Mohamed VI junto a Pedro Sánchez. EFE
Editorial EL RUGIDO DE EL ESPAÑOL Sánchez no tendrá amo, pero Mohamed VI actúa como si lo fuera Publicada 11 septiembre 2026 02:38h SíguenosPedro Sánchez dijo el miércoles en el Congreso de los Diputados que él será "un perro", pero que no tiene "amo".
Veinticuatro horas después, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Marruecos ha publicado un comunicado que parece escrito para ahorrarle el trabajo.
Marruecos niega, con todas las pruebas en contrario, que exista "ningún dato, hecho o informe" que acredite implicación marroquí en la invasión de Ceuta.
Acusa a los "partidos históricos" españoles de haber caído en un "lodazal" populista.
Advierte de "tensiones recurrentes" si España incurre en "ceguera estratégica".
Y pregunta por qué Madrid no le devuelve ya a los irregulares y a los menores, sabiendo que no puede hacerlo porque la legislación se lo impide.
Eso no es un comunicado de rutina. Es Rabat, que es lo mismo que decir Mohamed VI, interviniendo de forma activa en una crisis política española provocada por Marruecos, regañando a unos, premiando a otros y diciendo quién puede hablar y quién debe callar.
Pero la realidad sigue ahí. El 30 y el 31 de julio, más de 70.000 ilegales invadieron Ceuta. El presidente lo calificó como una "violación de la integridad territorial".
Luego se fue de vacaciones y se dedicó, durante cuarenta días, a exculpar a Rabat. Lo hizo mientras en Interior, Defensa e Inteligencia constaba otra cosa.
Porque el 29 de julio, el CNI advirtió de llamamientos en redes (en grupos con hasta 180.000 seguidores) para un asalto "por valla y mar" aprovechando la Fiesta del Trono. El aviso llegó a la Delegación del Gobierno en Ceuta y a la inteligencia marroquí.
El día 30, con la avalancha en marcha, el CIFAS escribió que las autoridades marroquíes habían actuado de forma "negligente y pasiva".
La Jefatura de Información de la Guardia Civil trabajó con la hipótesis principal de la "connivencia" de esas mismas autoridades, tras un giro inexplicable: por la mañana todavía interceptaban nadadores; a lo largo del día dejaron de hacerlo.
Un informe policial posterior sostiene que gendarmes marroquíes pastorearon la invasión para darle apariencia migratoria y con la finalidad de forzar la frontera española y europea.
Eso son datos, hechos e informes. Precisamente lo que el comunicado de Marruecos declara inexistente.
La desclasificación de esta semana no limpia al Gobierno: lo retrata. Moncloa sostiene ahora que los avisos no fueron "formales", que un WhatsApp del CNI era "ambiguo" y que todo se quedó en un "ligero pico".
Una invasión a través de la frontera más sensible de España (y de Europa) no puede ventilarse con la excusa de la falta de un membrete. Si había alerta, y si el propio día D los mandos españoles veían pasividad marroquí, la pregunta ya no es administrativa, es política: ¿por qué el presidente ha puesto más empeño en proteger a Rabat que en proteger Ceuta?
El comunicado de este jueves responde a esa pregunta, a su manera. Marruecos no discute el contenido de los papeles españoles. Los borra de un plumazo y desplaza la culpa al interior de España. No es casual que cargue contra la oposición y no contra el Ejecutivo que lleva un mes diciendo lo mismo que Rabat: que no hay implicación.
Tampoco es casual que el comunicado aparezca el mismo día en que el Congreso aprueba la nacionalidad para saharauis nacidos bajo administración española. En un solo texto, Rabat niega la frontera, deslegitima a quien use los documentos contra el Majzén y recuerda que la vecindad puede convertirse, si no se acepta su marco mental, en "desconfianza crónica".
Hay quien verá en esa nota una cortesía hacia Sánchez. Es más tosco y más grave: una coincidencia de interés convertida en tutela política.
Al Gobierno español le convenía que Marruecos no fuera el acusado. A Marruecos le convenía que el acusado fuera el PP. El resultado es un Ejecutivo que se presenta como soberano y un reino vecino que le dicta el relato. Sánchez puede repetir una y mil veces que no acepta chantajes de ningún país.
El comunicado demuestra que sí lo hace.
De todo esto hay antecedentes. En 2021, Rabat ya usó Ceuta como palanca tras la acogida de Brahim Ghali en España. En 2022, Sánchez alteró la posición histórica española sobre el Sáhara y reconoció el plan de autonomía marroquí como la base "más seria, realista y creíble".
A cambio, se vendió una nueva etapa de cooperación.
En la letra pequeña no figuró el reconocimiento marroquí de la soberanía sobre Ceuta y Melilla. Pero Mohamed VI no ha renunciado a reclamarlas. Quien cede el relato del Sáhara y luego cede el relato de una avalancha de 70.000 personas no ha firmado la entrega de una ciudad. Ha enseñado que, llegado el conflicto, prioriza la relación con Rabat a la defensa de su soberanía nacional y de sus propios ciudadanos.
Y eso es lo que explota el cínico comunicado de Rabat. Marruecos se niega a ser "chivo expiatorio" y, al mismo tiempo, exige que España reciba como verdad oficial la versión del Majzén. Invierte la carga: el problema no sería la pasividad de sus gendarmes, sino la "ceguera estratégica" de quienes se atreven a leer los informes.
Un Estado que amenaza con tensiones recurrentes mientras niega lo que escribieron el CIFAS y la Guardia Civil no está dialogando. Está marcando territorio. Está amenazando.
Sánchez puede insistir en que no tiene amo. Quien actúa como si lo fuera no necesita que el presidente lo reconozca. Le basta con que, cuando salen los informes, sea Marruecos quien decida qué se puede decir de Ceuta y qué no. Si luego Sánchez obedece y se ajusta al relato de Rabat, ¿qué más pruebas son necesarias para demostrar que Sánchez sí tiene amo y que no son precisamente los españoles?
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