El presidente del PP, Alberto Núñez Feijoó, durante su rueda de prensa junto al presidente de la Ciudad Autónoma de Ceuta, Juan Jesús Vivas. EFE
Editorial EL RUGIDO DE EL ESPAÑOL Sí, España tiene un plan para defender Ceuta, pero lo tiene Feijóo Publicada 20 agosto 2026 02:55hEspaña tiene un plan para defender Ceuta. Existe, está escrito y ha sido expuesto frente a la prensa de una forma clara, recta y comprensible.
El problema es que no lo tiene el Gobierno de Pedro Sánchez. Lo tiene Alberto Núñez Feijóo.
Más de dos semanas después de que decenas de miles de asaltantes entraran por la fuerza en Ceuta desde Marruecos, la ciudad sigue muy lejos de la normalidad. Los servicios públicos han colapsado, la delincuencia se ha disparado, las enfermedades se han multiplicado, las agresiones sexuales son diarias y los ceutíes viven encerrados en sus casas.
Muchos de ellos han prohibido a sus hijos salir a la calle por miedo a que sean atacados, cuando no los han enviado a la península, lejos del caos.
La sensación de abandono se ha extendido entre muchos ceutíes.
Esto no es crisis migratoria, como pretende el Gobierno. Es una violación de la integridad territorial de España, una ocupación de hecho de una ciudad española en pleno siglo XXI. Un acto de guerra híbrida que debería haber sido respondido como tal.
Y, sin embargo, la respuesta del presidente del Gobierno ha sido un desfile de ministros "de jornada", a cual más desganado, y un presidente de vacaciones.
Pedro Sánchez visitó Ceuta el 31 de julio, pronunció unas palabras de condena y se marchó de vacaciones a La Mareta. Desde entonces, su actividad pública se ha limitado a dos videoconferencias destinadas, no a solucionar la crisis, sino a las redes sociales.
Mientras tanto, Sánchez ha dejado la presunta "gestión" en manos de sus ministros y ha eludido ofrecer a los españoles un discurso presidencial claro sobre lo que está en juego en Ceuta. Tampoco ha asumido el mando único ni ha declarado la emergencia nacional.
No ha explicado asimismo qué relación tiene su Gobierno con Marruecos después de lo ocurrido, más allá de los habituales ditirambos sobre la magnífica ayuda que supuestamente nos habría prestado Rabat.
Ha tratado un ataque a la soberanía nacional, en resumen, como si fuera un asunto menor de verano. Algo que puede ser gestionado por subalternos, a distancia y con insultos a los ceutíes, a su presidente, a la UE en general y a Italia y Dinamarca en particular. Por supuesto, también contra el PP.
Frente a esa ausencia, Alberto Núñez Feijóo ha ocupado el espacio que ha dejado vacante el presidente del Gobierno. Ha viajado dos veces a Ceuta. Ha comparecido junto a Juan Jesús Vivas. Ha hablado sin eufemismos. Ha llamado a las cosas por su nombre: invasión, ocupación, abandono.
Y, sobre todo, ha presentado un plan. Un plan de siete puntos que no son eslóganes, sino medidas de gobierno.
Primero, un mando único inmediato. Alguien tiene que mandar de verdad en Ceuta y ese alguien debe ser el Estado.
Segundo, el regreso voluntario o la expulsión de todos los que entraron ilegalmente. De todos. También los menores. Porque la ley de protección del menor no está pensada para amparar una entrada masiva irregular que atenta contra la soberanía nacional. El interés superior del menor no consiste en recompensar una invasión, sino en devolverlo con su familia o a los servicios de protección de su país.
Tercero, una relación con Marruecos basada en el respeto y la reciprocidad. España no busca enemigos, pero tampoco puede admitir amenazas ni chantajes. La españolidad de Ceuta y Melilla no es negociable.
Cuarto, el uso de todos los medios disponibles (legales, policiales, militares e internacionales) para defender la frontera.
Quinto, la garantía real de inviolabilidad fronteriza mediante infraestructuras, personal, tecnología y reformas legales.
Sexto, el reconocimiento europeo de Ceuta y Melilla como parte integrante de la frontera sur de la Unión.
Y séptimo, un plan de reactivación económica que permita a la ciudad recuperar la normalidad y la dignidad.
Este plan responde a una idea muy clara: Ceuta no es un problema humanitario ni un territorio de segunda. Es España. Su defensa no es opcional. Y esa defensa exige firmeza, no debilidad disfrazada de pragmatismo.
Lo ocurrido en Ceuta expone, una vez más, la inexistencia de política exterior y migratoria en España. Durante años se ha practicado una diplomacia opaca, cuando no cómplice, con Marruecos. Diplomacia que ha convertido la seguridad de nuestras ciudades autónomas en una variable dependiente de los intereses de Rabat, siempre contrarios a los de España y los españoles.
El resultado está a la vista. Cuando la frontera se convierte en una "frontera de plástico" delimitada por boyas defectuosas, cualquier crisis puede convertirse en una humillación nacional.
España no puede seguir tolerando que su integridad territorial sea subastada cuando lo desea un vecino hostil.
Feijóo ha hecho lo que se espera de quien aspira a gobernar: diagnosticar la enfermedad, proponer un tratamiento sin complejos y situar el interés nacional por encima del cálculo partidista y personal.
El Gobierno, de forma previsible, ha dicho que esto es sólo oposición al Gobierno. Se equivoca. Es algo más grave.
Es la evidencia de que, frente a una amenaza a la soberanía española, quien tiene un plan no está en el Gobierno, a pesar de haber ganado las elecciones, y quien está en el Gobierno, a pesar de haberlas perdido, no tiene ningún plan más allá de aprovechar hasta el último minuto de sus vacaciones en un palacete muy alejado de la delincuencia, la violencia sexual, las enfermedades y la suciedad que viven los ceutíes en su día a día.
España necesita recuperar el control de su frontera sur. Necesita una política migratoria que distinga entre quienes piden asilo llamando a la puerta y quienes derriban esa puerta a patadas. Necesita una relación con Marruecos basada en el respeto, no en la dependencia ni el chantaje.
Y necesita, sobre todo, un presidente que esté donde debe estar cuando una ciudad española es atacada.