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Roger Shattuck, el pequeño salvaje

Roger Shattuck, el pequeño salvaje
Artículo Completo 646 palabras
Si hay una discusión que sigue vigente desde que la Ilustración la planteara de forma nítida es hasta qué punto la humanidad y el instinto sociales son algo innato, que todos los recién nacidos tienen en potencia, o una construcción otorgada por la crianza y la educación. En la explosión de la Razón con la que terminó el siglo XVIII y comenzó el XIX, parecía haber consenso en que la única forma de resolver la cuestión sería realizar un experimento insoportable desde cualquier perspectiva moral: arrancar a un recién nacido de los brazos de su madre, encerrarlo en un lugar sin estímulos ni contactos sociales, y observar si esos rasgos humanos e inteligentes emanaban de él por sí solos.Ensayo 'El experimento prohibido' Autor Roger Shattuck Editorial Gatopardo Año 2026 Páginas 288 Precio 20,95 euros Valoración ****Por eso, no es de extrañar que la aparición en 1800 de un niño que parecía haber crecido solo en un bosque del sur de Francia, bautizado rápidamente por la prensa de la época como el Pequeño Salvaje o el Salvaje de Aveyron , concitara de inmediato la atención. Los médicos y pensadores del momento vieron en él el mayor de los regalos, la encarnación del experimento prohibido. Pronto fue llevado a París, donde Jean Itard, un joven pedagogo que terminaría convertido en uno de los primeros defensores de la educación especial, se empeñaría en demostrar que Victor, como terminó llamándolo, podía aprender a leer, escribir y razonar, lejos de la condición animal que el resto se empeñaba en atribuirle.La historia de Victor ha inspirado a numerosos estudiosos y creadores desde que quedara fijada en la memoria colectiva de Francia, incluida la película de 1970 de François Truffaut del mismo nombre, y en la que el propio director interpretaba a Itard. Pero la mirada más actual fue la que cristalizó en este texto del escritor e historiador cultural Roger Shattuck, que ahora se recupera. Una narración absorbente en la que el autor rehúye la trampa de juzgar a los protagonistas desde el presentismo, aunque trace una línea entre lo que intentaba Itard y lo que el estado de la psicología, la lingüística, la medicina y la neurociencia de los setenta decía de una cuestión que, lejos de desaparecer, seguía sobre el tapete.Bajo su mirada, que rehúye especulaciones y que se apoya en las diversas fuentes existentes sobre el tema, especialmente los informes del propio Itard pero también otras crónicas de la época que demuestran lo grande, pero también efímero, de su celebridad, el lector puede ponerse en la piel de quienes consideraban hacer lo correcto. Rehúye especulaciones y se apoya en las diversas fuentes existentes sobre el tema, especialmente los informes del propio ItardY las cuestiones que apunta siguen igual de vigentes: ¿hasta qué punto es lícito domeñar a quien no está capacitado para vivir según las normas establecidas por la sociedad, incluso si ese aprendizaje es doloroso y falto de garantías ? Quizá lo más contundente de este texto sea el que aún existe terreno para la duda.

Si hay una discusión que sigue vigente desde que la Ilustración la planteara de forma nítida es hasta qué punto la humanidad y el instinto sociales son algo innato, que todos los recién nacidos tienen en potencia, o una construcción otorgada por la crianza ... y la educación.

En la explosión de la Razón con la que terminó el siglo XVIII y comenzó el XIX, parecía haber consenso en que la única forma de resolver la cuestión sería realizar un experimento insoportable desde cualquier perspectiva moral: arrancar a un recién nacido de los brazos de su madre, encerrarlo en un lugar sin estímulos ni contactos sociales, y observar si esos rasgos humanos e inteligentes emanaban de él por sí solos.

Por eso, no es de extrañar que la aparición en 1800 de un niño que parecía haber crecido solo en un bosque del sur de Francia, bautizado rápidamente por la prensa de la época como el Pequeño Salvaje o el Salvaje de Aveyron, concitara de inmediato la atención. Los médicos y pensadores del momento vieron en él el mayor de los regalos, la encarnación del experimento prohibido.

Pronto fue llevado a París, donde Jean Itard, un joven pedagogo que terminaría convertido en uno de los primeros defensores de la educación especial, se empeñaría en demostrar que Victor, como terminó llamándolo, podía aprender a leer, escribir y razonar, lejos de la condición animal que el resto se empeñaba en atribuirle.

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La historia de Victor ha inspirado a numerosos estudiosos y creadores desde que quedara fijada en la memoria colectiva de Francia, incluida la película de 1970 de François Truffaut del mismo nombre, y en la que el propio director interpretaba a Itard. Pero la mirada más actual fue la que cristalizó en este texto del escritor e historiador cultural Roger Shattuck, que ahora se recupera.

Una narración absorbente en la que el autor rehúye la trampa de juzgar a los protagonistas desde el presentismo, aunque trace una línea entre lo que intentaba Itard y lo que el estado de la psicología, la lingüística, la medicina y la neurociencia de los setenta decía de una cuestión que, lejos de desaparecer, seguía sobre el tapete.

Bajo su mirada, que rehúye especulaciones y que se apoya en las diversas fuentes existentes sobre el tema, especialmente los informes del propio Itard pero también otras crónicas de la época que demuestran lo grande, pero también efímero, de su celebridad, el lector puede ponerse en la piel de quienes consideraban hacer lo correcto.

Rehúye especulaciones y se apoya en las diversas fuentes existentes sobre el tema, especialmente los informes del propio Itard

Y las cuestiones que apunta siguen igual de vigentes: ¿hasta qué punto es lícito domeñar a quien no está capacitado para vivir según las normas establecidas por la sociedad, incluso si ese aprendizaje es doloroso y falto de garantías? Quizá lo más contundente de este texto sea el que aún existe terreno para la duda.

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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