Domingo, 12 de julio de 2026 Dom 12/07/2026
RSS Contacto
MERCADOS
Cargando datos de mercados...
Internacional

Sôber: “Los chavales se van más tarde de casa. Falta motivación. Estamos creando gente muy cómoda y muy floja"

Sôber: “Los chavales se van más tarde de casa. Falta motivación. Estamos creando gente muy cómoda y muy floja"
Artículo Completo 3,654 palabras
"¿Bad Bunny? Conocemos al dibujo animado. No hemos perdido el tiempo en escucharlo" // "Arde Bogotá usaba una canción de Sôber cuando estaba formando el grupo para elegir a sus miembros". Más información: Ultraligera: "Prohibir las drogas no ha funcionado. La gente las toma, y mal. Te meten mierda y no sabes lo que consumes"

Manu Reyes, Carlos Escobedo y Jorge Escobedo en los estudios Cube. Sara Fernández EL ESPAÑOL

Ocio Sôber: “Los chavales se van más tarde de casa. Falta motivación. Estamos creando gente muy cómoda y muy floja"

"¿Bad Bunny? Conocemos al dibujo animado. No hemos perdido el tiempo en escucharlo" // "Arde Bogotá usaba una canción de Sôber cuando estaba formando el grupo para elegir a sus miembros".

Más información: Ultraligera: "Prohibir las drogas no ha funcionado. La gente las toma, y mal. Te meten mierda y no sabes lo que consumes"

Publicada 12 julio 2026 01:43h Las claves

Las claves Generado con IA

Aprieta el calor. Primera ola del verano, quizá segunda... Qué más da. En Carabanchel, a las dos de la tarde, no se intuyen ni las sombras. Apenas un joven dominicano, pelo a lo afro ycamiseta con el '23' de Jordan a la espalda, se atreve a desafiar las altas temperaturas. Va en monopatín, como sacado de la máquina del tiempo, como si fuera uno de aquellos chavales de los 90 que trasnochaban para formar un grupo de rock, para ver la NBA o para ‘echarse unos kalimotxos’ en el banco de la esquina.

De aquel Carabanchel, el de finales de los 90, no se ha perdido todo, sin duda. Pero el tiempo ha hecho mella. Alrededor de Cube Studios, cuna de Sôber en el barrio madrileño, no queda prácticamente nada que recuerde a aquellos años. Si acaso, algún bar con apariencia de llevar décadas cerrado. Pero nada más. Los locales de ensayo han desaparecido. “Y ya no hay lugares ni donde comer”, lamenta la banda.

Sin embargo, ellos, Sôber, permanecen. Sus estudios, donde han grabado prácticamente todos los discos de su carrera, están intactos. “Nos estrenamos en el 99 y desde entonces se ha convertido en nuestra segunda casa. Aquí grabamos tranquilos. Nos traemos algo para comer y pasamos muchas horas”, cuenta Carlos Escobedo, líder de la banda, voz y bajo.

En realidad, Cube Studios podría convertirse en un lugar de peregrinación para cualquiera de aquellos chavales que en los 90 llevaron a la banda a vender 100.000 copias de Paradÿso o 50.000 de Reddo. O para los que los han descubierto semanas atrás al escuchar ‘Indestructible’, el primer single de su nuevo disco ‘Aanandamia’, previsto para publicarse en octubre.

O, por qué no, para este periódico, que queda con el grupo en sus estudios, a los que se accede a través de un patio interior con ropa tendida. Allí, en el interior de un bajo se levanta el particular altar del grupo. Sus discos de platino, algunos guiños a otros grupos de metal o rock (como Mago de Öz), sus mesas de mezclas o el sofá que hace de ágora para esta conversación.

Carlos Escobedo, voz de Sôber. Sara Fernández EL ESPAÑOL

P.—Empiezan en 1994. ¿Cómo eran entonces? Recordemos ahora que se lleva la nostalgia.

R.—Es verdad que estamos en unos momentos de mucha nostalgia. Y siempre viene bien hasta recordar las cosas negativas, que en nuestro caso salen positivas cuando les das la vuelta. Hemos aprendido mucho de todo eso y por eso estamos aquí.

P.—Cuéntenme alguna de esas cosas malas.

R.—Lo primero es que nos engañaron totalmente con el primer disco. Tuvieron que pedir un adelanto a nuestro nombre y estuvimos pagándolo hasta tres discos después.

P.—¿Perdieron la virginidad musical de golpe con aquello?

