Marbella, 10 de julio de 2026. Hay promesas que se firman con fuego y canciones que se convierten en contratos de fidelidad eterna. Cuando un ... torbellino de nostalgia y elegancia británica pisó el escenario de Starlite Occident, arrancando con la energía arrolladora de 'Together Forever', el auditorio de la cantera de Marbella no solo asistió a un concierto, fue testigo del regreso triunfal de un icono. A sus 60 años, Rick Astley dejó claro que aquel estribillo que marcó a toda una generación en 1987 («Never gonna give you up, never gonna let you down, never gonna run around and desert you», que en español se traduce como «Nunca voy a abandonarte, nunca voy a decepcionarte, nunca voy a salir corriendo y dejarte tirado») no era un capricho del destino, sino el prólogo de un idilio que hoy, casi cuatro décadas después, sigue moviendo masas.
El concierto comenzó con una declaración de intenciones. Lejos de la imagen del joven tímido de voz profunda que asombró al mundo bajo la factoría de Stock, Aitken & Waterman, el Astley de 2026 apareció reconvertido en un soberbio showman. Vestido impecablemente de blanco, con una sonrisa que desarmaba cualquier atisbo de frialdad y esa portentosa voz que parece inalterable al paso del tiempo, el británico se metió al público en el bolsillo desde los primeros acordes. Los temas de sus últimos trabajos, donde abraza el soul y el gospel con madurez, sirvieron para calentar una noche que amenazaba con ser histórica, regalando un directo impecable.
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