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Respiré humo del tráfico para saber qué le hace la contaminación del aire a mi cuerpo

Respiré humo del tráfico para saber qué le hace la contaminación del aire a mi cuerpo
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El corresponsal de salud de la BBC, James Gallagher, participó en un estudio para entender cómo la contaminación del aire nos está matando.
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    • Autor, James Gallagher
    • Título del autor, Presentador de Inside Health de BBC Radio 4
  • 3 horas
  • Me siento contaminado.

    Estoy en un laboratorio observando mi sangre bajo el microscopio. En lugar de glóbulos rojos impecables, algunos están teñidos por manchas negras. Soy una de las primeras personas en el mundo en ver la contaminación del aire acumulándose en su cuerpo.

    Hace menos de una hora, estaba de pie junto a cuatro carriles de tráfico intenso en el centro de Londres. Era el tipo de avenida en la que se puede sentir el aire y una sensación arenosa en la boca.

    Me ofrecí a permanecer allí de pie durante 10 minutos, respirando aire sucio como parte de un experimento para comprender cómo la contaminación del aire afecta a nuestro cuerpo y perjudica nuestra salud.

    En Reino Unido, se cree que la mala calidad del aire mata a 30.000 personas al año, además de dañar a los bebés que están en el útero y agravar afecciones que van desde el asma hasta la demencia.

    La mayor parte de la contaminación del aire que inhalaba provenía del tráfico: emanaba invisiblemente de los tubos de escape, pero también se liberaba por el desgaste de los neumáticos y de los frenos.

    El profesor Jonathan Grigg, de la Universidad Queen Mary de Londres, llama a este lugar su "cámara de exposición".

    Gritando por encima del estruendo de los motores y de las sirenas, el experto me cuenta que la mayoría de la gente asume erróneamente que la contaminación del aire se filtra por la nariz o la boca, y que luego de quedar atrapada es expulsada por los pulmones.

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    "Lo que estamos observando es si las partículas más pequeñas no solo permanecen en los pulmones, sino que también pasan al torrente sanguíneo y recorren el cuerpo", explica Grigg.

    Fuente de la imagen, Tom Bonnett

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    Después de nuestra dosis de aire londinense, volvemos al laboratorio, donde me pinchan el dedo y preparan una muestra de sangre para su análisis.

    En el microscopio podemos ver fácilmente las células rojas en forma de disco que transportan el oxígeno por nuestro cuerpo.

    Me toma unos minutos verlas, pero entonces la contaminación del aire se hace evidente. Aparece como pequeños puntos negros adheridos a los glóbulos rojos.

    Son fragmentos de carbono y otras sustancias químicas, como un trozo de carbón en miniatura, que provienen de la combustión incompleta del combustible. Se conocen como PM 2.5, porque las partículas tienen un diámetro de menos de 2.5 micrómetros.

    No me sorprende ver contaminación atmosférica; por eso estamos haciendo el experimento, pero no puedo evitar la sensación de estar sucio, contaminado... manchado por ella.

    Fuente de la imagen, Tom Bonnett

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    La investigadora Norrice Liu ha analizado más de una decena de muestras de sangre de voluntarios como parte de un estudio.

    En promedio, uno de cada dos o tres mil glóbulos rojos había contenía un fragmento de contaminación que había sido transportado.

    Puede que no parezca mucho, pero si lo comparamos con los cinco litros de sangre de un adulto, los investigadores estiman que podría haber 80 millones de glóbulos rojos transportando la contaminación por nuestro cuerpo.

    "Es un poco perturbador ver eso, ¿verdad?", dice Liu.

    "Cada vez que paso por una calle concurrida, pienso en la cantidad de esto que circula por mi cuerpo... simplemente siento que no quiero estar mucho tiempo en la calle", agrega.

    Estuve parado junto a una avenida solo 10 minutos. Había mucho tráfico, pero no era una situación extrema. Probablemente tu sangre también se vea así.

    Fuente de la imagen, Tom Bonnett

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    ¿A dónde va a parar la suciedad?

    El equipo de la Universidad Queen Mary de Londres ha demostrado que los niveles de contaminación atmosférica en sangre disminuyen después de unas dos horas de respirar aire limpio.

    Grigg se sorprendió bastante al ver la contaminación atmosférica tan visible en la sangre, pero afirma que la pregunta clave es a dónde va.

    "No se exhala", explica; "parte puede ser filtrada por los riñones y expulsada por la orina".

