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Rubén Abella, 'match point'

Rubén Abella, 'match point'
Artículo Completo 722 palabras
Pocos autores hay en nuestra literatura capaces, como Rubén Abella (Valladolid, 1967), de iluminar un texto hasta límites insospechados con un estilo tan conciso , tan camuflado en realidad, que al lector le pilla por sorpresa esa suerte de iluminación que en un instante le cambia la percepción de aquello que estaba leyendo. Es una constante que repite en cada una de sus narraciones, sean éstas novelas o relatos, desde aquella 'La sombra del escapista' hasta esta 'Un día de fiebre' pasando por 'El libro del amor esquivo', 'Baruc en el río', 'California e Ictus', por no hablar de sus relatos en libros como 'Los ojos de los peces' o 'No habría sido igual sin la lluvia'.Narrativa 'Un día de fiebre' Autor Rubén Abella Editorial Menos Cuarto Año 2026 Páginas 331 Precio 22,50 euros Valoración *** En un momento determinado del discurrir de su vida, los personajes de sus libros cambian de rumbo, a veces de manera inopinada: son como fogonazos que se producen por motivos varios, por sucesos que son imperceptibles. En 'Un día de fiebre' ese cambio es terrible y afecta a una ciudad como Madrid: el 23 de febrero de 2015 un terremoto asola la ciudad ... o eso parece, hay gente que muere porque en ese momento estaba limpiando una ventana encaramada a una escalera, una universitaria es objeto de una novatada y el terremoto parece sólo algo añadido a su sufrimiento , gente traumatizada por los atentados de Atocha que percibe de nuevo el vacío, un bombero que debe cinco mil euros y que gracias a él le debemos un recorrido por la ciudad que es un homenaje a sus calles y a lo que contiene de mágico y de horrible. Noticia relacionada No No Rubén Abella y Amalia Iglesias, premio 'ex aequo' de la Crítica de Castilla y León ABCMágico: una cornisa se desprende del domicilio del que esto escribe, un suceso que ocurrió en mi casa unos años antes y cuyo desarrollo es parecido a lo que Abella relata y que el que esto escribe nunca contó... Horrible: Nuria, uno de los personajes más rotundos de la novela, más complejos, siente el terremoto en un aparcamiento de la Plaza Mayor mientras se dirige a La Mallorquina en busca de una tarta y cuando sale a la superficie, en Sol, el ritmo de la ciudad no ha cambiado , como si no hubiese sucedido nada, se entera de que su madre, que cumplía años ha muerto limpiando una ventana...Hay un ritmo casi trepidante en la novela y el autor muestra una habilidad extraordinaria en dotar a sus personajes, que son casi multitud, de unas correspondencias entre ellos muy acordes y, se diría, evidentes pero que creemos no se hubieran producido de no haber sucedido lo del terremoto. Ese ritmo se altera y baja su diapasón cuando el terremoto y sus consecuencias, muchas de ellas terribles, comienzan a difuminarse porque son ya parte integrante del ritmo cotidiano : «Madrid tiene mala memoria. Vive demasiado rápido como para recordar las cosas que le pasan. Son las nueve de la noche y en el mapa ya no queda ningún punto rojo. El metro ha recuperado su ritmo. En la calle los coches circulan con la impaciencia de siempre. La gente ya no habla del susto que les ha dado la tierra. Al ver que el mundo sigue girando, han vuelto a sus inquietudes de antes del seísmo: el sueldo no da para más, llego tarde, la niña tose mucho, a este paso me jubilo a los setenta...» Es la voz en 'off' que sella los destinos que antes hemos leído...

Pocos autores hay en nuestra literatura capaces, como Rubén Abella (Valladolid, 1967), de iluminar un texto hasta límites insospechados con un estilo tan conciso, tan camuflado en realidad, que al lector le pilla por sorpresa esa suerte de iluminación que en un instante ... le cambia la percepción de aquello que estaba leyendo.

Es una constante que repite en cada una de sus narraciones, sean éstas novelas o relatos, desde aquella 'La sombra del escapista' hasta esta 'Un día de fiebre' pasando por 'El libro del amor esquivo', 'Baruc en el río', 'California e Ictus', por no hablar de sus relatos en libros como 'Los ojos de los peces' o 'No habría sido igual sin la lluvia'.

En un momento determinado del discurrir de su vida, los personajes de sus libros cambian de rumbo, a veces de manera inopinada: son como fogonazos que se producen por motivos varios, por sucesos que son imperceptibles.

En 'Un día de fiebre' ese cambio es terrible y afecta a una ciudad como Madrid: el 23 de febrero de 2015 un terremoto asola la ciudad... o eso parece, hay gente que muere porque en ese momento estaba limpiando una ventana encaramada a una escalera, una universitaria es objeto de una novatada y el terremoto parece sólo algo añadido a su sufrimiento , gente traumatizada por los atentados de Atocha que percibe de nuevo el vacío, un bombero que debe cinco mil euros y que gracias a él le debemos un recorrido por la ciudad que es un homenaje a sus calles y a lo que contiene de mágico y de horrible.

Rubén Abella y Amalia Iglesias, premio 'ex aequo' de la Crítica de Castilla y León

Mágico: una cornisa se desprende del domicilio del que esto escribe, un suceso que ocurrió en mi casa unos años antes y cuyo desarrollo es parecido a lo que Abella relata y que el que esto escribe nunca contó... Horrible: Nuria, uno de los personajes más rotundos de la novela, más complejos, siente el terremoto en un aparcamiento de la Plaza Mayor mientras se dirige a La Mallorquina en busca de una tarta y cuando sale a la superficie, en Sol, el ritmo de la ciudad no ha cambiado, como si no hubiese sucedido nada, se entera de que su madre, que cumplía años ha muerto limpiando una ventana...

Hay un ritmo casi trepidante en la novela y el autor muestra una habilidad extraordinaria en dotar a sus personajes, que son casi multitud, de unas correspondencias entre ellos muy acordes y, se diría, evidentes pero que creemos no se hubieran producido de no haber sucedido lo del terremoto.

Ese ritmo se altera y baja su diapasón cuando el terremoto y sus consecuencias, muchas de ellas terribles, comienzan a difuminarse porque son ya parte integrante del ritmo cotidiano: «Madrid tiene mala memoria. Vive demasiado rápido como para recordar las cosas que le pasan. Son las nueve de la noche y en el mapa ya no queda ningún punto rojo. El metro ha recuperado su ritmo. En la calle los coches circulan con la impaciencia de siempre. La gente ya no habla del susto que les ha dado la tierra. Al ver que el mundo sigue girando, han vuelto a sus inquietudes de antes del seísmo: el sueldo no da para más, llego tarde, la niña tose mucho, a este paso me jubilo a los setenta...»

Es la voz en 'off' que sella los destinos que antes hemos leído...

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Fuente original: Leer en ABC - Cultura
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