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«Reconocerse parte de esta Iglesia y caminar juntos es el paso decisivo»

«Reconocerse parte de esta Iglesia y caminar juntos es el paso decisivo»
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El teólogo Dario Vitali, voz clave del Sínodo sobre la Sinodalidad, participa en una jornada formativa en Málaga para impulsar su aplicación

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Dario Vitali, durante su intervención. SUR «Reconocerse parte de esta Iglesia y caminar juntos es el paso decisivo»

El teólogo Dario Vitali, voz clave del Sínodo sobre la Sinodalidad, participa en una jornada formativa en Málaga para impulsar su aplicación

ANA MEDINA

Málaga.

Domingo, 12 de abril 2026, 02:00

... escucha mutua como forma de vivir la comunión en cada Iglesia local.

-La implantación de la sinodalidad está ahora «en el tejado de las Iglesias particulares». ¿Qué pasos realistas recomendaría para que no se quede en un concepto teórico, sino que transforme la vida cotidiana de las pequeñas comunidades, sin dejar fuera a nadie?

-Tampoco este momento es nuevo. Las Iglesias que ya vivieron la primera fase del Sínodo, realizando la consulta del Pueblo de Dios, experimentaron la fecundidad del método sinodal. La tercera fase del Sínodo es de recepción y aplicación del Documento Final en cada Iglesia local. El sujeto activo de esta acción es la Iglesia local, con sus sujetos: el Pueblo de Dios, el presbiterio y el obispo. Donde vive el Pueblo de Dios, allí se pone en marcha la escucha. De una escucha verdadera emergen los rasgos que una Iglesia puede poner en el centro de su vida. Una Iglesia tiene que descubrir su identidad, ser consciente de que es aquí y ahora el sujeto que, en esta región, testimonia el Evangelio con caminos, proyectos y forma de vida. Esto está todo fuera de lo teórico. No hay que decidir en un congreso qué es la sinodalidad. Hay que ver cómo vivirla. Y no como individuos, sino como Iglesia de Málaga, que no es una suma de comunidades, sino la Iglesia de Cristo que camina aquí y elige la comunión como principio de su vida y de sus relaciones. Reconocerse parte de esta Iglesia y decidir caminar juntos es el paso más decisivo que una Iglesia local puede hacer.

-¿Cómo describiría los rasgos esenciales de la Iglesia que está emergiendo de este proceso?

-La Iglesia sinodal no es otra Iglesia. El Documento final del Sínodo pone en evidencia cómo todo el proceso sinodal se ha desarrollado a la luz de la Iglesia del Vaticano II y constituye una recepción más madura de aquella eclesiología. El modelo de la Iglesia sinodal es aquel que supera la idea de la centralización y reconoce a cada Iglesia su capacidad y responsabilidad de testimoniar el Evangelio en el contexto histórico y cultural donde vive y camina. En cada Iglesia, que es un Pueblo de Dios con su obispo rodeado de su presbiterio, el Espíritu distribuye dones, carismas, ministerios y nuevas vocaciones. Esta visión no pone en discusión el primado, sino que lo valora más, como principio de unidad de todas las Iglesias, de todos los bautizados y de todos los obispos. Una Iglesia que puede —podría, si obedece al Espíritu Santo— ganar la unidad para vivir la sinodalidad como ley de la Iglesia: discernir juntos para «caminar juntos».

-¿Qué le diría a quienes temen que la sinodalidad genere confusión o divida a la Iglesia?

-Depende de qué pensamos que sea la Iglesia. Si es la pirámide jerárquica, donde está claro quién manda y quién obedece, es evidente que la sinodalidad genera confusión. Pero esta objeción procede de quien manda o de quien está acostumbrado a ser súbdito. Un orden de este tipo no procede del Espíritu Santo. Caminar juntos es una forma de unidad que no es uniformidad. El Espíritu no genera confusión, sino armonía. Siempre hay que componer en la Iglesia diversidad y unidad. La unidad sin diversidad se transforma en uniformidad, autoritarismo, relación asimétrica entre personas, sin reconocer la igualdad: ¡somos todos hijos de Dios! La diversidad sin unidad, esta sí es confusión y división. Pero la unidad no la hacen los hombres, sino la Palabra de Dios a la que hay que obedecer y el Espíritu Santo que nos guía.

-Pensando en el futuro inmediato, ¿cuál sería para usted el «termómetro» que indicará si el Sínodo va dando fruto real en la vida de la Iglesia?

-Si vamos aprendiendo el arte de la escucha. Se pueden realizar encuentros fenomenales; se pueden hacer asambleas con expertos mundiales... El Sínodo será fructuoso si aprendemos el estilo y el método sinodal: escuchar al Espíritu escuchando a los demás. Decían los Padres de la Iglesia que el Espíritu es irrefrenable. No existe Iglesia sin el Espíritu de Cristo. Y no existe sinodalidad sin la escucha del Espíritu Santo que nos hace uno y nos hace caminar juntos.

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Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
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