Las baterías de defensa de Kiev lograron neutralizar 549 drones y 55 misiles, según su Fuerza Aérea. Pero no evitaron que la lluvia de proyectiles convirtiera la capital y las zonas que están a su alrededor en un escenario de destrucción. Yevhen Zosin, de 74 años, corrió a socorrer a su perro cuando escuchó la primera detonación. «Luego hubo otra explosión y la onda expansiva nos lanzó, a mi mujer y a mí, como si fuéramos alfileres. Sobrevivimos, pero mi apartamento ha quedado destrozado», relató en el diario británico 'The Guardian'.
Los disparos rusos dañaron el Museo Nacional de Arte, en Kiev: techos agujereados, ventanas rotas, cristales reventados y escombros por todas partes. También el edificio que es sede del Ministerio de Exteriores sufrió desperfectos. «Los ataques rusos tuvieron como objetivo una zona histórica de la capital. Es una prueba más de que nos enfrentamos a hordas de bárbaros, no a los herederos de la civilización», acusó el titular de Exteriores, Andrii Sybiha.
Reacción en la UE
«Rusia no puede quedar impune», clamó Zelenski, en un mensaje dirigido a la comunidad internacional. «Tres misiles rusos fueron dirigidos contra una instalación de abastecimiento de agua, un mercado, edificios residenciales y escuelas. Y él (en referencia a Putin) lanzó su Oreshnik», añadió. El Kremlin había recurrido a este proyectil en noviembre de 2024, contra una fábrica militar, y en enero de este año, sobre una instalación aeronáutica en el oeste de Ucrania, cerca de las fronteras de la OTAN.
El conflicto sigue atascado. Los frentes apenas se mueven y la diplomacia no avanza desde que en febrero se desató en Oriente Medio la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán. El paseo militar que ideó Putin en 2022 para conquistar Ucrania en apenas unas semanas se ha convertido en una guerra lenta y de desgaste que no ve el final más de cuatro años después de su inicio.
«El terror contra civiles no es fuerza; es desesperación», subraya Von der Leyen
El Kremlin negó que este último ataque fuera dirigido contra la población, pero no convence a las autoridades europeas. «El terror contra civiles no es fuerza; es desesperación», señaló la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. La jefa de la diplomacia de la UE, Kaja Kallas señaló que el uso del misil hipersónico es «una táctica política de intimidación». Friedrich Merz, canciller alemán, dijo que era una «escalada temeraria» y Emmanuel Macron, presidente francés, lo definió como una «huida hacia delante». Esta semana, los ministros de Exteriores de la UE debatirán cómo «aumentar la presión sobre Rusia».
En Kiev, los residentes vienen de otro invierno sin apenas calefacción y ahora, cuando al fin mejoran las temperaturas, les llueven bombas como sucedió el pasado sábado. «Reinaba el caos total. Los niños empezaron a gritar, la gente era presa del pánico», cuenta Sofía Melnichenko, una joven de 21 años que se refugió en una estación del metro de la capital ucraniana.
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