La última del verano
Reposo absolutoViajar en verano tiene mucho de penitencia y poco de descanso
Regala esta noticia Añádenos en Google Una playa de Málaga abarrotada de personas. (Ñito Salas) 19/07/2026 a las 00:00h.«Toda la desgracia de los hombres proviene de no saber permanecer en reposo en una habitación». Lo dijo Pascal, quien, además de matemático y ... físico, debía de ser un tipo con bastante sentido común. Y no puedo estar más de acuerdo. Por eso, este verano me quedo aquí, en mi santa casa. Que, entre ustedes y yo, una está harta de dar botes por el mundo. Que tengo que decir que me apasiona viajar para que no me miren como si acabara de confesar que disfruto estrangulando gatitos. Que llevo seis veranos como corresponsala por rastrojo: hemos sudado la gota gorda recorriéndonos España en Yo lo que quiero es veranear. Pero veranear de verdad. Aburrirme con dedicación exclusiva. Quitarme el reloj, esconder el portátil hasta que se le descargue la batería y contemplar cómo pasan las horas con el mismo entusiasmo con el que veo crecer la hierba. Ese es mi plan. Aunque, de momento, tengo que seguir al pie del cañón; digo, de la página. Porque se acaba el Mundial y alguien tendrá que dar entretenimiento al respetable. Pero, entre artículo y artículo, me recreo en mi próximo 'dolce far niente' comprándome modelos por internet como si fuera a pasar el verano en Saint-Tropez: mucho lino, mucha cuña y mucho capazo de paja. Total, para estar todo el día en bañador. De una pieza, por supuesto, que este cuerpo que se han de comer los gusanos no lo han de ver los cristianos. Ni los musulmanes, ni los judíos, ni siquiera los ateos, si me apuras. Mejor no empezar una guerra santa por culpa de mis michelines. Aunque, para santo guerrero, el mío. Un culo inquieto es lo que es. Todavía no estamos en agosto y ya ha empezado con las preguntas existenciales: «¿A dónde vamos?», me dice. Le faltan el ¿quiénes somos? y el ¿de dónde venimos? para completar la trilogía filosófica de Siniestro Total. Yo, muy en mi papel de tocarme las narices, le respondo que a ningún sitio. Solo quiero vivir en un estado de hibernación estival en el que el único movimiento sea ir del sofá a la nevera y de la nevera a tomar el sol con una cerveza en la mano. Pero él ya empieza a ponerse nervioso, oliéndose que lo voy a secuestrar en nuestra propia casa. Chico, relájate. Mírame y aprende, que yo hace tiempo que pasé de animal a vegetal. Y, este verano, a mineral, que mi objetivo es convertirme en roca sedimentaria. Y tan feliz.
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