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Rosa, maldon, yodada... Un tipo de sal para cada comida ¿qué diferencia a la común de las gourmet?Ni todas son iguales ni sirven para lo mismo, advierten los expertos
Lunes, 30 de marzo 2026, 19:20 | Actualizado 19:33h.
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En su origen fue todo un símbolo de poder porque la sal era un bien escaso y codiciado. Tanto que se llegó a usar como ... moneda de pago: un saquito a cambio de unas herramientas, ropa, comida o unas cuantas horas de trabajo... De ahí viene precisamente el término salario. Y aunque ahora no tiene tanto valor económico como antaño, todavía resulta imprescindible en nuestra vida. «Sazona nuestros platos, conserva alimentos, es fundamental para la elaboración de productos químicos de todo tipo... y hasta limpia las carreteras», resumen en la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU).
Sal de mesa: es la más habitual con diferencia. «Antes de comercializarse se refina y se le añaden antiaglomerantes, que son un tipo de aditivos autorizados para que no se compacte», aclaran en la Academia Española de Nutrición y Dietética. Se vende como sal fina o gruesa y su versión yodada es la que las autoridades sanitarias recomiendan como la más saludable. «Resulta ideal para cocinar y sazonar, pero mucho cuidado con las cantidades», advierten los expertos.
Sal marina: se obtiene por evaporación del agua de mar. Es decir, no se ha sometido a un proceso de refinado. «A no ser que lo ponga en la etiqueta, esta sal no está yodada», precisan en la Academia Española de Nutrición y Dietética. Hay sales marinas que tienen mucha fama como, por ejemplo, la de Ses Salines (Ibiza) o la de Es Trenc (Mallorca). Su grano es algo más grueso que el de la sal común y su sabor «más complejo». Se recomienda para cocinar al horno, para pescados, ensaladas o como toque final en platos fríos.
Kosher: se usa tradicionalmente en la cocina judía para purgar la sangre de los alimentos. Se ha hecho muy popular entre los chefs «por su facilidad de manejo y textura agradable. Muy útil para salar carnes antes de cocinar, especialmente asados y parrilla», apuntan en la OCU. Tiene una versión ahumada que aporta un extra de sabor a recetas veganas. En este caso, se usa como condimento y no como sal principal.
Baja en sodio: es la opción más indicada para las personas con hipertensión o que deben reducir su consumo de sal por motivos de salud, «siempre que el médico así se lo recomiende». Tiene un sabor algo más amargo.
Flor de sal: es una sal marina de alta calidad que se forma en la superficie de las salinas. Su recolección es completamente artesanal, lo que la convierte en una de las más apreciadas del mundo. Originalmente, solo se producía en la costa de la Bretaña francesa, pero hoy en día también se obtiene en España y México. Su sabor es muy suave y no se utiliza para cocinar, sino como sal de acabado en ensaladas, carnes, chocolates y caramelos.
Maldon: es una sal en escamas «muy apreciada por su punto crujiente». Se recoge en las salinas de Essex (Reino Unido) y también es ideal como sal de acabado. Su precio ronda los 20 euros el kilo.
Sal rosa del Himalaya: su característico color rosado se debe a las trazas de óxido de hierro que contiene. Su textura es crujiente y su aspecto muy estético, pero no tiene las propiedades milagrosas que se le atribuyen. Es perfecta como sal de acabado y en presentaciones gourmet.
Sal negra: muy usada en la cocina india, esta sal se ha puesto muy de moda. Tiene un origen volcánico y contiene compuestos de azufre, que le dan un sabor y olor muy particular, «como a huevo cocido». No es para todos los paladares.
Cómo reducir su consumo
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda tomar un máximo de 5 gramos de sal al día. Sin embargo, los españoles consumimos prácticamente el doble, «una ingesta excesiva que resulta perjudicial para nuestra salud». Embutidos, pan, leche, carne, ensaladas, salsas, queso, dulces... todo suma. La sal es un condimento muy agradecido y nos cuesta renunciar al sabor que aporta a la comida. Si queremos reducir su consumo, «podemos empezar por comer más platos hechos en casa a partir de ingredientes frescos... Y cuando cocinemos, mucho cuidadito con la cantidad de sal que echamos a la comida», aconsejan en la OCU.
Otra medida es limitar el consumo de embutidos curados, quesos, salazones de pescado, sopas deshidratadas, aceitunas, salsas... y todo tipo de alimentos de elaboración industrial por su alto contenido en sodio. En este sentido, los expertos también recomiendan no poner el salero en la mesa. «Muchas veces añadimos sal al plato antes incluso de probarlo. Hay estudios que aseguran que cuando se sazona la comida una vez servida, se usa mucha más cantidad de sal que cuando se añade al cocinar».
Como alternativa también se pueden usar especias, hierbas aromáticas, limón y vinagre... O cocinar al vapor o en papillote. Estas técnicas conservan mucho mejor el gusto de los alimentos que, por ejemplo, los hervidos. Por último, lee con atención las etiquetas. «Un alimento con 1,25 gramos de sal por 100 gramos de producto se puede considerar un alimento con alto contenido en sal», precisan en la OCU.
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