, porque China busca la supremacía»

- ¿Cómo ha cambiado su perspectiva la experiencia en Europa?

- Me han sorprendido muchas cosas. Por ejemplo, el respeto que hay a la voluntad de los niños. Y, por supuesto, el trato que se le dispensa a la mujer. Eso me ha hecho cambiar mucho. Podemos hablar libremente, me tratan como a una igual y eso ha hecho que también tenga más respeto por mí misma. Todo esto que he aprendido en Suecia me gustaría llevarlo a nuestra república.

- Porque usted aboga por la independencia del Turkestán Oriental.

- Sí. Nosotros luchamos por derechos humanos básicos y libertad, por la supervivencia de nuestro pueblo, y estamos convencidos de que la única forma de alcanzar ese objetivo es mediante un Estado soberano independiente. De hecho, consideramos que el Turkestán Oriental es un país ocupado por China desde 1949, no parte de ella. Desde entonces se nos han prometido multitud de cosas, pero en la situación actual estamos sujetos a la colonización y el genocidio. Y nadie intercede para ayudarnos y acabar con esto, a pesar de que países como Estados Unidos han reconocido que se están cometiendo crímenes contra la Humanidad y han condenado a China por dichas atrocidades y la han castigado con sanciones, el genocidio continúa porque el objetivo último del Partido Comunista es erradicar a los pueblos túrquicos del territorio. En este contexto, Pekín ha aprobado una nueva ley, la de 'unidad étnica', que reduce aún más los derechos de las minorías.

- Sorprende que en esta coyuntura no reciban más ayuda de los países musulmanes…

- Para explicar esto, tenemos que remontarnos atrás en la historia. Porque China lleva décadas planeando nuestra erradicación. Es un tiempo en el que ha estrechado las relaciones con países musulmanes, ofreciéndoles incentivos económicos, dándoles cobertura diplomática y asistiéndoles en materia militar. Con esto ha conseguido que miren a otro lado en lo que se refiere a los crímenes en el Turkestán Oriental. Es triste, pero China los ha comprado.

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Sayragul Sauytbay fue considerada una de las mujeres con más coraje y recibió el galardón de manos de Melania Trump y el entonces secretario de Estado Mike Pompeo. R. C.

- ¿Qué esperanza hay entonces de que el sueño de su país independiente se materialice?

- Confiamos en que termine prevaleciendo la voluntad de la población, pero tenemos que enfrentar la realidad: todo depende de cómo reaccione la comunidad internacional. De que se oponga al plan de dominación de China. Si continúan manteniendo silencio, no solo está en juego el futuro del Turkestán Oriental sino el de la democracia y los derechos humanos a nivel mundial. Creo que cada vez más países están despertando ante esta amenaza existencial y que acabarán apoyándonos, aunque solo sea por defender su propia seguridad. Porque el mundo tiene solo dos opciones: seguir mirando para otro lado y depender económica y políticamente de China hasta que se convierta en la superpotencia hegemónica o plantar cara. Como víctima de los campos de concentración chinos y buena conocedora del sistema del país, ya que he trabajado para el Estado durante más de 20 años, sé que si nada cambia la tragedia que vivimos nosotros se extenderá a otros lugares, posiblemente también a Occidente.

- Usted fue parte de la maquinaria represiva de China. ¿Cuándo tomó conciencia y decidió dar un giro?

- Comencé a darme cuenta de cómo funcionaban las cosas en la universidad, cuando todo se impartía en chino. Cuando empecé a trabajar en el sector educativo, entendí que todo eran mentiras y propaganda. Nuestro idioma está proscrito y no hay ningún respeto por nuestra identidad. Además estamos discriminados por nuestra cultura y religión. Pero cuando tomé conciencia ya era demasiado tarde.

- China les acusa de practicar el terrorismo. ¿Consideran que la violencia está justificada para alcanzar sus objetivos políticos?

- Rechazamos el terrorismo, pero no la resistencia armada, que es aceptable también de acuerdo con la legalidad internacional.

- Es evidente que se ha dejado de hablar de los campos de reeducación, hasta el punto de que no se sabe si ya han sido cerrados o si continúan operando.

- Desafortunadamente, el sistema continúa funcionando a pesar de que China ha afirmado, después de recibir muchas críticas a nivel global, que los campos se han cerrado y que la gente se ha 'graduado'. Pero cuando vemos imágenes por satélite comprobamos que continúan operando. Han retirado las torres de vigilancia, pero el programa genocida continúa. Es más, algunos de los detenidos han sido internados en escuelas y hospitales que pasan más desapercibidos. Así nos lo cuentan quienes han podido salir del país en los últimos meses. Y la gente tiene miedo incluso de hablar entre sí. Tienen que tapar los móviles en una habitación y salir fuera para conversar en un susurro, porque la maquinaria de vigilancia llega a todas partes.

Genocidio

«El objetivo último del Partido Comunista es erradicar a los pueblos túrquicos»

- Utilizan a menudo el término genocidio para referirse a su situación, lo cual puede parecer una exageración, sobre todo si se compara con otros conflictos abiertos, como el de Gaza. ¿No cree que eso les resta apoyo?

- Mire, desde la década de 1990 China implementó prácticas de abortos forzados y políticas de planificación familiar. El propio gobierno afirma que desde 1989 hasta 2009 ha prevenido el nacimiento 'ilegal' de 3,7 millones de bebés. Naciones Unidas define genocidio también como la restricción de nacimientos entre la población. Además, se impuso un límite de dos hijos por pareja con un periodo de cadencia de entre 3 y 4 años. En ese tiempo, las gestaciones, incluso en su séptimo mes, eran abortadas por la fuerza. Vemos esto como una legitimación del asesinato de nuestros niños. Y eso es un genocidio. Por si fuese poco, cuando dirigía guarderías vi como los niños eran separados de sus familias cuando a los padres se los internaba en los campos. Al final eran tantos que se construyeron complejos para alojarlos. Incluso aquellos a los que se les podría haber dejado vivir con algunos parientes. Y a todos se les daba formación exclusivamente en chino. El objetivo es convertirlos en chinos. Y esto la ONU también lo considera parte de un genocidio. Finalmente, a todos los internos se les hacen chequeos médicos y se les toman muestras de ADN. Lo reconoce el Partido, que afirma que ya tiene muestras de 36 millones de personas entre 12 y 65 años. Algunos que están sanos a menudo desaparecen y sospechamos que son asesinados para utilizar sus órganos en transplantes.

- ¿Qué tipo de Estado quiere construir en el Turkestán Oriental?

- Nuestra visión es la de una república plural que respeta los derechos humanos y respeta la legalidad internacional. Como muchos países de Asia Central, respetaría la libertad religiosa y yo apostaría por su secularidad.

- Teniendo en cuenta las operaciones que China ha llevado contra activistas por todo el mundo, ¿siente miedo de hablar en estos términos?

- Por supuesto. Tengo muy presente el caso de Gui Minhai, que tiene nacionalidad sueca y fue abducido por China en Tailandia. Pekín tiene agentes por todas partes, y trato de ser cauta, pero podrían hacerme daño a mí o a mi familia.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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