Tenía claro el mensaje que quería lanzar. Las ideas a trasladar. Pero hubo un fallo momentáneo con el teleprónter. Mejor asegurar. Aunque los papeles ya estaban preparados en el atril. En una situación poco habitual, Pedro Sánchez fue quien compareció tras la reunión del Consejo de Ministros. El contexto tampoco es normal. Apenas 24 horas antes, a unos metros de distancia de esa sala de prensa había decretado el adelanto electoral al 29 de noviembre. Entonces y ahora, traje institucional pero puesta en escena de precampaña. Mensajes y hasta tono ya mitinero. El presidente del Gobierno se escuda en la necesidad de medidas en materia de vivienda para pedir ya el voto. No hay tiempo que perder. Las encuestas muestran una derecha hipermovilizada.
"No vamos a permitir que haya ningún desahucio más como el que sufrió Maricarmen o como los que hemos visto después de que cayeran los Reales Decretos de vivienda el pasado viernes. Ni durante lo que resta de legislatura ni esperemos durante la siguiente si los ciudadanos y ciudadanas nos dan una mayoría más rotunda en favor de intervenir un mercado que claramente no funciona", fue uno de los mensajes que lanzó Sánchez.
La idea fuerza es que la mayoría que hay en el Congreso, donde se ha constatado que La Moncloa no tiene suficientes apoyos, se desempeña en contra de los intereses de la ciudadanía y que por eso es preciso cambiarla. "Tengo la convicción de que si la mayoría del Parlamento, como sucedió el pasado viernes, da la espalda a la ciudadanía en uno de los asuntos que más preocupa a la ciudadanía, como es el acceso a la vivienda, entonces la ciudadanía debe elegir un nuevo Parlamento".
La estrategia de Sánchez pasa por situar los comicios en una disyuntiva perenne. Ellos o nosotros. "Retrocesos o derechos"; "democracia u ola ultraderechista"; "interés general o interés de los que creen tener derecho a gobernar sin presentarse a las elecciones"... Traza la línea y marca posición, instando al votante que elija: "Cuando el Congreso da la espalda a lo que se vive en la calle y a cuál es el sentir y el principal demanda de los ciudadanos, el Gobierno no va a mirar para otro lado"; "el Gobierno va a continuar gobernando, dando respuesta a los problemas de la gente".
El jefe del Ejecutivo no ocuta la "indignación" que le causó que Junts decidiera finalmente tumbar el paquete de medidas que aprobó el Consejo de Ministros hace una semana. Habían negociado con la formación de Carles Puigdemont durante semanas, meses, e, incluso, la última medida que se introdujo en el decreto fue una propuesta enviada por correo electrónico por los independentistas minutos antes de la reunión del gabinete. Desde entonces, ya de manera oficial y pública, Junts pasa a engrosar el pack con el PP y Vox. Fuera cuidados y atenciones. En la sala de prensa hubo risas de los miembros del Ejecutivo cuando una prueba habló de Junts como "socio".
"Tienen una mirada, una forma de trabajar y de entender el funcionamiento del mercado de la vivienda con la que tenemos una discrepancia importante, importante, que trasciende lo ideológico y que evidentemente se manifestó con su voto en contra, aun habiendo hecho un esfuerzo importantísimo por parte de la ministra de Vivienda y por parte de todo el gobierno de llegar a acuerdos", fue la respuesta de Sánchez sobre el partido que permitió su investidura a cambio, entre otras cuestiones, de una ley de amnistía, y que ha provocado el adelanto electoral con su rechazo a las medidas en materia de vivienda.
Tras el rechazo de los dos decretos de vivienda, La Moncloa ha decidido volver a aprobar los dos textos, en esta ocasión con ligeras modificiones -en el paquete más amplio se concreta la movilización de 10.000 millones en préstamos de hasta 50.000 euros a interés cero para la adquisición de la primera vivienda; y en el de la renovación automática del alquiler, que no entrará en vigor hasta su convalidación, y no su publicación en el BOE como suele ocurrir- para que sean sometidos a la Diputación Permanente del Congreso, el órgano rector de la Cámara cuando las Cortes están disueltas. Ahí tienen mayoría el PSOE y sus socios, 35 votos, frente a los 34 de PP, Vox y el partido de Carles Puigdemont.