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Marilú Báez Rossy de Palma, la actriz sin molde: «Estoy en la pubertad de la vejez»Caso único en el cine español, dice ser «de todo menos rigurosa» y agradece el Premio Málaga-SUR «pero no me doy importancia»
Domingo, 8 de marzo 2026, 00:40
... la actriz sin molde, un animal mitológico con «esos ojos de loca tan hermosos», como le gritaba Chus Lampreave en 'La flor de mi secreto'. Ayer recibió el Premio Málaga-SUR y se dejó querer, ella que vive «enamorada del error» y que ha sido «de todo menos rigurosa». Aguanta con estoicismo la rueda de entrevistas a las que se somete «agradecida». Antes de la charla abre un regalo: una edición de 'Matar a Platón', de la poeta malagueña Chantal Maillard.Rossy de Palma deja huella en Málaga: «Es la que más lío ha armado»
Las mejores fotos de la alfombra roja del Premio Málaga SUR
–¿La poesía le ha salvado?
–Totalmente. Siempre tengo una mirada poética del mundo. Y el arte es un lugar tan acogedor… No hay género ni edad. Tampoco fronteras. Todo el mundo es bienvenido.
–Un premio como este supongo que obliga a hacer balance, pero no parece muy nostálgica.
–Soy melancólica de naturaleza, pero no nostálgica. No le doy tanta importancia a lo que hago, me siento una artesana. Lo que sí agradezco es el cariño.
–¿Una artesana?
–Sí, toco todo y sigo alucinada con la naturaleza, por ejemplo. Parece una chorrada, pero todavía me emociono con un amanecer o con un rosal. Pienso: ¿pero esta belleza?
–¿Y cómo se mantiene esa curiosidad intacta?
–No lo sé. No quiero soltar alguna frase típica de Instagram, pero quizá por la maravilla de ser todavía pequeña por dentro, una niña que se sorprende y se extasia. Hay gente que dice: «Hija mía, pero a ti te gusta todo». Y es verdad. A todo le saco algo. Ahora, por ejemplo, estoy emocionadísima con las biznagas.
–¿Cuándo las descubrió?
–Pues es curioso. Porque presenté este festival hace 29 años, la primera edición. Recuerdo que llevaba un vestido de Juanjo Oliva, color azul Mediterráneo. Ni siquiera era madre aún. Y no me fijé en las biznagas. Tampoco cuando rodé aquí 'El intercambio'. Pero luego mi amigo David Delfín, que era malagueño, se puso malito y le quise llevar algo típico de su tierra para darle una alegría. No podía ser algo gastronómico por su enfermedad. Le pregunté a Pepón (Nieto) y me dijo que le llevase una biznaga. Esta anécdota es muy personal, pero habla del cariño que le tengo a esta ciudad. Ahí supe lo que eran las biznagas, que ahora digo que son alta costura floral.
–¿La consiguió?
–Sí, me la vendió un chico gitano, que me la protegió para que pudiera traerla en el tren. Ahí comprendí la belleza que supone poner en cada pincho del cardo una flor de jazmín y que luego se abra. Eso también es poesía, como este libro que agradezco. Todavía guardo el WhatsApp de David.
«He sido de todo menos rigurosa... Es el fallo que tenemos las autodidactas»
–Alguien como usted que siempre reivindica la inocencia, ¿cómo lleva la pérdida?
–Me parece un tránsito. Perdí a mi madre el año pasado. A veces no tienes tiempo para el duelo. Pero hay personas que no se van nunca. David, por ejemplo. Ahora que veo este mundo tan revuelto me pregunto ¿qué hubiera dicho David? Él decía que el amor era el arma más potente, y ahora está de moda Bad Bunny y pienso: «Estas cosas ya las defendía David hace años». Estas personas tan potentes no se van nunca, de alguna manera. Su ausencia está presente. No se evaporan, no sé cómo decirte. Fíjate: ahora llevamos un tiempo recordándolo. Sigue aquí, entre nosotros.
–¿Y cómo gestiona no poder hablar más con su madre ni verla?
–Se fue con 93 años y con unas ganas locas de irse. El trauma existe porque te quedas huérfana, pero al mismo tiempo ves que esa persona tiene bien la cabeza y quiere marcharse. Mi madre nació en 1931: vivió guerras, lo vivió todo. Nosotros hemos sido unos privilegiados, al menos hasta ahora… Porque está todo tan incendiado por algunas cabezas locas. Pero yo he tenido la suerte de ser bisagra entre generaciones, de vivir lo analógico y lo digital, y ahora tengo 61 años…
–¿Cómo le sientan?
–Yo digo que los sesenta son la pubertad de la vejez. Hay que disfrutar mucho esta década porque los setenta son otro pantallazo. Agradezco tener salud y experiencias.
–Carmen Maura acaba de hacer su primer desnudo integral en el cine con ochenta años.
–Carmen es actriz, actriz, actriz. Yo soy más una intérprete, toco muchas cosas. No soy capaz de centrarme en una sola disciplina. Soy muy picaflor. Pero Carmen es impresionante, tan orgánica… Es una actrizón. Tengo muchas ganas de ver su película.
–¿Echa de menos haber sido menos dispersa?
–Mira, tengo una hija que es muy rigurosa. Y yo he sido de todo menos rigurosa. Es el fallo que tenemos las autodidactas, las que no hemos tenido formación pero tampoco hemos carecido de ella. O tejes o destejes: no puedes hacer las dos cosas a la vez. Y a mí me gusta mucho la improvisación, la performance, lo accidental. Yo vivo enamorada del error. Para mí es riqueza. Disfruto, como te digo, de que mi hija sea tan rigurosa y precisa. Pero yo no lo soy. A veces ella intenta que lo sea, pero le digo: «Ya es tarde, mi amor».
«Me gusta la idea del artista como conductor del arte, no del artista que se cree el propio arte»
–Celebra la equivocación, me parece hermoso.
–Porque tienes que celebrar lo que tienes. Y en la vida hay muchas cosas accidentales que después producen riqueza.
–¿Nunca ha sido vanidosa?
–Me gusta la idea del artista como conductor del arte, no del artista que se cree el propio arte. Es como si el enchufe y el cable se creyeran electricidad. Pues no. Yo, como artista, cuando más inconsciente e intuitiva soy, menos racional, mejor conduzco el arte. Algo pasa a través de mí. Puedo hacer una escultura sin premeditación. Me encanta la gente rigurosa, no tengo nada en contra, pero yo funciono de otra manera.
–¿No ha tenido la tentación de elevarse unos cuantos metros sobre el suelo?
–Siento cariño y eso me gusta, pero no me elevo. Tampoco las críticas me hacen bajar. Todo es subjetivo: lo que para unos es una virtud, para otros es un defecto. Es el ojo, su decisión. Yo ahí no puedo intervenir. Lo que estoy es agradecidísima a la vida. Tengo salud, amor por el arte y por las cosas. Me sigo asombrando. Y no me doy tanta importancia.
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