    Pero la respuesta más probable es que las partículas de contaminación se estén "desplazando por el revestimiento de los vasos sanguíneos y alojándose en varios órganos".

    Esta investigación está empezando a explicar por qué la contaminación atmosférica se ha relacionado con tantos problemas de salud que van mucho más allá de los pulmones, incluyendo el cerebro y en bebés aún en el útero.

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    Se han encontrado depósitos de carbono negro procedentes de la contaminación atmosférica en el cuerpo humano, incluso en placentas, cuyo análisis externo se ha realizado después del nacimiento.

    "No hay razón para que se prefiera un órgano en lugar de otro, así que lo más probable es que estén en todas partes", afirma Liu.

    Y existen otras formas de contaminación atmosférica, como los óxidos de nitrógeno, que son gases invisibles al microscopio, pero que se sabe que causan daños.

    La Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que el 99% de la población mundial respira aire contaminado, lo que provoca siete millones de muertes al año. Un informe del Real Colegio de Médicos estima que la cifra en Reino Unido es de 30.000 muertes al año.

    Stephen Holgate, quien dirigió ese informe, afirmó que no había duda de que la contaminación atmosférica estaba dañando nuestra salud —"está claro, es pan comido"— y la prueba más evidente procede de las zonas que estaban reduciendo la contaminación atmosférica y viendo los beneficios.

    Pero ahora que la contaminación atmosférica es "en gran medida invisible", a diferencia de la niebla tóxica de antaño, la mayoría de nosotros no nos damos cuenta de que la estamos respirando y "no entendemos realmente que la contaminación atmosférica diaria es perjudicial", afirma.

    Fuente de la imagen, Getty Images

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    Las sospechas

    La contaminación atmosférica se ha relacionado con daños a lo largo de nuestra vida y en todo nuestro cuerpo.

    Hay muchas maneras en que el aire contaminado puede dañar otros órganos de nuestro cuerpo, pero se cree que la principal es la inflamación.

    La inflamación es la respuesta natural de nuestro cuerpo a lesiones e infecciones, pero también puede afectar a los vasos sanguíneos, aumentando la probabilidad de sufrir ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.

    Se ha demostrado que la inflamación pulmonar activa células cancerosas latentes, que luego se convierten en tumores mortales. Se cree que aproximadamente uno de cada diez cánceres de pulmón está causado por la contaminación atmosférica en Reino Unido.

    Incluso durante el embarazo, se cree que la contaminación atmosférica externa altera el funcionamiento del ADN del bebé durante etapas críticas de su desarrollo.

    "Hay un período muy sensible en el que la contaminación atmosférica puede causar problemas, y sin duda lo hace: pulmones y corazón pequeños, y algunos problemas con el desarrollo cerebral", afirma Holgate.

    En otra etapa de la vida, los componentes de la contaminación atmosférica parecen estar "acelerando el proceso" de la demencia, pues favorecen la formación de placas de proteínas tóxicas en el cerebro, explica el experto.

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    Pie de foto,

    ¿Qué se puede hacer al respecto?

    Existen recomendaciones sobre cómo minimizar nuestra exposición a la contaminación atmosférica, como caminar por calles secundarias más tranquilas o mantenerse alejado del borde de la carretera para estar mayor distancia del tráfico.

    Los expertos señalan que esto es especialmente importante para los bebés que viajan en cochecitos, pues están mucho más cerca de la altura de los tubos de escape.

    El estudio de Grigg demostró que una mascarilla FFP2 ajustada redujo la contaminación atmosférica en sangre, pero "no estamos diciendo que todos deban usar mascarilla", afirma Grigg.

    Sin embargo, el investigador añade que algunas personas clínicamente vulnerables, como quienes se recuperan de un infarto o padecen enfermedades respiratorias crónicas, podrían beneficiarse del uso de tapabocas en zonas con alta contaminación.

    Pero el problema de la contaminación atmosférica es que a menudo se respira la contaminación causada por otras personas. No es fácil vivir en otro lugar si la casa está en una calle con mucho tráfico.

    Los cambios en los automóviles —no solo las ventas de vehículos eléctricos, sino también las normas de emisiones de los nuevos motores diésel y de gasolina— están mejorando la calidad del aire.

    "Creo que cuanto más comprendamos los mecanismos que pueden causar estos efectos, más podremos presionar a los responsables políticos para que reduzcan la exposición, porque al final esa es la solución", afirma Grigg.

    Inside Health fue producido por Tom Bonnett

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Fuente original: Leer en BBC Mundo
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