- JAVIER AYUSO
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Pedro Sánchez afirmó la semana pasada en una de las entrevistas que ha ido concediendo que pensaba contar con José Luis Rodríguez Zapatero en las próximas campañas electorales.
No sé qué pensarán los candidatos socialistas a las generales, autonómicas y municipales sobre compartir el estrado en sus mítines con el expresidente imputado por varios delitos de corrupción. Una investigación que avanza poco a poco y que sigue aportando indicios inculpatorios, mientras faltan las explicaciones sobre el origen de las joyas que la policía halló en la caja fuerte de su despacho y que han sido tasadas en 1,3 millones de euros.
A veces pienso que el presidente ha perdido la cabeza. Hace cosas que ningún político haría, como irse de vacaciones en plena crisis en Ceuta o seguir difundiendo vídeos en Tik Tok, con consejos musicales o literarios, con ese tonito condescendiente que le caracteriza. ¿No se da cuenta de que está cavando su propia tumba política? La única explicación razonable es que, en su desesperación, haya optado por lanzar ideas peregrinas o hacer actuaciones que hagan olvidar los escándalos que le rodean; maniobras de distracción. O, sencillamente, que todo le importa un pito y quiere demostrar que él hará lo que quiera hasta el final.
¿Qué sentido tiene convocar a Zapatero a las próximas campañas electorales? Si Sánchez quiere mostrarle su apoyo y defender su inocencia, hay otras formas de hacerlo. Pero convocarle a compartir escenario en los mítines durante los próximos meses es la peor idea que se le podía haber ocurrido. Ya puesto, puede invitar también a José Luis Ábalos y a Santos Cerdán, sus dos hombres de confianza, con los que anduvo la larga marcha para recuperar la secretaría general del PSOE y que luego cayeron en la corrupción. O a su hermano David o al fiscal general del Estado, condenados; o incluso a su mujer, Begoña Gómez, que para esas fechas podría estar procesada por dos delitos.
Solo un líder derrotado es capaz de hacer lo que hace el presidente día tras día. Lo último, el escándalo de la encuesta de intención de voto del CIS de José Félix Tezanos, que ayer seguía augurando una amplia victoria del PSOE si se celebraran hoy elecciones generales: un 31%, frente al 25,5% del partido de Alberto Núñez Feijóo. Es tal la cara dura de Tezanos que truca el recuerdo de voto en los comicios de 2023 y cocina los resultados sin pudor. Además, no incluye entre las preguntas la valoración de la gestión de la crisis en Ceuta; no lo debe considerar importante. Este es el país que nos está dejando Pedro Sánchez, que coloniza o destruye las instituciones del Estado con el único objetivo de seguir en el poder.
Mientras el presidente y sus ministros siguen corriendo como pollos sin cabeza para justificar sus errores frente al "ataque a la integridad nacional" (perdón, "crisis migratoria") en Ceuta y su ineficacia para devolver la normalidad a la ciudad autónoma, la Justicia le sigue atestando golpes muy duros, contra los que ya no vale la descalificación sistemática de los jueces y magistrados. Poco a poco, se van desenmascarando las trampas de este Gobierno para negar la evidencia sobre la participación de Marruecos en la invasión y sobre la existencia de avisos suficientes como para haberlo evitado.
También avanzan las investigaciones sobre los casos de corrupción del expresidente Zapatero. Además de su participación y del cobro de comisiones por el rescate a la compañía aérea venezolana Plus Ultra, pesan sobre el líder socialista otras acusaciones de cobros indebidos recibidos por él o por sus hijas por presunto tráfico de influencias, e incluso el "lavado" de dinero proveniente de contratos opacos. Eso, sin contar las acusaciones de delito fiscal y contrabando por el alijo de joyas que escondía en una caja fuerte de su despacho oficial frente a la sede del PSOE.
José Luis Rodríguez Zapatero lleva varios meses escondido, sin cumplir la promesa que le hizo al juez de explicar de dónde provenían las citadas joyas. Primero dijo que era una herencia familiar sin mucho valor y luego que eran un "regalo personal de cortesía". Pidió diez días para encontrar la justificación documental de esos rubíes, diamantes y esmeraldas, y sigue sin presentarla.
Ante el cariz que estaba tomando el caso, el expresidente decidió hace varios meses cambiar de abogado y ponerse en manos de un experto en Derecho Procesal, el catedrático Víctor Moreno Catena. Ante la dificultad de defender su inocencia, el jurista optó desde el primer momento por buscar la nulidad general de los casos que pesan contra él. Frente a la negativa del magistrado José Luis Calama, que desestimó un recurso presentado antes del verano para anular las pruebas obtenidas, el abogado presentó ayer un nuevo escrito en el que pide que se aclare cómo Estados Unidos gestionó el volcado de los datos del teléfono de un ciudadano venezolano y que han sido claves para avanzar en la investigación.
Es muy difícil que Zapatero consiga la nulidad del procedimiento y todo apunta a que la investigación se vaya acelerando tras las nuevas declaraciones y las peticiones de documentación. Por eso, es cuanto menos ridículo pensar que el expresidente pueda aportar algo en las próximas campañas electorales, como le ha pedido Sánchez. ¿Cómo va a presentar las propuestas de su partido y pedir el voto alguien que por esas fechas seguirá imputado por varios casos de corrupción? El anuncio no es más que una nueva maniobra de distracción de un presidente acabado.
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