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Sólo dos médicos voluntarios para 10.000 migrantes en Ceuta: "Estamos cerca de una verdadera crisis de salud pública"

Sólo dos médicos voluntarios para 10.000 migrantes en Ceuta: "Estamos cerca de una verdadera crisis de salud pública"
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El cardiólogo Fran García Lanzas, uno de los dos voluntarios aparte de los equipos de Cruz Roja, explica a EL MUNDO las estrecheces del despliegue: "Gracias a que cada día mandábamos cinco infecciosos al hospital el sistema no ha colapsado" Leer

Aunque admite que Ceuta «está cerca» de sufrir «un verdadero problema de salud pública» por el impacto de los 10.000 migrantes que por ella campan sin comida ni higiene desde hace ya tres semanas, el cardiólogo Fran García Lanzas admite que esta crisis «está muy lejos de ser lo más duro» que ha visto en sus «22 ó 23 años» de cooperación médica, viajando por todo el mundo, «16 veces por África», explica, y agrega: «Hace cuatro meses llegué de Guinea Bissau y ahora me voy a Liberia».

Por ejemplo, García Lanzas, jienense de 44 años, cuenta que llegó a Haití «al tercer día del terremoto [de 2010], con un panorama dantesco: en los 30 primeros segundos de terremoto habían muerto 200.000 personas, y en los meses siguientes otras 100.000». Eso, comparado con lo que se vive estos días en Ceuta, «es algo muy diferente», dice.

«Pero la realidad es que en esos sitios no he sufrido ni la mitad de carga psicológica que estos días, esto me está afectando psicológicamente mucho más. Aunque vayas al otro lado del mundo y tengas empatía con la gente, el problema es que aquí es tu casa la que está en riesgo, es tu gente la que se siente acosada. Desde tu casa oyes a gente sufrir, escuchas las peleas, gente que se muere al lado, en el mar... Y aquí, en Ceuta, todo el mundo lo está sufriendo: los niños, los abuelos, los desempleados, las madres, los padres... El desgaste es enorme y es difícil explicarlo. Gente durmiendo por todos los lados de la ciudad... Ceuta está derrotada, con el ánimo muy bajo. Esto, emocionalmente, te destroza».

Y también, probablemente, ser uno de los dos únicos médicos voluntarios que han atendido a los migrantes cada uno de los 21 días de estas tres semanas, además del pequeño contingente de Cruz Roja: «He ido todos los días a [la playa del] Trampolín, he cogido la moto y me he ido al Tarajal, al Príncipe... Allá donde ibas, salía la gente a pedir ayuda. Si no iba nadie, como a muchos sitios, a los que no ha ido nadie por falta de medios, pues nadie recibe ayuda». Recordemos que los bosques y colinas alrededor de Ceuta están repletos de migrantes emboscados como maquis de la Guerra Civil. «Algunos compañeros han ayudado unos días aquí y otros allá, y muchos han doblado turnos en el hospital y los centros de salud, el esfuerzo ha sido muy grande».

¿Qué diagnósticos han sido los más habituales? «Lo esperable. Al principio cortes y golpes. A los cuatro días ya empezaron las infecciones respiratorias, gastrointestinales, de la piel, dermatosis. Y luego aparecieron, al ir descompensándose con el paso del tiempo, las patologías crónicas: epilepsia, diabetes, hipertensión, trastornos psiquiátricos. Casi no podíamos con las agudas, imagínate con las crónicas, pero ha sido muy importante sacar cada día entre tres y cinco casos de infecciones severas y mandarlos al hospital. Gracias a eso no se ha colapsado el sistema».

Cada día, en Trampolín, García Lanzas, el otro médico voluntario y los de Cruz Roja han atendido a «entre 400 y 500 pacientes», explica. Aparte de los casos de sarna, García Lanzas dice no haber visto «ningún virus exótico ni nada diferente de lo esperable. Lo que más ha habido, lógicamente, son infecciones gastrointestinales, por motivos obvios: la falta de agua potable y el hacinamiento de las naves de Tarajal y de Trampolín, donde había 3.000-4.000 personas fijas y la misma cantidad flotante».

Cruz Roja ha sufrido bajas de socios por ayudar a migrantes en esta crisis: «La política está envenenada», arranca, «su trabajo está siendo esencial, pero no sólo por dar comida y asistencia médica, sino por el sostenimiento emocional de toda esta gente, a la que Cruz Roja ha contribuido mucho. Todo esto no se ha ido a tomar viento gracias sobre todo a ellos», dice. «Médicos del Mundo está haciendo ahora una labor muy buena, pero vino hace tres días», agrega.

¿Y cómo ve las reacciones ciudadanas a la crisis alguien con tanta experiencia en cooperación? «Mira, los seres humanos, todos, tenemos empatía y solidaridad, pero también un umbral. Y si ves tu integridad acosada, uno se protege, se supera ese umbral y aparece el odio. Todos lo hemos sentido estos días, todos, y es normal. Y no es que hayamos perdido la posibilidad de irnos a la playa a tomar una cerveza, y que hayamos perdido nuestro veranito. Al más empático esto le ha sobrepasado: hasta aquí llegamos. Es humano».

Este viernes será el primer día en que García Lanzas descanse desde el salto del 30 de julio: «No puedo más», admite. Se lleva en la retina, como tantas veces ha vivido en África -«donde viví cinco años», explica-, la «bonhomía» de los subsaharianos: «Es por lo que sigo yendo allí, tienen otros valores.Son generosos, cuidan de la familia, de los mayores... Y saben vivir.Por algo se dice que nosotros tenemos el reloj, pero ellos tienen el tiempo».

Fuente original: Leer en El Mundo - España
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