UAE endurece la primera jornada de exigencia camino de Les Angles, con Raúl García Pierna encendiendo la fuga
Pogacar entra en escena: triunfo y maillot amarillo tras dar un golpe sobre la mesa en Les AnglesPogacar celebra la victoria.- NACHO LABARGA Les Angles
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- Tour de Francia. Resumen y clasificación del Tour de Francia tras la etapa 3: Pogacar no tiene rival
Barcelona quedó atrás con su increíble 'Grand Depart', la mejor de la historia según Salvador Illa, el Tour empezó a hablar otro idioma, el de siempre: el de la montaña. Entre Granollers y Les Angles la tercera etapa nació con calor, se llenó de nervios por el camino y acabó con otro show del UAE. La Grande Boucle cruzó a Francia casi sin darse demasiado cuenta, como quien cambia de calcetines.
Nadie esperó. Nadie quiso guardar fuerzas para otro día. Desde la salida el pelotón rodó como si alguien hubiera prendido una mecha: ataques, cortes, caídas, pinchazos, y una fuga que costó armar porque todo el mundo quería meterse en ella. Olía a oportunidad, y quedarse mirando desde atrás no entraba en los planes de casi nadie.
Alex Molenaar se puso pronto el maillot de lunares. Alaphilippe se movió con ese instinto suyo que nunca negocia con la prudencia. Mads Pedersen anduvo también metido en la pelea. Y ahí, insistiendo, terco en el buen sentido, apareció Raúl García Pierna. El madrileño de Movistar probó una vez, luego otra, hasta que encontró sitio en una escapada con nombre propio.
Antes de que la carrera encontrara su orden, el asfalto ya había avisado de que el día venía torcido. Una caída masiva se llevó por delante a Bruno Armirail, que se marchó con la rodilla dañada rumbo al coche médico. Hubo más sustos, más nervios, más carretera incómoda. Cataluña apretaba con su calor de julio y el terreno ya empezaba a mirar hacia arriba. Nada invitaba a relajarse.
Movistar vivió la etapa partida en dos. Delante, García Pierna y Nelson Oliveira daban la cara por el equipo. Detrás, Cian Uijtdebroeks pasó un mal rato, perdiendo terreno en los primeros kilómetros duros antes de recomponerse y volver junto a Vauquelin y Lenny Martinez. De esos momentos que en una gran vuelta pueden acabar en nota a pie de página o en aviso serio. Por ahora, el belga salvó los muebles.
La fuga buena reunió a dieciocho corredores, con bastante acento español: García Pierna, Álex Aranburu y Abel Balderstone rodaban junto a Pedersen, Magnus Cort, Luke Plapp, Mauro Schmid, George Bennett, Nicolas Prodhomme, Alex Baudin, Harold Tejada y Matteo Vercher, entre otros. Egan Bernal también había peleado por meterse ahí, pero un pinchazo lo dejó fuera justo cuando el corte empezaba a cuajar. Otra vez esa mala suerte que tantas veces le ha tocado remar en contra.
La carrera volaba, más de 45 por hora de media después de horas de guerra. Visma-Lease a Bike, con el amarillo de Jonas Vingegaard sobre los hombros, llevaba parte del control. Pero el cambio de música de verdad llegó cuando UAE metió a sus hombres a currar. Primero Florian Vermeersch, después Tim Wellens, luego Nils Politt. Uno detrás de otro fueron apretando el paso hasta que aquello dejó de ser persecución y se convirtió en una declaración de intenciones. Pogacar quería algo. Puede que la etapa. Puede que probar a todos. O puede que solo recordar que un día de montaña, cualquier día de montaña, también puede acabar siendo suyo.
La Collada de Toses fue el primer filtro serio. Ahí el Tour empezó a desnudar a quien no podía seguir el ritmo. Van der Poel se quedó en una carretera que no hablaba su idioma. Otros velocistas también fueron desapareciendo de la foto de cabeza. Delante, García Pierna atacó nada más empezar la subida y abrió hueco durante varios kilómetros, como quien quiere firmar antes de que los favoritos cojan la pluma. Un gesto de esos que no siempre deciden la carrera pero que dicen mucho del corredor que los hace.
La fuga se fue deshaciendo puerto a puerto. Al coronar Toses quedaban seis: Baudin, Prodhomme, Van Mechelen, Bennett, García Pierna y Vercher. El pelotón, mientras tanto, venía ya con otro ruido. UAE había puesto la etapa a hervir y la ventaja empezaba a caer con esa lentitud cruel con la que se apaga cualquier sueño de escapada.
El paso por Puigcerdà tuvo algo de frontera de verdad, no solo geográfica. El Tour dejó Cataluña después de una Grand Départ que había brillado, y entró en Francia, donde la carrera siempre parece pesar un poco más. Al otro lado esperaba Les Angles. Y antes, el Col du Calvaire, un nombre que le venía como anillo al dedo a una jornada que empezaba a pedir fe, piernas y aguante.
Sin parar de haber movimientos
Baudin fue el siguiente en probar suerte por delante. El francés del EF Education-EasyPost saltó a diez kilómetros de coronar y se quedó solo con Nicolas Prodhomme, últimos restos de la aventura. Detrás, el tren de UAE seguía comiendo segundos. La diferencia bajó de un minuto cuando la meta ya se veía cerca y todo quedaba listo para el juicio final.
El Tour ya no estaba de paso por ningún sitio. Se había metido de lleno en la montaña, en Francia, en esa parte de la carrera donde los gestos empiezan a pesar casi tanto como los ataques. Vingegaard seguía de amarillo, escoltado por Visma. Pogacar avanzaba rodeado de su guardia, con esa cara de quien huele sangre, o al menos oportunidad.
En los últimos 500 metros, Pogacar arrancó como en sus mejores tiempos para llevarse el triunfo y estrenarse en lo que va de Tour de Francia.
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