R.—Éramos jóvenes, incrédulos y muy vulnerables. A partir de ese momento somos los productores de todos los discos y manejamos los tiempos. Aprendimos a ser autosuficientes para muchas cosas. Colaboramos con compañías, pero el grupo tiene la potestad sobre todo. Ahora se lleva mucho el indie, pues nosotros hemos sido más independientes que nadie.

Guille Galván, guitarrista de Vetusta Morla, debuta en solitario: "El parón tuvo que ver con pasar tiempo con los míos, preparar un duelo y celebrar lo que tenía"

P.—Acaban de publicar ‘Indestructible’, el primer single de su nuevo disco 'Aanandami'a, que saldrá en octubre. Cuando uno lleva tantos años en la música, ¿uno se siente tan indestructible como en la canción o más bien vulnerable?

R.—La canción es una declaración de intenciones en el sentido de que tras pasar por todo esto puedes tocar donde quieres y puedes, y siempre con la misma actitud. Hemos pasado por escenarios pequeños, pero también por otros grandes. Hemos compartido escenario con Metallica en un Rock in Río y al día siguiente hemos tocado en una sala. Y no pasa nada porque venimos de ahí, de empezar por cosas pequeñitas y luego ir creciendo hasta tocar en locales más grandes.

P.—Me imagino este barrio, Carabanchel, hace 30 años, y estoy seguro de que debía haber muchos locales de ensayo. ¿Cuántos quedan aparte de Cube?

R.—Ya no hay sitios ni para comer. Pero sí, la esencia se ha ido perdiendo. Ahora hay otros centros destinados a la profesión. Antes había por aquí locales de ensayo, alguno cercano donde tocaban bandas emblemáticas... Ahora se han hecho edificios, se han puesto locales comerciales y se ha perdido esa magia de lo clandestino; de esconderte y hacer música.

P.—Llegado a este punto. ¿Sois un poco abuelos cebolletas o no? (*Le piden que responda a Manu, el más joven de la banda)

R.—Al final las cosas van cambiando. Pero nos hemos adaptado a los tiempos con las redes y la forma de consumir música. Y hablando de música, con Spotify puedes escuchar grupos que de otra manera no escucharías. Pero, al mismo tiempo, se ha perdido el encanto que tenía ir a la tienda, comprar el disco, abrir el libreto, leer las letras y escucharlo hasta que estuviera completamente rayado. Ahora en la primera escucha ya decides si te gusta, o no. Se ha perdido esa emoción y ese ritual cuando un grupo de música saca algo nuevo.

P.—¿Se han hecho TikTok?

R.—Lo tenemos, pero no lo trabajamos mucho. Sí que somos más activos en Facebook e Instagram. Pero bueno, tenemos un público fiel que espera el disco como agua de mayo. Hace siete años que salió el anterior y hay hambre de Sôber.

De izquierda a derecha: Jorge Escobedo, Carlos Escobedo y Manu Reyes en los estudios Cube. Sara Fernández EL ESPAÑOL

P.—Hablando con José Manuel Casañ, líder de Seguridad Social, me decía que ahora son mejores tiempos para las guitarras después de haber vivido años de reguetón salvaje donde no se escuchaba otra cosa. ¿Su ‘vuelta’ con disco responde a eso?

R.—Nosotros vivimos un momento en los 40 Principales donde empezó a sonar rock a dolor. Dover, Linkin Park, Mago de Öz... Pero llegó un momento en el que el director de la cadena dijo: ‘Ya no quiero más guitarras’. Entonces, el rock desapareció. Ahora están volviendo grupos llamados indies, como Ultraligera o Arde Bogotá, que son grupos de rock. Y sí que está volviendo al mainstream ese tipo de rock, pero el nuestro no se ha ido nunca. Siempre hemos estado ahí haciendo grandes festivales y conciertos.

P.—¿Escuchan Ultraligera y Arde Bogotá?

R.—Sí, los escuchamos. Con Ultraligera hemos tenido sinergias. Ellos se consideran fans nuestros y llegamos a hacer una canción conjunto en el 30 aniversario. Por otro lado, Arde Bogotá directamente usaba una canción de Sôber cuando estaba formando el grupo para elegir a sus miembros.

En cualquier caso, hay que diferenciar lo que está bien hecho y lo que no. Y yo creo que tanto Ultraligera como Arde Bogotá son bandas que tienen mucho que decir. Son unos Sôber atemporales. Seguramente dentro de 30 años sigan aquí.

