Dos orejas y a hombros en el remate de la feria. Una precisa faena de valor, entrega y buena cabeza del torero valenciano, tan querido en las Ventas. Corrida de buenas hechuras y variada condición de Victorino. Empeñoso Morenito de Aranda, voluntarioso Fernando Adrián
Regala esta noticia Añádenos en Google El valenciano Román durante el festejo taurino de la Feria de San Isidro. (Efe)Barquerito
06/06/2026 a las 22:20h.Los tres cuatreños de la corrida de Victorino fueron bastante más ofensivos que los tres cinqueños con los que se emparejaron por lotes. Dos de ... los cuatreños se jugaron por delante. Veleto el primero, descarado y ligeramente cornipaso el segundo. Molido a capotazos el uno, lidiado sin asiento ni criterio el segundo. De indomable bravura el primero, pronto y repetidor, la manera de humillar y la elasticidad privativas del toro emblema de Victorino. No incierto, pero sí de caprichoso temperamento el segundo, distraído al salir de suerte, pero también pegajoso, la cara alta. Dueño de la escena. La última embestida en busca de los medios con la espada enterrada arriba fue antológica. Morenito de Aranda sufrió con el primero, que, pendiente de todos sus movimientos, no le dejó pararse ni respirar tranquilo. Fernando Adrián no llegó a encajarse en serio con el segundo. Para esos dos toros hubo en el arrastre sendas ovaciones.
El desenfado tan personal de Román, pero la seriedad de la empresa, su seguridad, apenas puesta en cuestión cuando se cambió de mano y el toro le puso en apuros. Listo para volver a la mano buena, con la espada de matar ya en la mano. Román soltó la espada para sin ella cuajar una última tanda en redondo, que fue la joya de la corona. En los medios ya. Y al encuentro una estocada soberbia. En los medios dobló el toro. Ninguno de los sesenta y un toros muertos a estoque en la feria lo había hecho. La muerte de bravo desató la euforia. Dos orejas, la segunda plebiscitada.
Luego, cambió de signo la corrida. Recortado y remangado, muy bien hecho, el cuarto toro empujó menos que cualquiera de los tres primeros. Muy empeñoso Morenito, brillante en la apertura de faena, demasiado encima enseguida, demasiado plana y larga una porfía que acabó siendo una paliza. Un bajonazo. De buen aire el quinto, que romaneó en la primera vara, desmontó en la segunda -el piquero por el cuello del caballo al suelo- y tuvo trato por la mano derecha. Por la otra, como casi todos los demás, se revolvía. Toro a menos, y faena suelta y menguante, desatendida. El terciado sexto fue el de más cara de la corrida. Ligeramente bizco, dos ganzúas, la cara alta, sin descolgar. Versión ligera de Román, que ya estaba saboreando la salida a hombros.
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