El equipo alemán intentó cerrar la tensión entre Evenepoel y Lipowitz sentándolos juntos ante una cámara, pero la escena, calificada de artificial en las redes, recordó inevitablemente al famoso vídeo de Valverde, Landa y Nairo Quintana en 2019
El vídeo con ‘vibes’ de tridente Movistar con Remco y Lipowitz tras su polémica- NACHO LABARGA
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Hay vídeos que sirven para apagar incendios y otros que terminan demostrando que todavía queda humo. Red Bull-BORA-hansgrohe quiso cerrar definitivamente la primera crisis entre Remco Evenepoel y Florian Lipowitz, sus dos líderes para el Tour de Francia, pero la estrategia de comunicación escogida provocó precisamente el efecto contrario. La escena recordó de inmediato a una de las páginas más célebres del Movistar Team: el vídeo con el que Alejandro Valverde, Mikel Landa y Nairo Quintana intentaron negar sus problemas internos durante el Tour de 2019.
Todo comenzó en el autobús de Red Bull. Antes de la séptima etapa, Evenepoel y Lipowitz aparecieron sentados juntos ante una cámara del equipo. Una persona situada fuera de plano les preguntaba por el resultado de la jornada anterior, la primera gran batalla montañosa de la carrera, con final en Gavarnie-Gèdre.
“Creo que podemos estar contentos con lo de ayer”, respondió Lipowitz. Evenepoel, a su lado, se sumó a esa lectura positiva: “Yo terminé cuarto y Lipo sexto, que está bastante bien. Llegamos con los otros aspirantes al podio, así que fue un buen día para nosotros”. El belga añadió que los problemas se hablan y después se olvidan. La intención del mensaje era evidente: aquí no ha pasado nada.
Pero sí había pasado.
Apenas unas horas antes, Evenepoel había mostrado públicamente su enfado porque Lipowitz no había colaborado con él en la persecución y tampoco le había preparado el esprint por la tercera plaza. El campeón belga quería los segundos de bonificación y terminó superado por Isaac del Toro.
“Le pedí un relevo y no me lo dio. Creo que tenía razón para enfadarme. En Catalunya rodé al frente durante 30 kilómetros y ahora le pedí que lo hiciera durante uno”, explicó Remco después de la etapa. También anunció que el asunto tendría que ser tratado durante la reunión del equipo.
La secuencia resultó difícil de esconder. Primero apareció el líder enfadado ante los medios y, al día siguiente, los dos protagonistas fueron colocados juntos en el autobús para explicar que todo estaba solucionado. La reconciliación podía ser sincera, pero su puesta en escena pareció demasiado evidente.
En las redes sociales el vídeo fue recibido con ironía. Numerosos aficionados lo calificaron de “forzado”, “preparado” o “incómodo”. El lenguaje corporal, las respuestas breves y la presencia de un entrevistador del propio equipo alimentaron la sensación de estar ante una operación de control de daños más que frente a una conversación espontánea.
Y entonces regresó el recuerdo de Movistar.
En el Tour de Francia de 2019, el equipo español también atravesaba una tormenta alrededor de sus líderes. Nairo Quintana no había trabajado para Mikel Landa durante una etapa pirenaica y las declaraciones posteriores del colombiano provocaron todo tipo de interpretaciones. El llamado tridente, completado por Alejandro Valverde, parecía competir tantas veces contra sus rivales como contra su propia jerarquía interna.
Movistar decidió responder con un vídeo grabado también dentro del autobús. Valverde aparecía entre Landa y Quintana, intentando ejercer como mediador y asegurando que todo se había sacado de contexto. Para reforzar la imagen de armonía, Landa masajeaba los hombros de Nairo mientras el campeón del mundo hablaba de un ambiente “fenomenal”. Lejos de detener el debate, las imágenes fueron calificadas entonces de “pantomima” o “paripé”.
Siete años después, Red Bull ha caído en la misma trampa. Cuando un equipo necesita grabar un vídeo para demostrar públicamente que no existe un conflicto, la audiencia suele interpretar justo lo contrario. La cámara no elimina las dudas: las amplifica.
Existen, además, similitudes deportivas entre ambos casos. Movistar llegó a aquel Tour con tres corredores importantes y sin una jerarquía suficientemente definida. Red Bull ha empezado esta edición con Evenepoel como su gran fichaje, pero también con un Lipowitz que fue tercero en el Tour anterior y que no ha acudido a Francia para convertirse automáticamente en gregario.
El equipo alemán ha defendido desde el principio que las diferentes cualidades de sus dos líderes multiplican sus opciones tácticas. Sobre el papel, contar con dos candidatos al podio es una ventaja. El problema aparece cuando ambos llegan juntos al momento decisivo y uno espera que el otro trabaje.
Patrick Lefevere, antiguo jefe de Evenepoel, ya advirtió de que la tensión “estaba escrita en las estrellas”. Para el veterano dirigente, Remco es “el macho alfa por excelencia” y no concibe fácilmente un liderazgo compartido. Alberto Contador también considera que estos asuntos deben resolverse dentro del autobús y pronosticó que no será el último episodio entre ambos durante el Tour.
Red Bull ha tratado de rebajar la polémica por todas las vías. Zak Dempster aseguró que los corredores hablaron camino del hotel. Ralph Denk explicó que incluso cenaron juntos y se rieron durante la noche. Evenepoel, por su parte, dio marcha atrás y sentenció: “Todo está aclarado. El pasado es pasado y ahora hay que mirar hacia adelante”.
Puede que la crisis esté realmente cerrada. El Tour, sin embargo, seguirá colocando a Evenepoel y Lipowitz ante decisiones incómodas. Mientras los dos continúen cerca en la clasificación, Red Bull tendrá dos bazas para asaltar el podio, pero también dos corredores que aspiran a ocupar el mismo espacio.
Movistar descubrió en 2019 que el buen ambiente no se demuestra con un masaje ante una cámara. Red Bull acaba de comprobar que tampoco basta con sentar a dos líderes juntos y preguntarles si están contentos.
En el Tour, las reconciliaciones más convincentes no se graban en el autobús. Se demuestran cuando la carretera obliga a uno de los dos a trabajar para el otro.
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