P.—Se habla ahora de que el rock vuelve a estar de moda. Pero, ¿de verdad lo ha estado alguna vez? No recuerdo, y ya tengo una edad, que nunca fuera masivo en España.

R.—Nunca se ha ido. Tocas en un Viña Rock y tienes a 70.000 personas viéndote. Lo que pasa es que estamos viendo cómo artistas como Metallica, Kiss o Iron Maiden lo están reventando. Y quizás hubo un momento en el que no arrastraron tanto público. Yo creo que el rock está y siempre estará.

P.—¿Qué concepto tienen del reguetón?

R.—Pasapalabra. Hay cosas buenas y malas. No somos consumidores de reguetón, pero podemos valorar cuándo una canción está bien hecha con instrumentos y tiene un trasfondo artístico en el que no diga algo soez. En ese caso podemos llegar a reconocer que una canción puede estar bien hecha.

Lo que no compartimos es que haya sólo eso. Que pongas una emisora de radio y sea sólo eso. Y no digo que Sôber tenga que estar ahí.

Marlon: "Estos años íbamos con compositores a hacer canciones exprés a modo robot. Esta vez hemos hecho todo nosotros"

Y luego el problema que tenemos es que socialmente se le da mayor importancia de la que tiene. Pasan muchas cosas a nivel internacional que no se destacan de igual manera. Sin embargo, viene un Bad Bunny y se habla de él como si fuese el evento del año. Mientras, hay bandas que tocan delante de 50.000 personas todos los días y no se les tiene en cuenta, como unos Maiden. Al final, son los medios y las redes sociales las que les dan dimensión (o no) a las cosas.

P.—Pero lo cierto es que, nos guste o no, Bad Bunny ha llenado 10 días seguidos el Metropolitano.

R.—Hay un montón de artistas que llenan el Movistar Arena y que sólo tienen un éxito y necesitan tocarlo varias veces. Hace años llenar un reciento así tenía mucha repercusión; ahora ya no tanta. Si Michael Jackson siguiera vivo llenaría 10 Metropolitanos multiplicados por 40. Hay gente con buenos números en Spotify que llena, pero no tiene bagaje para hacer dos horas de concierto y estar a tope.

P.—¿Han escuchado alguna vez a Bad Bunny?

R.—Conocemos al conejo de los dibujos animados. No hemos perdido el tiempo. Podemos decirlo en voz alta. Igual que te digo que podemos ser tolerantes con gente que escucha determinada música, hay artistas a los que no vemos por ningún sitio. Están carentes de todo.

P.—Volviendo a su trayectoria. En 2005 se separan. ¿Por qué? Estaban en su momento más alto, quizá.

R.—Por eso. Lo que hicimos fue tomarnos un descanso que necesitábamos. Nos habíamos metido mucha tralla hasta entonces. Habíamos estado seis años sin parar de componer, de girar y de grabar discos. Necesitábamos oxígeno.

Entonces nos dimos cuenta, por ejemplo, de que teníamos que grabar un disco cuando tuviéramos las canciones y no cuando nos marcara una compañía discográfica. Aprendimos a tomarnos las cosas con más calma y a disfrutar del momento. De estar aquí contigo y disfrutar de la entrevista sin necesidad de estar pensando en otras mil cosas.

P.—¿Entonces sí se creían indestructibles?

R.—No tenías los pies en el suelo. Venías de vender muchos discos, 100.000 copias de Pradÿso, y lo veías todo de forma más distorsionada. Es a partir de ese 2025 cuando construimos una segunda etapa con unas bases más establecidas de cara a la longevidad del grupo. Nos encanta esto y querremos estar sobre el escenario hasta el último día.

Manu Reyes, Carlos Escobedo y Jorge Escobedo en los estudios Cube. Sara Fernández EL ESPAÑOL

P.—Vuelven en 2010 tras el fallecimiento de Alberto Madrid, batería de la banda, en un accidente de tráfico. ¿Cómo gestionan ese golpe?

R.—Fue muy duro. Hubo un momento de bajón en lo musical y luego fuimos poco a poco hasta que se incorporó Manu. Entonces vemos que la banda está sólida, que tenemos un discazo como Superbia y arrancamos la gira.

P.—En esos cinco años, alguna vez pensaron: ¿y si nos equivocamos con el parón?

R.—Para nada. Como cualquier maquinaria, hay que darle la oportunidad de revisarla y engrasarla para volver a empezar. Esos cinco años fueron determinantes para poder volver a Sôber, más aún con las experiencias que tuvimos cada uno durante ese tiempo.

