Viernes, 25 de septiembre de 2026 Vie 25/09/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Resuelven el misterio de los dedos hundidos en la pared de la Cueva del Tesoro

Resuelven el misterio de los dedos hundidos en la pared de la Cueva del Tesoro
Artículo Completo 1,039 palabras
La geología descubre que los grupos prehistóricos dejaron sus manos impresas en la piedra por una reacción química provocada por el guano de murciélago
Resuelven el misterio de los dedos hundidos en la pared de la Cueva del Tesoro

La geología descubre que los grupos prehistóricos dejaron sus manos impresas en la piedra por una reacción química provocada por el guano de murciélago

Regala esta noticia Añádenos en Google El arqueólogo coloca su mano junto a los dedos impresos en la roca. (Marilú Báez)

Regina Sotorrío

25/09/2026 a las 06:22h.

Bajo tierra hay una enorme cantidad de información por descifrar. Los grupos de la Prehistoria dejaron sus huellas en las cuevas que habitaron en forma ... de dibujos y signos con mensajes que aún esperan ser desentrañados por el hombre moderno. Son las marcas más llamativas, un ciervo, un pez o una mano que han concentrado toda la atención de los expertos, pero una exploración profunda revela que no son las únicas. Hace tiempo que en la Cueva del Tesoro se detectaron unas extrañas impresiones en la roca, dedos y palmas que parecen hundidas en la piedra. Como si en algún momento de la historia esa pared hubiera estado blanda y alguien hubiera deslizado por ella sus manos. La explicación se le escapaba de la arqueología. La respuesta había que buscarla en la geología. E incluso para los geólogos resultaba un misterio.

Como explica Liñán, los excrementos de estos mamíferos voladores en contacto con el carbonato de calcio de la roca caliza, generan una reacción química. Esa interacción disuelve la piedra y conlleva un proceso de precipitación de minerales de fosfato de calcio, que es la hidroxiapatita. Durante un periodo de tiempo, hubo una costra blanda sobre la que los grupos prehistóricos dejaron sus dedos y sus palmas. «Nos falta seguir estudiando otros sitios de la cueva y determinar por qué proceso ese soporte blando desaparece o se altera», añade la geóloga.

    En zonas oscuras y profundas

    Las marcas impresas están repartidas por diferentes galerías de la Cueva del Tesoro, pero siempre en lugares alejados de la boca de entrada y próximas a otras manifestaciones gráficas. (Marilú Báez)

    Haces en diferentes direcciones

    En una zona de la cueva hay un panel en el que se distinguen varias acciones con los dedos en distintas direcciones que parecen crear un abanico de líneas. . (Marilú Báez)

    Mano impresa

    A la derecha de la imagen se aprecian varios dedos de una mano impresa en la roca y manchada de barro. . (Marilú Báez)

    Más líneas

    Panel lleno de líneas levemente hundidas en la roca. (Marilú Báez)

Recorremos la Cueva del Tesoro con el arqueólogo Pedro Cantalejo, ya con una mirada diferente. Ahora no nos detenemos en los restos de pigmentos que se detectan en distintos puntos de la galería, buscamos otro tipo de rastro de quienes ocuparon esa cueva. «Mira, ahí», advierte mientras señala con el puntero. «Se ven tres acciones. Primero hay una acción de peinado hacia abajo, después una especie de manotazo en una curva amplia y, encima de todo eso, tres haces de líneas o de trazos que conforman ese abanico», detalla. Son hendiduras leves pero visibles con forma de U, lo que las distingue de las marcas de un grabado en la pared con sílex, que deja un surco más profundo y en V.

Esas impresiones están repartidas por varias galerías, en puntos alejados de la boca de entrada. Las hay de distintos tamaños, «lo que nos está llevando a pensar en la participación de un grupo muy heterogéneo de exploradores», desde niños hasta adultos. En unas ocasiones están a la altura de los individuos (en lugares visitables que se mantienen en secreto para garantizar su protección), en otras se encuentran a dos metros y medio de altura desde el suelo. «Probablemente las hiciera una persona subida en otra o apoyando su pie en un hueco de la roca». En otro lugar, una mano izquierda manchada de barro se ha quedado fosilizada en la roca por la hidroxiapatita. Más allá alguien hundió solo la palma dejando el hueco en la pared. Algunas de esas manifestaciones ya habían sido registradas en publicaciones que recogen las marcas halladas en la Cueva del Tesoro, pero aparecían como «grabados», un término que ahora resulta impreciso.

Los investigadores han tomado muestras para obtener dataciones cronológicas e incluso restos de ADN

Una vez desvelado el misterio de cómo se hicieron, surgen nuevas preguntas. El siguiente paso que están dando los investigadores malagueños es la toma de muestras para obtener dataciones cronológicas que enmarquen el tiempo en el que se realizaron las marcas. Incluso creen que pueden obtener ADN de esas paredes manipuladas por los exploradores paleolíticos, con muestreos realizados el pasado mes de junio dentro del Proyecto First Art con el apoyo de National Geographic. Porque, además, se da la circunstancia de que la hidroxiapatita absorbe el ADN humano.

Detrás de las investigaciones en las cuevas del Rincón de la Victoria hay un amplio equipo de arqueólogos y científicos integrado por María del Mar Espejo, Luis-Efrén Fernández, José Ramos Muñoz, Yolanda del Rosal, Hipólito Collado, José Antonio Molina y Antonio Aranda, junto con Cantalejo y Liñán. A nivel institucional, están implicadas la Universidad de Málaga, la Universidad de Cádiz, el Instituto de Investigación Cueva de Nerja, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Granada, el Ayuntamiento de Rincón de la Victoria y la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico.

Y con cada avance se abre un debate. «Evidencias rupestres sí que son. ¿Arte rupestre? No lo sé», añade Cantalejo. El hecho de estar situadas en zonas oscuras y profundas de la cavidad, relacionadas espacialmente con los motivos gráficos artísticos convencionales, indica que tenían una finalidad, un posible mensaje en piedra para futuros exploradores. Un enigma todavía por resolver.

comentarios Reportar un error
Fuente original: Leer en Diario Sur - Ultima hora
Compartir