Entre los restos de una de las armas rusas utilizadas contra Ucrania ha aparecido una pieza especialmente reveladora. Los especialistas de la inteligencia militar ucraniana (GUR) desmontaron un misil de crucero aéreo S-71M Monochrome y encontraron en su interior un módulo Nvidia Jetson Orin, una plataforma concebida precisamente para ejecutar inteligencia artificial y procesamiento de imágenes en dispositivos autónomos. El hallazgo encaja con una de las características más inquietantes atribuidas al nuevo misil ruso.
El cerebro no nació para un misil. Como decíamos, el componente identificado es un Jetson Orin NX, una pequeña computadora que Nvidia comercializa para robots, drones y otras máquinas que necesitan interpretar imágenes sin depender de un centro de datos. Incorpora núcleos específicos para acelerar operaciones de inteligencia artificial y puede procesar localmente lo que recibe de una cámara, reconocer aquello que está viendo y transmitir esa información al sistema de control.
En el Monochrome podría trabajar junto a un sistema electroóptico equipado con una cámara china Honpho, identificando imágenes en tiempo real y ayudando al misil durante su aproximación final al objetivo. El S-71M, según la información disponible, puede ser lanzado desde cazas Su-57 o drones S-70 Okhotnik, alcanzar objetivos situados hasta unos 300 kilómetros y transportar una carga explosiva de aproximadamente 250 kilos.
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El problema: Nvidia abandonó Rusia en 2022. Aquí aparece la paradoja. La compañía dejó de operar oficial y directamente en Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022, mientras que la familia Jetson Orin NX comenzó a comercializarse posteriormente, en 2023. Más aún: las marcas del componente recuperado por Ucrania apuntan a que el chip habría sido empaquetado en marzo de 2025. Eso significa que, si la identificación ucraniana es correcta, el dispositivo tuvo que llegar a manos rusas mucho después de que Nvidia hubiera abandonado el país.
Cómo lo hizo sigue siendo desconocido, pero el caso vuelve a mostrar uno de los grandes agujeros de los controles tecnológicos occidentales: componentes comerciales pueden atravesar cadenas de distribuidores, intermediarios y mercados de segunda mano hasta acabar en destinos para los que nunca fueron vendidos originalmente.
Un producto comercial en el campo de batalla. Por su parte, Nvidia insiste en que los Jetson Orin son productos comerciales destinados a estudiantes, desarrolladores, empresas emergentes y proyectos civiles, no componentes diseñados para armamento, y asegura que no están disponibles oficialmente en Rusia. La compañía señala además que existe un amplio mercado internacional de módulos usados y que no puede rastrear sus productos indefinidamente después de venderlos, aunque asegura que actuará si descubre que alguno de sus clientes incumple los controles estadounidenses de exportación.
Hay además una peculiaridad regulatoria: Washington restringe aceleradores de IA extremadamente potentes como los H100 o B200, capaces de entrenar grandes modelos, pero hardware como Jetson, pensado para ejecutar modelos ya entrenados localmente, circula de manera mucho más amplia.
No es la primera vez. El Monochrome tampoco sería el primer sistema ruso en el que Ucrania identifica esta tecnología. El GUR asegura haber encontrado anteriormente módulos Jetson Orin NX en drones autónomos utilizados por Rusia, donde podían participar en la toma de decisiones local y el guiado terminal.
En su última publicación, la inteligencia ucraniana ha identificado además otros 35 componentes electrónicos extranjeros en armamento ruso, entre ellos una cámara china utilizada en un dron Geran-4 y piezas de los sistemas de guiado de los drones Geran-2 y del misil aerobalístico Kinzhal. Para Kiev, el patrón demuestra que Rusia continúa dependiendo de electrónica extranjera para algunas de las capacidades más sofisticadas de su arsenal.
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Una pequeña pieza resume un problema gordo. El caso muestra también cómo está cambiando la naturaleza de las sanciones tecnológicas. Ya no basta con impedir que Rusia compre directamente un determinado chip: componentes producidos en enormes cantidades para robots, coches, cámaras o drones civiles pueden viajar durante años por un mercado global prácticamente imposible de seguir unidad por unidad. Nvidia salió de Rusia antes incluso de que aquel Jetson Orin llegara al mercado y, según la identificación del GUR, el ejemplar recuperado fue fabricado años después.
Sin embargo, terminó dentro de un misil ruso diseñado para encontrar objetivos mediante sensores y computación autónoma. Si se quiere también, Rusia quería darle a una de sus nuevas armas la capacidad de mirar, interpretar y decidir qué atacar, y entre sus restos, Ucrania ha encontrado una parte fundamental de ese cerebro con la firma de Nvidia.