P.—¿Uno piensa que lo pueden olvidar los fans?

R.—No pensamos eso porque habíamos dejado un legado. Lo que pasa es que cuando vuelves, tienes que estar muy bien. Es verdad que lo dejamos en un momento álgido, pero precisamente por eso, cuando volvimos todo continuó. Lo que creo es que hay que hacer las cosas de forma sincera. Descansar cuando te apetece y volver cuando te apetece. No hacerlo de forma recaudatoria o lo que sea.

P.—En su regreso sacan Superbia, Letargo, Vulcano y Elegía. Pasan 7 años hasta que han vuelto a anunciar nuevo disco. ¿Por qué tanto tiempo sin pasar por el estudio?

R.—Realmente, porque sólo lo hacemos cuando tenemos las canciones y tenemos ganas de meternos en el estudio. Hablamos con la compañía, le decimos cuándo queremos sacarlo y ya está. Surge cuando tenemos la emoción de hacerlo.

Andrés Suárez, tras su adicción al móvil y la depresión: "No sabía qué día era, no recordaba las letras, me vi sin salir..."

P.—Muchos de sus fans pensarán: ¿de qué han vivido durante estos años?

R.—El grupo ha seguido muy activo. Lo último fue el 30 aniversario y finalizado eso hemos hecho festivales. Sigues trabajando, pero relajas un poco y mientras preparas el disco para hacer una gira de salas.

P.—¿A qué aspiran ahora: a llenar el Movistar Arena, La Riviera o el Metropolitano?

R.—Tenemos unas expectativas bastante fieles a lo que somos. Creemos que hemos sacado un buen disco y que la gente estaba demandando canciones nuevas. Ahora hace falta que conectemos con el público, salir a la carretera y que la gente cante nuestras canciones nuevas. Yo creo que para una banda que lleva más de 30 años es difícil enganchar con un disco nuevo, pero vamos a intentarlo.

P.—¿Se arrepienten de algo en estos años de carrera?

R.—No. El arrepentimiento es aprendizaje. Las cosas a veces pasan para bien.

P.—¿Para qué os han dado estos años económicamente?

R.—El estudio al menos lo tenemos pagado (ríen). No somos grandes tenedores, pero hemos adaptado nuestra realidad a la música. No somos gente con grandes vicios. Nos gusta vivir de esto y hacer rock más underground. Eso es un lujo absoluto.

Jorge Escobedo, durante la entrevista con El Español. Sara Fernández EL ESPAÑOL

P.—¿Os gusta más esta España o la que les vio crecer?

R.—Sin duda en la que crecimos, con diferencia. Los que tenemos hijos, que somos los tres que estamos aquí, si comparamos aquella época con la de nuestros hijos, es diferente a todos los niveles. La sociedad camina de otra manera. Es todo más inmediato. Preferimos aquella época más inocente, con menos información... Éramos felices bajando a la calle. Ahora parece que si no posees, no tienes. Si no te enteras de todo inmediatamente...

P.—¿Qué les preocupa de cara a sus hijos?

R.—Vivimos en la mejor de las sociedades de comodidad y de todo, lo que pasa es que al ser humano no hay que darle todo. Si tienes todo, no lo valoras. Y nosotros arrancamos en nuestra época desde el sacrificio, la disciplina y el trabajo para poder llegar.

Hay grupos jóvenes que llegan aquí a grabar un disco sin haber ensayado. Están aquí a ver si triunfan, pero tú no puedes sacar un disco sin haber tocado en directo. Les falta ese recorrido que nosotros en nuestra época sí teníamos porque habíamos tocado las canciones delante del público antes de grabarlas. Y no al revés.

P.—Pero es verdad que los jóvenes no pueden comprarse un piso. (*A partir de aquí contestan individualmente)

Carlos: Cuando me compré mi primera casa tenía que comer latitas de atún. A ver si me explico. Nosotros basábamos todo nuestros esfuerzo en eso. Ahora si tú le dices a un joven que sacrifique sin salir los fines de semana o ir a los conciertos de Bad Bunny para comprar un piso, igual te dice que no quiere sacrificar todo eso.

P.—Os van a dar por eso.

Carlos.—¿Nos van a dar? Yo tenía un sueldo y me compré una casa porque no hice otra cosa. Estuve cuatro años sin ir al cine, sin salir a cenar y luego ya poco a poco empiezas a crecer... Pero era el objetivo. Ahora también hay una parte de la sociedad que está un poco frustrada porque no llega. Y si no llega, pues al menos piensa en disfrutar. El rollo de vivir y disfrutar más la vida. Desde la pandemia están todos los restaurantes y conciertos llenos.

