El cantante, que actuará en Starlite Marbella, recuerda sus años de agotamiento tras el éxito, reflexiona sobre el fenómeno del 'Rickrolling' y confiesa que organiza sus giras según los restaurantes que quiere visitar
Regala esta noticia Añádenos en Google Rick Astley sobre el escenario en una foto de archivo de un concierto en España. (SUR)Dilip Kuner
Málaga
29/06/2026 a las 23:49h.En 1987, un chico que aparentaba once años, pero poseía una voz grave impregnada de soul, conquistó las listas de éxitos de medio mundo vestido ... con una gabardina que, simplemente, llevaba en la bolsa. Hoy, aquel adolescente se acerca a los sesenta, aunque Rick Astley conserva intactos el carisma y el sentido del humor. Es más, su popularidad ha crecido gracias a un fenómeno de internet que ha sabido abrazar con una enorme sonrisa y que lo ha convertido en una figura de culto.
«Siempre interpreto los grandes éxitos. Jamás se me ocurriría dejar de hacerlo»
Su ascenso bajo el engranaje de la factoría pop formada por Stock, Aitken y Waterman está ampliamente documentado, aunque el cantante desmonta enseguida el mito del «éxito de la noche a la mañana». Antes de grabar sus propios discos trabajó en el estudio como chico para todo, preparando cintas y asistiendo en las sesiones de grabación. «Veía cómo, mes tras mes, iban saliendo canciones que se convertían en números uno», recuerda. «Supongo que tuve la suerte de estar en el lugar adecuado para conseguir un éxito... pero eso nunca garantiza nada».
Ni siquiera cuando grabó 'Never gonna give you up' estaba claro que fuera a convertirse en un fenómeno mundial. Astley recuerda que la industria no terminaba de confiar en él. «No les convencía que pareciera un niño de once años y, sin embargo, sonara como sonaba», dice entre risas. Después añade con modestia: «Si hubiera tenido un aspecto sofisticado, elegante o de modelo, creo que aquello no habría funcionado». Aquella naturalidad también quedó reflejada en el videoclip que acabaría convirtiéndose en un icono de la cultura popular. «En aquel primer vídeo llevaba mi propia ropa. Nadie me vistió para la grabación. Me puse un impermeable porque era lo que llevaba en la bolsa».
Un vídeo legendario
Décadas más tarde, ese mismo vídeo ha alcanzado un estatus legendario en Internet gracias al fenómeno mundial del 'rickrolling', una popular broma en la que se ocultaba un fragmento sorpresa de 'Never gonna give you up' en enlaces aparentemente inofensivos enviados por correo electrónico. Lejos de incomodarle, Astley lo disfruta con humor. «Nunca me preocupó que el 'rickrolling' convirtiera mi música en un chiste; para ser sinceros, ya era bastante divertida de por sí», afirma sonriendo.
En pleno apogeo de su carrera, entre finales de los ochenta y comienzos de los noventa, cuando acumuló ocho sencillos entre los diez más vendidos del Reino Unido, Astley tomó una decisión que sorprendió a la industria: abandonar el estrellato para dedicar tiempo a su familia. El ritmo de trabajo era tan intenso que había dejado de sentirse músico para convertirse en una especie de «comercial itinerante». «Estaba completamente vacío», reconoce. «Pensé que quizá había llegado el momento de dejarlo. Prefería marcharme por mi propio pie antes de que alguien acabara echándome por la puerta de atrás. ¿Sabes a qué me refiero?»
No fue, sin embargo, una ruptura sencilla. Astley admite que abandonar la fama exige un cambio mental mucho más complejo de lo que parece. «Para todo el mundo sigues siendo ese tipo. Tú puedes haber colgado la chaqueta, pero el hombre que se cruza contigo en el pub continúa viéndote como Rick Astley». Durante ese largo paréntesis intentó reinventarse como compositor y productor para otros artistas. No salió como esperaba. «No tenía el talento suficiente. Y, siendo sincero, tampoco la cabeza para hacerlo». «Creo que estaba completamente quemado», admite
Su vuelta a los escenarios llegó de la forma más inesperada. Ya había cumplido los cuarenta cuando recibió varias propuestas para actuar en Japón. Dudaba si aceptarlas, hasta que su mujer y su hija tomaron la decisión por él. «Prácticamente me obligaron», bromea. «Querían aprovechar el viaje para conocer Japón más allá de Tokio».
Aquellos conciertos cambiaron el rumbo de su carrera. Desde entonces comenzó a actuar con regularidad, retomó la grabación de discos y terminó publicando '50', el álbum que alcanzó el número uno en Reino Unido y que llevaba por título la edad que tenía entonces.
En los últimos años Astley ha vivido una segunda juventud artística. Ha conquistado al público de festivales como Glastonbury y ha sorprendido colaborando con la banda indie Blossoms para interpretar íntegramente canciones de The Smiths, uno de sus grupos de referencia. Tampoco es extraño verlo interpretar clásicos de AC/DC. «Aprendí a tocar la batería escuchando 'Highway to Hell'. Ponía ese disco una y otra vez y tocaba encima hasta que encontré mi propio ritmo».
Su integración definitiva en el universo del rock llegó gracias a Dave Grohl. Durante un concierto de Foo Fighters en Japón, el líder de la banda lo invitó inesperadamente a subir al escenario para interpretar 'Never gonna give you up'. El vídeo de aquella actuación acumula millones de reproducciones en internet.
Versatilidad
Esa libertad le ha permitido interpretar repertorios tan distintos como canciones de Frank Sinatra, uno de los artistas favoritos de su padre. «Es como ponerse un abrigo distinto», resume. Hoy afronta los conciertos sin la presión de demostrar nada. «Ya no me tomo todo esto demasiado en serio. Al final estamos ahí para escuchar esas canciones que marcaron nuestra infancia. Y, mientras todos disfrutan recordándolas, yo aprovecho para colar también algunos temas nuevos».
Los seguidores españoles podrán comprobarlo en la gira que comenzará en Starlite Marbella. Pero ojo: «Quiero que esto quede muy claro. Siempre canto los éxitos. Siempre. Jamás se me ocurriría dejar de hacerlo. Si el público revive sus recuerdos, de alguna manera yo también vuelvo a vivir los míos».
Fuera de los escenarios, Astley y su mujer convierten cada gira en una oportunidad para viajar. Apasionado de la historia, habla con entusiasmo de Sevilla, Córdoba o Madrid, y reconoce que le gustaría pasar más tiempo en Granada. Pero si hay algo que condiciona realmente sus itinerarios es la gastronomía. «En cuestión de comida, España es extraordinaria. Mi mujer y yo organizamos buena parte de la gira alrededor de los restaurantes que queremos visitar». Incluso bromea con la idea de retirarse algún día para abrir un chiringuito junto al mar. «Es muy posible», dice entre risas. «La duda está entre España e Italia. Ya veremos». España tiene una nueva oportunidad para convencerle.
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