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La noticia
Rusia tiene un nuevo misil capaz de buscar objetivos por su cuenta. Y Ucrania acaba de encontrar al "culpable": Nvidia
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Miguel Jorge
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Rusia tiene un nuevo misil capaz de buscar objetivos por su cuenta. Y Ucrania acaba de encontrar al "culpable": Nvidia
El caso muestra también cómo está cambiando la naturaleza de las sanciones tecnológicas
Entre los restos de una de las armas rusas utilizadas contra Ucrania ha aparecido una pieza especialmente reveladora. Los especialistas de la inteligencia militar ucraniana (GUR) desmontaron un misil de crucero aéreo S-71M Monochrome y encontraron en su interior un módulo Nvidia Jetson Orin, una plataforma concebida precisamente para ejecutar inteligencia artificial y procesamiento de imágenes en dispositivos autónomos. El hallazgo encaja con una de las características más inquietantes atribuidas al nuevo misil ruso.
El cerebro no nació para un misil. Como decíamos, el componente identificado es un Jetson Orin NX, una pequeña computadora que Nvidia comercializa para robots, drones y otras máquinas que necesitan interpretar imágenes sin depender de un centro de datos. Incorpora núcleos específicos para acelerar operaciones de inteligencia artificial y puede procesar localmente lo que recibe de una cámara, reconocer aquello que está viendo y transmitir esa información al sistema de control.
En el Monochrome podría trabajar junto a un sistema electroóptico equipado con una cámara china Honpho, identificando imágenes en tiempo real y ayudando al misil durante su aproximación final al objetivo. El S-71M, según la información disponible, puede ser lanzado desde cazas Su-57 o drones S-70 Okhotnik, alcanzar objetivos situados hasta unos 300 kilómetros y transportar una carga explosiva de aproximadamente 250 kilos.
El problema: Nvidia abandonó Rusia en 2022. Aquí aparece la paradoja. La compañía dejó de operar oficial y directamente en Rusia tras la invasión de Ucrania en 2022, mientras que la familia Jetson Orin NX comenzó a comercializarse posteriormente, en 2023. Más aún: las marcas del componente recuperado por Ucrania apuntan a que el chip habría sido empaquetado en marzo de 2025. Eso significa que, si la identificación ucraniana es correcta, el dispositivo tuvo que llegar a manos rusas mucho después de que Nvidia hubiera abandonado el país.
Cómo lo hizo sigue siendo desconocido, pero el caso vuelve a mostrar uno de los grandes agujeros de los controles tecnológicos occidentales: componentes comerciales pueden atravesar cadenas de distribuidores, intermediarios y mercados de segunda mano hasta acabar en destinos para los que nunca fueron vendidos originalmente.
Un producto comercial en el campo de batalla. Por su parte, Nvidia insiste en que los Jetson Orin son productos comerciales destinados a estudiantes, desarrolladores, empresas emergentes y proyectos civiles, no componentes diseñados para armamento, y asegura que no están disponibles oficialmente en Rusia. La compañía señala además que existe un amplio mercado internacional de módulos usados y que no puede rastrear sus productos indefinidamente después de venderlos, aunque asegura que actuará si descubre que alguno de sus clientes incumple los controles estadounidenses de exportación.
Hay además una peculiaridad regulatoria: Washington restringe aceleradores de IA extremadamente potentes como los H100 o B200, capaces de entrenar grandes modelos, pero hardware como Jetson, pensado para ejecutar modelos ya entrenados localmente, circula de manera mucho más amplia.
No es la primera vez. El Monochrome tampoco sería el primer sistema ruso en el que Ucrania identifica esta tecnología. El GUR asegura haber encontrado anteriormente módulos Jetson Orin NX en drones autónomos utilizados por Rusia, donde podían participar en la toma de decisiones local y el guiado terminal.
En su última publicación, la inteligencia ucraniana ha identificado además otros 35 componentes electrónicos extranjeros en armamento ruso, entre ellos una cámara china utilizada en un dron Geran-4 y piezas de los sistemas de guiado de los drones Geran-2 y del misil aerobalístico Kinzhal. Para Kiev, el patrón demuestra que Rusia continúa dependiendo de electrónica extranjera para algunas de las capacidades más sofisticadas de su arsenal.
Una pequeña pieza resume un problema gordo. El caso muestra también cómo está cambiando la naturaleza de las sanciones tecnológicas. Ya no basta con impedir que Rusia compre directamente un determinado chip: componentes producidos en enormes cantidades para robots, coches, cámaras o drones civiles pueden viajar durante años por un mercado global prácticamente imposible de seguir unidad por unidad. Nvidia salió de Rusia antes incluso de que aquel Jetson Orin llegara al mercado y, según la identificación del GUR, el ejemplar recuperado fue fabricado años después.
Sin embargo, terminó dentro de un misil ruso diseñado para encontrar objetivos mediante sensores y computación autónoma. Si se quiere también, Rusia quería darle a una de sus nuevas armas la capacidad de mirar, interpretar y decidir qué atacar, y entre sus restos, Ucrania ha encontrado una parte fundamental de ese cerebro con la firma de Nvidia.