Jorge.—Ahora hay más necesidad de inmediatez. Esa necesidad de estudiar y ser el ingeniero número uno. Antes había un bagaje. Estudiabas y si tenías que estar cuatro años de aprendiz haciendo algo, pues lo hacías. Tenías una motivación.

La Mari de Chambao: "Me dejé caer. Llamé a mis padres y les dije que todo iba mal, que estaba todo el rato mintiendo"

Nosotros nos hemos comprado un piso a base de sacrificio, sin pedir nada a nuestros padres. Ahora hay una comodidad absoluta. Los chavales se van cada día más tarde de casa. Les falta motivación. Estamos creando gente muy cómoda y muy floja. Es lo que pensamos. Tenemos hijos y viven entre algodones. Y la realidad fuera es mucho más dura.

Carlos.—Mi hija acaba de hacer la carrera de Farmacia y está haciendo las prácticas y tiene que echar ocho horas y llega a casa y dice: ostras, ocho horas, ir para allá... Y le digo: bienvenida al mundo laboral. Ella está intentando acomodarse a lo que viene y se da cuenta de que la vida es otra cosa. Nosotros aprendimos eso antes de los 23. Yo empecé a trabajar con 15 años y tenía un jefe que te decía cuatro P**** cosas y trabajabas 12 horas. Aprendimos antes. Ellos van más tarde.

Jorge.—Pasa también con la música. Antes tú llegabas a un sitio donde tocabas para tres personas y hacías el mismo concierto que para 3.000. Yo he sido productor musical y representante de algunas bandas y les he mandado al primer concierto y se han vuelto deprimidos porque sólo había 40 personas. Y entonces se separan. Se acabó. Si no son Metallica el primer día, la frustración es tan grande que abandonan. Pierden la ilusión por la música.

Para nosotros todo era un reto. Llevamos 35 años y ahora las bandas no duran nada.

Jorge, Carlos y Manu, durante la entrevista con este periódico. Sara Fernández EL E

Manu.—Yo lo hablo con mis alumnos. Y me dicen: terminas de currar el viernes, te tienes que coger la furgo el sábado y cargarla. Y dices, ya, es que hay que pasar por eso. Yo en la época de Savia me levantaba a las 6 de la mañana, cogía el coche, venía a Madrid, ensayaba, comía y me volvía a Córdoba. Ya cuando había más relación, me quedaba. Y la gente piensa: ‘Tú estabas loco’. Pero es que cuando uno quiere algo tiene que luchar por eso.

Jorge.—Mira cuánta gente hay en un local de ensayo a las 10 de la noche. Nosotros nos levantábamos a las 6 para trabajar y luego nos íbamos a ensayar. De la pandemia para acá las cosas caminan a un ritmo diferente. A mí me da vértigo. Las cosas están complicadas. Vivimos en una sociedad moderna, avanzamos, pero cuando hablamos de sueldo y de trabajo siempre ha sido así. Nosotros no éramos millonarios.

Yo tengo una tienda de instrumentos y las cosas cuestan menos que antes. No todo es la vivienda. Y luego nos han enseñado a tener una vivienda, pero tampoco se planteaba antiguamente tenerla. Muchos de nosotros tuvimos que ir a pisos compartidos a vivir 4 personas para pagar un alquiler de 90.000 pesetas, pero había una motivación.

P.—Me ha quedado claro. Ya lo último. ¿Qué le piden a la vida y la música?

R.—Estamos en un sitio privilegiado y podemos vivir de la música. Le pedimos seguir ilusionándonos con un disco nuevo y con otros conciertos. Muchas veces nos dicen: ¿cómo habéis conseguido esa motivación tras tantos años? Porque la motivación no es el objetivo, sino el camino. Tomamos cada concierto y cada cosa que hagamos como algo especial.

  1. Discos música
  2. Rock
  3. Sober
  4. Conciertos

NEWSLETTER - ESPAÑA

Recibe de lunes a viernes las noticias más relevantes de la política nacional Apuntarme De conformidad con el RGPD y la LOPDGDD, EL LEÓN DE EL ESPAÑOL PUBLICACIONES, S.A. tratará los datos facilitados con la finalidad de remitirle noticias de actualidad.
    Fuente original: Leer en El Español
    Compartir